Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
Master en Comunicación Política y Marketing Electoral
¿Son debates de “altura”?
“Puedo no estar de acuerdo contigo, pero defenderé con mi vida tú derecho a pensar diferente”, Voltaire.
En reiteradas ocasiones, el actual dirigente estatal del PRI ha hablado de la necesidad de que en Yucatán haya un “debate de altura”, frase que valdría la pena tratar de descifrar por las connotaciones que le está dando.
Haciendo uso del sentido común, podríamos entender que un “debate de altura” implica la necesidad de que los políticos y funcionarios sean capaces, política e intelectualmente, de entablar diálogo para llegar a acuerdos por el bien del Estado, independientemente de sus intereses personales o de grupo.
También podríamos entender que “debate de altura” significaría diálogo entre estadistas, aunque a mi parecer la definición actual de la palabra estadista queda corta. El diccionario de la Real Academia Española indica que estadista es la “persona con gran saber y experiencia en los asuntos del Estado”. Es insuficiente que un político, como lo presumió públicamente un legislador de la “nueva mayoría ciudadana”, tenga tanto conocimiento, si finalmente no lo pone al servicio de la patria.
Para prueba basta un botón. Según publicación del Diario de Yucatán -el 31 de octubre pasado- el referido legislador dijo que “con mucho gusto y respeto le aclaro a la presidenta del PAN y a cualquier integrante de ese partido cómo funciona la administración pública, qué es un despacho certificador en proceso de calidad y cualquier otro tema relacionado con la gestión gubernamental, porque percibo desconocimiento o falta de comprensión en esos temas por parte de los panistas”.
¿De qué nos sirve a los yucatecos que un funcionario tenga tanto conocimiento sobre qué es un “despacho certificador en proceso de calidad” si en vez de promover la mejora administrativa, su mismo grupo en el poder nulifica la que ya existía? ¿Por qué razón no se refrendo la certificación del ISO 9000 en la elaboración del informe y en el control presupuestal?
También podríamos entender a “debate de altura” como aquel que se desarrolle entre actores políticos con capacidad de tolerar las posturas y posicionamientos, y en vez de recurrir a la diatriba y a la ofensa sepan responder y asumir posiciones con educación y con respeto.
Pareciera que estamos de acuerdo con el dirigente revolucionario sobre lo que debería ser un “debate de altura”, ya que el mismo declaró -apenas el 30 de octubre pasado- lo siguiente: “No permitamos que se enturbie el ambiente político en razón de intereses de grupo y posiciones electoreras, debatamos con argumentos, con razones, de tal manera que el resultado de la confrontación de nuestras ideas se traduzca en beneficio de nuestro querido Yucatán y no en posicionamientos políticos sin rumbo”. Es decir, el dirigente estaría hablando de “debates de altura”.
Al parecer como una medida de promover el “debate de altura” en Yucatán, diputados locales participaron en cursos como parte del VIII Congreso Nacional de Mediación “Una Vía hacia la Cultura de la Paz”. Ahí, según se reportó en los medios, estuvieron legisladores de la “nueva mayoría”.
Todo iba bien en los cursos y en los discursos. Sin embargo, esos mismos legisladores “del Equipo Yucatán” que asistieron a ese evento para aprender sobre mediación, son los mismos que mediante un “¿debate de altura?” decidieron denostar a otro de sus compañeros, no solo con palabras sino también con acciones al hacerle “regalos” con la clara intención de ironizar y ridiculizar sus cuestionamientos. La razón: haber cuestionado unas cifras del informe de gobierno. ¿Sorprendente? Ni siquiera una semana había transcurrido de haber participado en el curso sobre mediación política como una vía para la paz?, ¿Eso fue lo que aprendieron?, o ¿sí aprendieron a mediar pero no lo quieren ejercer?
Y mientras todos los dirigentes de partidos en Yucatán condenaron el retroceso que se vio en el Congreso del Estado, al regresar las ofensas, el único que no las vio es el del PRI quien en reiteradas ocasiones ha hablado de la necesidad de “un debate de altura”.
El promotor de los “debates de altura”, olvidándose de sus discursos anteriores, defendió a sus legisladores con el siguiente argumento: “…el problema en este caso se inició desde la oposición, por subir a hacer acusaciones sin sustento”. ¿Es este el significado que se le quiere dar a los “debates de altura”?, ¿Debate de “altura” con intolerancia?, ¿Debate de “altura” con ofensas?, ¿Debate de “altura” con posiciones radicales?, ¿Debate de “altura” con la clara intención de acallar voces discordantes?
Aquí vale la pena recalcar un pasaje del discurso del dirigente tricolor: “Debatamos con argumentos, con razones, de tal manera que el resultado de la confrontación de nuestras ideas se traduzca en beneficio de nuestro querido Yucatán y no en posicionamientos políticos sin rumbo”. ¿Cómo se le dice a alguien cuando sus palabras no concuerdan con los hechos? Usted tiene la palabra.
Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
Master en Comunicación Política y Marketing Electoral
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