sábado, 10 de mayo de 2008

El surgimiento de los ismos

Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
Master en Comunicación Política y Marketing Electoral

El PAN ante una gran oportunidad

La crisis en la que se enfrenta el PAN no es asunto menor. Se trata de una “enfermedad” social que no puede ser “sanada” por una sola persona. Para superarla se requiere de la voluntad de la mayoría de los integrantes de este instituto.

Además, se necesita desarrollar un proceso de gestión que implica una tarea técnica-política.
Una crisis jamás será resuelta con simples llamados mediáticos o discursivos.
Tiene que darse la conjunción de las voluntades de querer resolverla con la aplicación de metodologías que son las herramientas ejecutivas que permiten transitar con orden hacia la consecución del objetivo.

El primer paso tiene que ser el reconocimiento del problema, ya que de otro modo no existirá el impulso para actuar en consecuencia. Si no hay este reconocimiento, la “enfermedad” no sólo seguirá igual sino que, incluso, tenderá a empeorar.

Una vez reconocido el problema, quienes forman parte de la organización deben hacer una tarea de autocrítica recordando los conceptos, principios y valores que caracterizan o deberían caracterizar a los panistas.

Acción Nacional es un instituto que cuenta con principios y doctrina, a los que todos sus integrantes deberían estar alineados. En el PAN sólo debería haber panistas.

Sin embargo, el surgimiento de los llamados ismos internos es la muestra clara de una desestructuración organizacional. Cuando esto ocurre, las personas y los grupos comienzan a alinearse a otros intereses y valores. El problema no es que existan grupos, el problema es la radicalización que impide el logro de los objetivos y de las metas comunes.

Las crisis implican riesgos, pero también pueden representar oportunidades. Hoy, con el proceso de cambio de la dirigencia del PAN, los panistas se hallan frente a una gran oportunidad: la de demostrar que pueden alinearse a los mismos valores, postulados por el propio instituto, durante el proceso de elección y después de la contienda.

La renovación del PAN no debe consistir en el simple cambio de una dirigencia; es decir, en el simple cambio de personas, debe verse como la realineación a los valores y a los principios institucionales. De nada servirá una nueva directiva con otras personas si las actitudes y las resistencias al cambio son las mismas.

El PAN tiene muchos retos por delante, pero el más grande que afrontará la próxima dirigencia estatal consistirá en tratar de borrar las líneas divisorias que existen marcadamente entre los panistas. Para lo cual, sus líderes y dirigentes tendrán que ser el ejemplo a seguir, actuando con absoluta congruencia.

Como lo escribí al principio de este artículo, también se requiere de la voluntad y de la congruencia de todos los involucrados. Insisto, no es labor de una persona, aunque es menester que el próximo dirigente estatal sea el ejemplo a seguir y tenga la capacidad de propiciar los escenarios que generen confianza.

Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
Master en Comunicación Política y Marketing Electoral

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