Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
Master en Comunicación Política y Marketing Electoral
Urge una política pública
Bien por quienes señalaron que el asunto de la violencia no debe ser “partidizado”; es decir, que no se use con algún fin que pueda sacar beneficio para algún partido político.
Hoy, más que nunca, toma relevancia la actitud que pueda asumir la sociedad yucateca en torno a este gravísimo problema. La ciudadanos deberíamos ser los principales aliados de las fuerzas de seguridad, pero lamentablemente no es así, a consecuencia que no existe la suficiente confianza para entablar algún tipo de coordinación con aquéllas.
La gente mira con recelo el comportamiento de quienes tienen a su cargo la seguridad y de quienes conducen las fuerzas policiales.
Las manifestaciones sociales, como la marcha contra la inseguridad convocada por organismos civiles, deben hallar eco en las autoridades, pero ¿Y si no nos hace caso? ¿Ahí queda el asunto?
Claro que tampoco se trata de hacerse justicia por propia mano, de ninguna manera, ya que para eso existen leyes y autoridades, pero si todos estamos atentos de lo que ocurre en nuestro entorno y lo denunciamos, es más probable que se obtengan mejores resultados.
Definitivamente, por muchos agentes policíacos que haya, éstos siempre serán insuficientes. Lo primero que tendría que ocurrir es que las fuerzas de seguridad se ganen la confianza de los ciudadanos para que éstos puedan convertirse en sus aliados.
Habría que diseñar políticas públicas tendientes a lograr esta necesaria coordinación policías-ciudadanos y ver todas las posibilidades tendientes a lograr una mejor y más efectiva vigilancia.
¿Cuál es la raíz del problema?, ¿Falta capacitación a los agentes?, ¿No es correcta la sectorización?, ¿Por qué no se involucran más los ciudadanos?, ¿Por qué no hay confianza social hacia las policías?, ¿Qué se tendría que hacer para revertir esta desconfianza?, ¿Por qué fallaron los retenes?, en fin ¿Qué fue lo que falló y que es lo que se debería hacer para mejorar?
Todos los días vemos decenas de patrullas y camionetas de la policía, así como numerosos retenes en diversos sectores de la ciudad. ¿Es suficiente esto para lograr efectividad en la tarea de proteger a los ciudadanos?
No me explico cómo fue posible que con tantas patrullas deambulando por las calles (hasta cuatro o cinco convergen en menos de 200 metros) y con tantos retenes con agentes armados, hayan circulado por las calles de la ciudad vehículos con 11 cadáveres.
No comprendo cómo fueron depositados esos 11 cadáveres sin que nadie se haya dado cuenta.
No entiendo cómo fue posible que luego de esta acción los delincuentes se hayan ido, así como vinieron, y tampoco nadie se haya percatado de ellos ni de sus vehículos. ¿No se supone que los retenes se instalaron para detectar a tiempo a gente relacionada con la delincuencia? Tómenlo como una crítica constructiva.
¿Y la gente? ¿Nadie se percató de un movimiento tan inusual? No creo que sea tarea fácil mover a 11 cuerpos decapitados, se requeriría de mucho esfuerzo, de varios vehículos y de varias personas. ¿Nadie notó algo? ¿O alguien lo vio pero no lo denunció por temor a que sea involucrado?
Es una situación muy compleja que requiere de toda la atención de todos, no solo de las autoridades, sino de todos quienes integramos la sociedad. Lo primero: hay que admitir que el problema existe, pues de lo contrario se seguirá bajo los mismos esquemas que, como ya vimos, son poco efectivos.
Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
Master en Comunicación Política y Marketing Electoral
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