lunes, 30 de junio de 2008

¿Cómo medir a los políticos?

Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
Master en Comunicación Política y Marketing Electoral

Negociación, ética y comunicación

Muchos hablan de política pero pocos entienden el alcance que implica esta actividad. El diccionario de la Real Academia Española muestra 12 acepciones diferentes sobre el término.

Por ejemplo, actividad de quienes rigen o aspiran a regir los asuntos públicos. Actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, con su voto, o de cualquier otro modo. Cortesía y buen modo de portarse. Arte o traza con que se conduce un asunto o se emplean los medios para alcanzar un fin determinado. Orientaciones o directrices que rigen la actuación de una persona o entidad en un asunto o campo determinado

En un artículo anterior escribí que, según Eduardo Betancourt, autor de “Gestión estratégica para gobiernos”, el fin último de la política es alcanzar el desarrollo armónico y sustentable de la sociedad. Suena demasiado idealista, pero coincido con esta connotación. La política implica de manera sustancial una relación humana en el ámbito público.

¿Y cómo lograr ese desarrollo armónico y sustentable de la sociedad? El mismo autor plantea que los ejes sobre los que descansa la acción política son tres: Negociación, postura ética y comunicación.

Político que no negocia, en el sentido de la búsqueda de acuerdos y de consensos con propios y con ajenos, cada vez se ve más cercado; es decir, va perdiendo el poder que se obtiene mediante la suma de adhesiones a sus ideas o propuestas. A mayor cantidad de acuerdos mayor poder político.

Pero la búsqueda de acuerdos no puede darse si no existe de por medio una actitud ética. Es imposible lograr acuerdos sustentables –que se puedan defender con razones- si alguna de las partes incurre en simulaciones o lo hace con agendas ocultas, de tal manera que obtenga beneficios a costa de la ignorancia o de la equivocación. Cuando estas actitudes son descubiertas entonces las diferencias se profundizan.

Tampoco puede llamarse negociación política aquella que para lograr una adhesión recurre a actos de compra de conciencia como la cooptación o el clientelismo –entrega de prebendas o beneficios a cambio de algo-, la amenaza o la represión.

Hay quienes se jactan de ser buenos negociadores políticos, pero al incurrir en alguno de esos vicios, en realidad se convierten en simples operadores que vulneran las voluntades ciudadanas. Esto, más que política, es antipolítica.

¿Es negociación política cuando algún alto funcionario logra que alcaldes o diputados cambian de un partido a otro mediante el pago de millonarias sumas? Es una vulneración al concepto esencial de la política.

El otro factor, es la comunicación. Pero también tiene que darse dentro de una postura ética. Ejemplo de ello lo vemos en las campañas. Con tal de obtener el voto los candidatos ofrecen cosas a sabiendas de que jamás las podrán cumplir. Se trata de engatusar a la gente, claro esto siempre y cuando medie la mala intención y no el error involuntario.

Si el político o el gobernante buscan aumentar su poder tienen que ser muy buenos comunicadores y no sólo me refiero a la comunicación masiva, sino también a la que se da de manera interpersonal. En cuanto a la comunicación social, los políticos tienen el derecho legítimo de capitalizar sus obras y sus acciones, pues es la única forma de cosechar más adhesiones, sobre todo cuando los mensajes van acompañados de acciones tangibles relacionadas con la solución y la atención de las necesidades y de las expectativas más profundas de los electores y/o de los gobernados.

Es lamentable escuchar como la mayor parte de los políticos usan la expresión tan trillada “están politizando tal o cual asunto”, cuando en realidad probablemente lo que quieren decir “están partidizando”, en el sentido de que hay de por medio un intento de trasladar un asunto político o de la vida pública al ámbito partidista con intenciones de obtener una ganancia electoral. Todo lo que se trate en la esfera pública es político, si se hace con valores, o antipolítico, sin hay de por medio actitudes apartadas de una postura ética.

Con estas tres sencillas variables: negociación, postura ética y comunicación, cada quien, que diga ser político, podrá medir su actuación en la vida pública. ¿Qué tan buenos son para negociar para buscar acuerdos?, ¿Saben comunicar capitalizar sus logros estratégicos? ¿Ambas cosas las hacen mediante una postura ética?

Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
Master en Comunicación Política y Marketing Electoral

lunes, 23 de junio de 2008

Instituciones sin agenda política

Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
Master en Comunicación Política y Marketing Electoral

Ante la falta de estrategia

Para cualquier organización, más aún las de carácter político, resulta un verdadero reto funcionar de acuerdo con una estrategia que es la que determina el rumbo que debe seguir para la consecución de sus objetivos fundamentales, los cuales surgen de una tarea de investigación y de la aplicación de diversos métodos de análisis y de diagnóstico.

