Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
Master en Comunicación Política y Marketing Electoral
Un grave daño para Yucatán
Hace algunos años, cuando siendo reportero y tuve la oportunidad de cubrir giras de campañas electorales, recuerdo que al primer contacto que tenían los candidatos y candidatas con la gente la pregunta recurrente era: ¿Qué me vas a dar?
Tras la negativa de otorgar dinero o cualquier otra cosa en especie, de inmediato se reproducían los reproches: “¡Por eso no ganan! ¡Los otros sí nos dan!
En efecto, los tricolores si les daban y les siguen dando kilos de carne, coas, zapatos, colchas, bicicletas, lavadoras y ¡así son felices! ¿Así son felices? Quizá por unas horas ¿Y luego?
¿Dejan de ser pobres los pobres cuando reciben zapatos? Se les rompen y ¿luego? Reciben otros ¿Y luego?... seguirán siendo pobres porque no tienen la forma de obtener por sí mismos sus propios satisfactores. Lo mismo pasa con cualquier otra dádiva.
Yo preguntaría ¿en que porcentaje ha bajado la pobreza gracias al reparto de los zapatos y demás cosas? ¿En verdad alguien puede creer que algún día se acabará la pobreza con acciones más pobres que la pobreza?
Toda una vida de reparto de dádivas (cosas que se dan gratuitamente) electorales (con intención de obtener votos a cambio) es lo que ha sumido a nuestra sociedad en la miseria.
En esos años de hegemonía total del revolucionario, nadie podría creer que el PAN podría acceder al gobierno ya que aquél era el único que contaba con los recursos económicos (el erario) para darse el lujo de dar cualquier clase de dádiva.
Como una manera de contrarrestar esa situación de la propia sociedad surgió la frase de “agarra lo que te dan pero vota por el PAN”. Y el argumento era agárralo sin temor a sentirte humillado porque en realidad no es gratis, fue comprado con el erario público, es decir de nuestras contribuciones.
También surgió la frase de “despensa mata obra”. En los tres años anteriores, se hicieron obras públicas como jamás se había visto en el interior del Estado y sin embargo, no se pudieron refrendar triunfos electorales, a consecuencia del reparto de dádivas horas antes de la jornada electoral.
A pesar de todo, poco a poco cada vez más gente ha abierto los ojos y ha comprendido que su voto en las urnas vale mucho más que un simple caldo de chocolomo o un par de zapatos. Aunado a otros tantos factores, fue que el PRI comenzó a perder espacios, pese al reparto de miles de artefactos.
Como simple botón de muestra, en las elecciones municipales de Mérida, cuando por primera vez ganó el PAN, a principios de los años 90, no hubo elector que no comiera cochinita ese domingo, y sin embargo, los resultados les fueron desfavorables.
La lucha contra ese mal social no está acabada, hoy día, tristemente palpamos que incluso hay panistas, algunos dirigentes, que ya son proclives a sacar al pequeño priísta que llevan dentro (como decía Carlos Castillo Peraza) y ponerse a repartir cosas como si este fuese el fin de la política.
Cabe aclarar que la mayoría de estos militantes entiende que este tipo de prácticas son contrarias a lo que los fundadores del PAN deseaban para la sociedad, y que va contra el principio “respeto a la inminente dignidad de la persona humana”.
Es importante mencionar que la dádiva, no es un mal privativo para la gente humilde, porque también ha involucrado a empresarios y profesionales. ¿Y la sociedad organizada que dice al respecto? ¿Las asociaciones y agrupaciones sociales están de acuerdo en que la pobreza y los grandes y graves problemas sociales se combaten con dádivas? Si no, ¿por qué no dicen algo al respecto?
La cultura de la dádiva, esa que tanto daño ha causado a los yucatecos, triste y lamentablemente sigue vigente y en vez de hacer algo por combatirla, desde el oficialismo se sigue alimentando y profundizando más y más entre la gente más necesitada, pero también entre mucha gente encumbrada económicamente.
Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
Master en Comunicación Política y Marketing Electoral
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