Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
Master en Comunicación Política y Marketing Electoral
Una “mayoría ciudadana” muy relativa
Yucatán está cayendo en una situación grave de ingobernabilidad. Es muy poco tiempo el que ha transcurrido para tantos conflictos ¿que no son de esta generación? ¿De cuál entonces? La polarización es evidente. Y todo parece indicar que en vez de poner un alto a esta situación se profundizará más y más.
Debemos esforzarnos por entender la realidad que nos toca vivir. La “nueva mayoría ciudadana” de la que habla el Ejecutivo se integró por un segmento de la sociedad que, no siendo afín al PRI, por voluntad propia y de modo legítimo decidió libremente apoyar el proyecto del actual Poder Ejecutivo. Otro es el voto duro priísta. También hubo quienes recibieron promesas de empleo y otro más, según denuncia pública, fue de personas que ni siquiera son yucatecas.
Como quiera que sea, lo que no debería perderse de vista es que esa “nueva mayoría ciudadana” es sumamente relativa, ya que frente a ella, en números fríos, de acuerdo con datos finales del Instituto de Procedimientos Electorales y Participación Ciudadana (Ipepac) fueron más de 357,847 yucatecos (el 46% de la totalidad de la votación) que no creyeron en la propuesta de la entonces candidata priísta y votaron por Acción Nacional. Otro 30%, del padrón total, no se manifestó en ningún sentido.
Con un mínimo de visión cualquiera podría imaginar que ese segmento no afín al priismo que se creyó las promesas de pluralidad, transparencia, legalidad y respeto, ha comenzado a caer en el desencanto, de modo que la relativa “nueva mayoría ciudadana” poco a poco se ha ido debilitando.
El gobierno en turno tiene la obligación, para bien del Estado, de la sociedad e incluso de su propia administración, de hacer política. Esto, desde luego, implicaría desempolvar o desenterrar un término que en el léxico de los políticos ha desaparecido: negociación.
Cualquier autoridad, para que mantenga o aumente su capital político, tendría que hacerse las siguientes preguntas: ¿Con quién o con quiénes debo negociar? ¿Por qué debo negociar? ¿Para qué debo negociar?
La negociación política implica una relación ganar-ganar. Pero no en el sentido de que todo sea para un solo lado, sino en el de que ambas o todas las partes involucradas ganen. Por supuesto, cada una de los negociadores necesariamente debe tener la capacidad de entender que en momentos determinados debe ceder parte de sus intereses. Es la única manera de llegar a consensos. Es la forma básica y fundamental de hacer política para lograr gobernabilidad.
¿Y con quien tendrían que negociar quienes actualmente detentan el Poder Ejecutivo? Obviamente, con la fuerzas opositoras. Y el PAN, independientemente de los resultados electorales adversos en el ámbito estatal, hoy día gobierna al 60% de los yucatecos. Razón de sobra por las cuales debería pensar en la necesidad de entablar negociaciones.
Pero la política (no la grilla) también implica que la negociación sólo es posible si hay de por medio una postura ética; es decir, que se haga sin agendas ocultas y sin golpes bajos, lo que resulta ineluctable para generar el ambiente propicio que permita un auténtico diálogo.
Las exhortaciones mediáticas a la “unidad” no funcionan y menos en medio de una coyuntura en la que una de las partes está golpeando a la otra con la derecha y con la izquierda también, y aún más, hasta usan los pies y todo lo que esté al alcance.
Ha sido muy poco tiempo el que ha transcurrido en el actual Ejecutivo para tantos conflictos con la federación y sus dependencias en el Estado, con el Ayuntamiento de Mérida, con sindicatos, con el ex gobernador y ex funcionarios, con legisladores federales y estatales panistas, con alcaldes y alcaldesas también panistas. Es muy peligroso este rumbo que se está llevando. Incluso el desprecio a la sociedad ha sido evidente y como botón de muestra recordemos la convocatoria hecha para definir “perfiles rectores” que luego no fueron tomados en cuenta y la exclusión total de mujeres en el círculo principal de gobierno.
Es evidente que, dados los sucesos ocurridos en los últimos seis meses, hoy día, de manera lamentable, no existen las condiciones para que el Ejecutivo del Estado intente entablar algún tipo de negociación con la principal fuerza de oposición en el Estado. Lo primero que tendría que hacer es generar un clima social y político distinto, lo cual me parece utópico.
Ya pasaron seis meses y no hay visos de intención del Poder Ejecutivo para comenzar a tender puentes básicos con los partidos políticos, sino todo lo contrario. ¿Cómo entablar una negociación si los apoyos se dan con intenciones partidistas como ocurre en Ucú? ¿Cómo si en vez de asumir la responsabilidad de la inseguridad en Yucatán se echa la culpa al Gobierno Federal? ¿Cómo si el peso de la ley sólo alcanza a quienes no comulgan con el partido del Ejecutivo? El ambiente político no es sano para Yucatán.
Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
Master en Comunicación Política y Marketing Electoral
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