La estrategia originalmente es un término militar. El diccionario de la Real Academia Española lo define como “el arte de dirigir las operaciones militares”. Posteriormente, este concepto fue adoptado en el ámbito político y empresarial, de ahí la segunda acepción: “Conjunto de las reglas que aseguran una decisión óptima en cada momento”.

Sobra decir que un estratega militar jamás tomaría decisiones a ciegas, sino que necesariamente debía tener el conocimiento de las condiciones del campo de batalla, del número de activos enemigos y propios, de la cantidad de armas propias y ajenas, y de los flancos débiles y fuertes, también propios y ajenos, entre muchas otras cosas más.

Por ello es imposible hablar de “estrategia” sin que antes exista una tarea de inteligencia o de investigación previa, que aporte los insumos necesarios para la mejor toma de decisiones, en cuanto al rumbo que se debe seguir. Es decir, la estrategia es la que determina todas las acciones o tácticas que deben ejecutarse.

Ningún estratega se atrevería a meterse a un campo de batalla que le sea totalmente desconocido porque seguramente sufriría una emboscada con pérdida de muchos efectivos, o tampoco provocaría un enfrentamiento considerando que el número de soldados propios es muy inferior a los del enemigo.

Menos iría con pistolitas a un enfrentamiento en donde el enemigo posea armas más grandes o sofisticadas.Trasladado al ámbito político, un estratega debe tener en sus manos estudios de percepción ciudadana, debe tener la capacidad de priorizar los problemas —si es que cuenta con un sentido de la realidad—, debe conocer las debilidades y fortalezas propias y ajenas, y debe tener el conocimiento del contexto.

Sólo de esta manera estaría en condiciones de determinar cuáles serían las tácticas o acciones concretas a seguir.Tener toda la información es un gran paso. Sin embargo, los expertos señalan que el hecho de que se tenga toda esa información no es garantía de éxito si no se tiene la capacidad de saber utilizarla de la manera correcta. Entonces una estrategia que surja de una mala interpretación de la información puede ser un haraquiri.

A la gran mayoría de las autoridades se les acaba su trienio o sexenio sin estrategia. Al no conocer cuáles son los problemas más profundos que afectan a los ciudadanos, simple y sencillamente no están en posición de atenderlos. Y si los conocen y no los atienden, entonces ya es otra cosa. Sin información previa se pueden ofrecer y hacer miles de cosas que quizá pudieran ser plausibles, pero que carecen de un sentido político; es decir, no tienen significado real para la gente.

La estrategia siempre está implícita en la visión de una organización que, a su vez, se plasma en un eslogan, como una medida para que todos, propios y ajenos, la conozcan. Es así como un gobierno o un partido político estaría en condiciones de lograr un posicionamiento correcto entre sus audiencias.Ante la falta de una estrategia central, gobiernos y partidos se convierten en entes que sólo aciertan a reaccionar.

Sin estrategia, las organizaciones políticas no son capaces de generar una agenda propia. En vez de tomar la delantera siempre van detrás de la llamada “agenda setting”; es decir, se limitan reaccionan a los temas que los medios masivos de comunicación imponen en la esfera pública.

Es común que los políticos y las autoridades hablen de “estrategias” pero siempre confunden la estrategia con las tácticas. La primera define el rumbo y las segundas vienen a ser las acciones concretas para alcanzar la visión.La sociedad ya cambió en calidad y en cantidad. Hoy más que nunca se requieren instituciones públicas capaces de funcionar de acuerdo con rumbos bien claros y definidos en función de las necesidades fundamentales que la sociedad requiere.— Mérida, Yucatán.

Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
Master en Comunicación Política y Marketing Electoral

lunes, 16 de junio de 2008

El PAN pasó la prueba

Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
Master en Comunicación Política y Marketing Electoral

La cita con la historia se dio y se pasó la prueba. El proceso interno para elegir a la nueva directiva estatal fue un ejercicio democrático y transparente en el que participaron tres contendientes y el resultado fue que ¡ganó el PAN!

Es menester hacer una reflexión en torno a esta coyuntura. Se están dando los pasos correctos para lograr la recomposición de Acción Nacional. Ya antes se verificaron otros procesos democráticos incuestionables: la elección del Consejo Estatal, a fines del año pasado, y la posterior elección de la nueva titular de la Secretaría de Acción Juvenil.

