Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
Master en Comunicación Política y Marketing Electoral
Negociación, ética y comunicación
Muchos hablan de política pero pocos entienden el alcance que implica esta actividad. El diccionario de la Real Academia Española muestra 12 acepciones diferentes sobre el término.
Por ejemplo, actividad de quienes rigen o aspiran a regir los asuntos públicos. Actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, con su voto, o de cualquier otro modo. Cortesía y buen modo de portarse. Arte o traza con que se conduce un asunto o se emplean los medios para alcanzar un fin determinado. Orientaciones o directrices que rigen la actuación de una persona o entidad en un asunto o campo determinado
En un artículo anterior escribí que, según Eduardo Betancourt, autor de “Gestión estratégica para gobiernos”, el fin último de la política es alcanzar el desarrollo armónico y sustentable de la sociedad. Suena demasiado idealista, pero coincido con esta connotación. La política implica de manera sustancial una relación humana en el ámbito público.
¿Y cómo lograr ese desarrollo armónico y sustentable de la sociedad? El mismo autor plantea que los ejes sobre los que descansa la acción política son tres: Negociación, postura ética y comunicación.
Político que no negocia, en el sentido de la búsqueda de acuerdos y de consensos con propios y con ajenos, cada vez se ve más cercado; es decir, va perdiendo el poder que se obtiene mediante la suma de adhesiones a sus ideas o propuestas. A mayor cantidad de acuerdos mayor poder político.
Pero la búsqueda de acuerdos no puede darse si no existe de por medio una actitud ética. Es imposible lograr acuerdos sustentables –que se puedan defender con razones- si alguna de las partes incurre en simulaciones o lo hace con agendas ocultas, de tal manera que obtenga beneficios a costa de la ignorancia o de la equivocación. Cuando estas actitudes son descubiertas entonces las diferencias se profundizan.
Tampoco puede llamarse negociación política aquella que para lograr una adhesión recurre a actos de compra de conciencia como la cooptación o el clientelismo –entrega de prebendas o beneficios a cambio de algo-, la amenaza o la represión.
Hay quienes se jactan de ser buenos negociadores políticos, pero al incurrir en alguno de esos vicios, en realidad se convierten en simples operadores que vulneran las voluntades ciudadanas. Esto, más que política, es antipolítica.
¿Es negociación política cuando algún alto funcionario logra que alcaldes o diputados cambian de un partido a otro mediante el pago de millonarias sumas? Es una vulneración al concepto esencial de la política.
El otro factor, es la comunicación. Pero también tiene que darse dentro de una postura ética. Ejemplo de ello lo vemos en las campañas. Con tal de obtener el voto los candidatos ofrecen cosas a sabiendas de que jamás las podrán cumplir. Se trata de engatusar a la gente, claro esto siempre y cuando medie la mala intención y no el error involuntario.
Si el político o el gobernante buscan aumentar su poder tienen que ser muy buenos comunicadores y no sólo me refiero a la comunicación masiva, sino también a la que se da de manera interpersonal. En cuanto a la comunicación social, los políticos tienen el derecho legítimo de capitalizar sus obras y sus acciones, pues es la única forma de cosechar más adhesiones, sobre todo cuando los mensajes van acompañados de acciones tangibles relacionadas con la solución y la atención de las necesidades y de las expectativas más profundas de los electores y/o de los gobernados.
Es lamentable escuchar como la mayor parte de los políticos usan la expresión tan trillada “están politizando tal o cual asunto”, cuando en realidad probablemente lo que quieren decir “están partidizando”, en el sentido de que hay de por medio un intento de trasladar un asunto político o de la vida pública al ámbito partidista con intenciones de obtener una ganancia electoral. Todo lo que se trate en la esfera pública es político, si se hace con valores, o antipolítico, sin hay de por medio actitudes apartadas de una postura ética.
Con estas tres sencillas variables: negociación, postura ética y comunicación, cada quien, que diga ser político, podrá medir su actuación en la vida pública. ¿Qué tan buenos son para negociar para buscar acuerdos?, ¿Saben comunicar capitalizar sus logros estratégicos? ¿Ambas cosas las hacen mediante una postura ética?
Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
Master en Comunicación Política y Marketing Electoral
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