jueves, 20 de diciembre de 2007

Asistencialismo v.s. políticas públicas

Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
Master en Comunicación Política y Marketing Electoral

No regales un pez, enseña a pescar

La misión o razón de ser de todo gobierno es la de resolver o prevenir problemas trascendentales y urgentes de la sociedad como la pobreza, el desempleo, la marginación a los servicios y la inseguridad, entre otros.

Para lograrlo es necesaria la implementación de políticas públicas. Es por ello que las preguntas centrales en torno a éstas son: ¿Qué producen quienes nos gobiernan? ¿Para lograr qué resultados? ¿A través de qué medios? El gobierno tiene la obligación de dar solución a problemas que surjan en la sociedad mediante la implementación de políticas públicas, y si opta por no dar solución a problemas reales, entonces no está cumpliendo con su función primordial.

Aunque ambas son acciones de gobierno, existen enormes diferencias entre una política pública y una ocurrencia gubernamental que puede tener o no fines clientelares. La política pública conlleva una metodología. La ocurrencia no. Carlos Ruiz Sánchez en su Manual para la elaboración de políticas públicas estipula seis pasos: 1. Identificar los problemas, 2. Percibir la problemática actual o futura, 3. Seleccionar soluciones, 4. Establecer metas, 5. Seleccionar los medios, y 6. Implementarla.

En las políticas públicas la solución de los problemas debe tener diversas caras; por tanto, se deben considerar la mayor parte de las opciones para descartar y/o para seleccionar las más viables. La ocurrencia no requiere de este ejercicio y si es clientelar el único impacto deseado es conseguir adhesiones electorales.

En la elaboración de las políticas públicas intervienen tanto instituciones como individuos. Las instituciones vienen a ser las reglas del juego en una sociedad. Las organizaciones son los jugadores, los participantes que dan vida a las instituciones. En la ocurrencia basta la decisión unilateral del gobernante en turno.

La política pública requiere de una proyección de resultados de beneficio social. La ocurrencia ni lo toma en cuenta y si es clientelista sólo busca votos por compromiso. ¿A cuánta gente beneficiará una acción de gobierno? ¿A toda una sociedad o sólo a un grupo? ¿Realmente conlleva la solución de un problema, acrecienta otro que ya existe y simplemente no resuelve nada? ¿Es una inversión o es un gasto de dinero? Las políticas públicas buscan el máximo beneficio con el menor costo.

En la implementación de las políticas públicas en ocasiones se tiene que hacer uso de mecanismos de negociación para obtener el mejor resultado. Un ejemplo fue la implementación del uso del casco protector. En la ocurrencia basta la imposición.

Para la puesta en marcha de las políticas públicas se requiere construir un entorno con un ambiente social y político que genere los más amplios márgenes de credibilidad y confianza en las instituciones del Estado. En la ocurrencia no.

El establecimiento de un tren bala ¿Es una política pública o una ocurrencia? ¿Viene a resolver un problema real y trascendental de Yucatán? ¿Acaso es una demanda urgente e importante de los yucatecos? ¿Se justificaría tanto gasto? ¿No hay otros problemas reales que deben ser atendidos urgentemente?

La entrega de zapatos a niños escolares, así como de chamarras y despensas ¿Son políticas públicas, son ocurrencias o son acciones deliberadas con fines clientelares? ¿Acaso resuelven el problema de fondo que es la pobreza? ¿Se justifica el gasto de dinero público en estas condiciones? ¿Habrá la misma cantidad de pobres al término del quinquenio o estos programas ayudarán a disminuirla? ¿Cuál es la proyección de beneficio social? ¿Qué otras alternativas se tomaron en cuenta? Todos estos programas son evidentemente asistencialistas con fines clientelares. Son la otra cara de la moneda.

El asistencialismo consiste en la labor gubernamental o privada de proveer servicios a precios muy reducidos o gratuitamente. Entre los operadores modernos de la cooperación internacional, el asistencialismo es considerado poco conveniente, ya que sólo representa un simple paliativo que no viene a solucionar los problemas sociales de los individuos o grupos más necesitados de la sociedad. Es contrario al adagio atribuido a Gandhi: No regales un pez, enseña a pescar. Entonces ¿dónde queda el ofrecimiento? “Mi apoyo a los más humildes no será ni de subsidios ni de derroches, mucho menos de clientelismo o dependencia política”

Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
(*) Master en comunicación política y marketing electoral

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