Un suceso sin precedente en Yucatán fue la renuncia anticipada de toda la dirigencia estatal, medida extraordinaria para una situación extraordinaria.El sábado pasado se realizó la elección de quienes dirigirán el destino del PAN en los próximos tres años. Es importante destacar que el denominador común de las propuestas fue la unidad interna.

Todo parece indicar que cada vez más panistas están tomando conciencia de que sin unidad no hay credibilidad interna y mucho menos externa. Sin unidad es imposible presentarse ante la sociedad como una oposición responsable y fuerte. Sin unidad no se está viviendo la doctrina panista y sin unidad se está en grave riesgo de no poder retener posiciones electorales y perder otras. Sin unidad el PRI es el único que sale ganando.

¿Habrá panistas que quieran seguir haciéndole campaña al PRI? ¿Habrá panistas que quieran volver a vivir otras derrotas electorales a consecuencia de la desunión? ¿Habrá panistas que no hayan aprendido de los errores cometidos?

Se han dado pasos correctos, pero son insuficientes para pasar de una percepción desfavorable a otra favorable. El PAN requiere de más medidas extraordinarias. Sus nuevos dirigentes tendrán que cambiar los esquemas que no han funcionado.

La unidad no es algo que pueda darse por decreto o mediante simples llamados que sólo sean posturas mediáticas que no deriven en acciones concretas. A partir de hoy se requiere del concurso de la mayor cantidad de voluntades sinceras para lograr este objetivo.

Como propone la nueva presidenta, Magaly Cruz Nucamendi, hay que pasar de las críticas a las propuestas, pero sobre todo a las acciones concretas, de ahí la frase: ¡Manos a la obra! El trabajo congruente e incluyente de la nueva dirigencia será determinante para restar argumentos a las voces disidentes que exigen unidad pero que, lamentablemente, descalifican todo y a todos.

Quienes quedaron en la dirigencia deberán ser los primeros en dar el ejemplo y trabajar con una mentalidad política distinta. La contienda interna ya concluyó y en buenos términos. Hay que convocar a todos los panistas para que se sumen a las tareas del PAN, aún aquellos que estuvieron abanderando a los otros aspirantes. ¿Por qué? Porque son panistas.

Los aspirantes que no ganaron tienen la responsabilidad de respaldar a la nueva dirigencia, pues haciéndolo estarán fortaleciendo al PAN. Me parece que los candidatos, los consejeros que eligieron y el árbitro cumplieron con su papel de respeto muto y de los estatutos. Hay que seguir este mismo camino.Hay que devolverle al PAN su identidad, lo cual sólo será posible si todos sus militantes entienden que deben compartir los mismos valores y caminar hacia el mismo rumbo, en otras palabras, hay que decir adiós a la “onda grupera”, de modo que el único “ismo” que quede en el interior del PAN sea el del panismo.

Nada fácil, pero tampoco imposible.Asimismo, no creo que sea el momento de adoptar posturas triunfalistas. Los verdaderos retos están por cumplirse. Lo difícil no es llegar sino lograr los objetivos planteados y ¡vaya que son trascendentales!— Mérida, Yucatán.

Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
Master en Comunicación Política y Marketing Electoral

lunes, 9 de junio de 2008

Contienda por la credibilidad

Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
Master en Comunicación Política y Marketing Electoral

El PAN debe ser el ganador

El próximo sábado 14 es el día “D” para el PAN. Se llevará al cabo el cambio de su dirigencia y lo que está en juego es mucho más que este simple hecho: está de por medio la recuperación de la credibilidad de sus actores y el fortalecimiento de la institución.

Acción Nacional —desde hace varios meses— se encuentra en una posición de elevada vulnerabilidad a consecuencia de sus procesos cuestionados interna y externamente. Los pleitos internos y las posturas radicales fueron la causa principal de los resultados adversos en los comicios de mayo del año pasado.

Las heridas del PAN fueron causadas por sus propios militantes y serán éstos mismos quienes pueden y deben sanarlas. Las crisis pueden ser generadas por la naturaleza o pueden ser inducidas por el hombre. Las primeras ocurren a consecuencia de fenómenos naturales como ciclones, terremotos, avalanchas, etcétera, y las segundas se dan por decisiones y actitudes inadecuadas de las personas.

Es fácil entender que en Acción Nacional la situación de crisis no se generó porque haya sufrido la presencia de un huracán o de otro fenómeno natural, se trata de una crisis inducida por las propias personas. Pero lo más terrible es que la debacle no fue ocasionada por personas ajenas, fueron los propios panistas quienes la generaron.

Grupos con posturas inflexibles causaron la molestia de muchos. Otros se dijeron desilusionados. Muchos abandonaron la causa y otros más decidieron ir contra la propia institución. ¿Quién podría pensar en un triunfo electoral bajo estas condiciones? ¿Alguien de verdad creyó que aún así se podía ganar? Si eso ocurría en el interior del PAN, ¿qué creen habría ocurrido en la sociedad?

¿Causas externas? Ya había comentado que también las hubo y muy graves, pero con un panismo cohesionado cualquier prueba, como el relleno de ánforas por gente ajena a Yucatán, hubiera sido superada.

Desde los tiempos más remotos de la historia de la humanidad, las divisiones son causas claras de cualquier derrota, de ahí el adagio de “divide y vencerás” o la frase tan mentada: “Nos agarraron divididos”.

Eso fue precisamente lo que ocurrió en Acción Nacional: llegó a un proceso electoral con una profunda división que fue capitalizada por su principal oponente.Mientras los panistas se peleaban y hacían mítines y declaraciones ofensivas entre ellos mismos, mientras circulaban rumores y se daban filtraciones mediáticas de los unos contra los otros, el PRI aumentaba sus posibilidades de triunfo.

Antes de las elecciones lo que en realidad se perdió fue el rumbo. En una organización en la que sus integrantes no comparten la misma visión cada quien irá, con buena o con mala intención, por donde mejor le parezca.

Lo que está de por medio en la elección del sábado 14 no es ver qué persona gana, sino lograr que sea la institución la que obtenga credibilidad. Ésa será la verdadera causa de cualquier festejo posterior en el que todos digan: ¡ganó el PAN! En otras palabras, la institución debe ser la que triunfe por encima de todo. ¡Es al instituto al que hay que levantarle las dos manos! ¿Es difícil lograrlo? Dependerá de todos y cada uno de los participantes: árbitro, votantes, candidatos y electores. ¿Cómo? Con respeto a las reglas del juego, respeto entre ellos mismos y reconocimiento de quien obtenga la mayor cantidad de sufragios. ¿Es difícil lograrlo?

¿A qué panista no le dolió la derrota del 20 de mayo? Esa experiencia tan amarga debe ser aleccionadora o de plano no sirvió de nada. ¿Qué panista desea repetir la misma experiencia de ver resultados adversos? Que levante la mano. ¿Qué panista desea seguir generando división en vez de cohesión? ¿Qué panista quiere que el PRI gane todos los distritos federales en las próximas elecciones? ¿Qué panista quiere que se pierda Mérida en 2010? Que se descubra y asuma su responsabilidad histórica de las posibles derrotas culturales y electorales.

En un escenario de división y de enfrentamiento, como el que ocurrió el 20 de mayo, todo puede pasar. En un escenario de unidad y concordia se avizorará un mejor panorama para, por lo menos, retener con lo que ya se cuenta y muy probablemente para recuperar posiciones y más adelante para ganar nuevas.— Mérida, Yucatán

Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
Master en Comunicación Política y Marketing Electoral

lunes, 2 de junio de 2008

A todos los políticos

Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
Master en Comunicación Social y Marketing Electoral

Reconozcan que tienen que cambiar

La historia de nuestro país debe ser referente para entender la necesidad de que todas las fuerzas políticas, aún por minortarias que sean, deben ser incluidas. La exclusión de grupos y de personas es la característica fundamental del autoritarismo. La cerrazón y el abuso del poder de facto sólo ha generado conflictos y desencuentros con pérdida de vidas.

El presidente Porfirio Díaz logró años de estabilidad en el país pero bajo un régimen autoritario que pronto se vio agotado ante las enormes desigualdades políticas y económicas. La cerrazón fue la causa de la Revolución Mexicana que fundamentalmente reclamaba una vida democrática. De ahí el lema maderista de "Sufragio efectivo no reeleción".

Sin embargo, el derrocamiento del gobierno autoritario dio paso a otros episodios de violencia que parecian inacabables. En cada coyuntura electoral, las sucesiones presidenciales se dirimían en los campos de batalla y después se legitimaban con "elecciones" que venían a confirmar la hegemonía de quien había vencido en el enfrentamiento bélico.

Muy pronto el principio maderista fue violado por los propios revolucionarios con la reelección de Alvaro Obregón, quien ya siendo presidente electo por segunda ocasión fue asesinado a balazos en el restaurante La bombilla. Así transcurrieron muchos años de convulsión: motines, balazos y traiciones.

Tras la muerte de Obregón, Plutarco Elias Calles toma la iniciativa de aglutinar a todas las fuerzas armadas en un solo grupo: el PNR, con la idea de que se dejen de matar entre ellos mismos y a cambio busquen modos "civilizados y políticos" de repartirse el poder.

Es cuando surge en México el llamado "Maximato" ya que todo el poder quedó en manos de una sola persona, el propio Calles; quien, sin embago, en una nueva traición fue exiliado por Lázaro Cárdenas. Después, el PNR se transformó en el PRM y finalmente quedó con las siglas actuales del PRI.

La Revolución combatió a un régimen autoritario pero dio pie a otro igual, sin embargo, a diferencia de otros regímenes similares de América Latina, el PRI fue deliberadamente incluyente pero con muchos sesgos. Este partido ofrecía a todos sus sectores infraestructura, paz social, salud y educación pero de ninguna manera democracia.

En su momento, este sistema funcionó bien generando amplias redes de clientelismo. Las reglas eran my claras: y todo aquel que las respete era beneficiario del sistema.

Al mínimo síntoma de rebelión, el PRI activaba mecanismos cooptación (entrega de prebendas) y si estos no funcionaban entonces procedia la represión selectiva. Las elecciones era rituales poco atractivos ya que vencidos y vencedores estaban predeterminados.Este sistema autoritario funcionó al grado que de 1958 a 1970 ocurrió lo que se conoce como el "milagro económico" que se caracterizó por el desarrollo económico del país con índices muy elevados.

En la medida en que la poblacion va creciendo junto con la diversidad de ideas, el sistema hegemónico y autoritario comienza a dar muestras de inevitable desgaste. La represión estudiantil que terminó con la matanza y el encarcelamiento de cientos de estudiantes en 1968, bajo el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, fue la muestra clara. Este hecho vino a constituirse en un parte-aguas en la vida política y social de México. Una vez más, el autoritarismo era la fuente principal de una convulsión política.

Grupos minoritarios identificados con corrientes izquierdistas, ante la falta de espacios en la vida política, decidieron integrar grupos guerrilleros que durante el gobierno de Luis Echeverría Alvarez fueron reprimidos en lo que se conoció como la "guerra sucia", ya que se decidió combatir la ilegalidad con más ilegalidad.

La crisis política pasó por un hecho de triste historia: la postulación de José López Portillo como único candidato a la presidencia del país. Era urgente entender y atender esta situación.

De no ser por Jesús Reyes Heroles, quien promovió la reforma electoral de 1977, aún con muchas imperfecciones, se logró, mediante la inclusión, encauzar incluso a la mayor parte de los grupos guerrilleros a la vida política. Una vez más la historia nos enseña como la inclusión, desactivó movimientos sociales que pudieron derivar en situaciones trágicas e inimaginables para el país.

En Yucatán, el PRI llega de nuevo al poder y contra los ofrecimientos de hacer las cosas de una manera diferente, en realidad viene a repetir los mismos errores cometidos: generación de redes clientelares mediante programas asistenciales, la represión consentida contra quienes no son afines a su grupo, como ha ocurrido en Conkal, Sotuta y recientemente en Chichimilá, la exclusión absoluta de los partidos de oposición, el uso de algunos medios masivos para acallar voces en contrario, y la violación de numerosos ordenamientos incluyendo a la propias constituciones local y federal.

Sin embargo, no puede pasar desapercibido que los propios partidos de oposición están viviendo momentos en donde la exclusión se está volviendo algo "normal". La falta de inclusión de ideas y la radicalizacion de posturas son los factores que impiden, de manera fundamental, la existencia de una oposición responsable y fuerte. Como ha ocurrido en los episodios históricos antes descritos, la exclusion sólo ha sido generadora de problemas y de crisis.

Es menester recordar que el fin último de la política -que no la grilla- es lograr el desarrollo armónico y sustentable de la sociedad. Y esto sólo puede ser posible mediante una actitud incluyente en la que prevalezca el respeto mutuo y el diálogo permanente entre todos los actores politicos. No hay otro camino.

Señores políticos, hagan a un lado sus rencores y actitudes radicales, inyéctense una buena dosis de humildad y reconozcan que tienen que cambiar para trabajar a favor de la sociedad. La historia puede ser muy diferente a la que ya hemos vivido.