sábado, 3 de enero de 2009

Sociedad intoxicada con mentiras

Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
Master en Comunicación Política y Marketing Electoral

¿Error o mala intención?

Yucatán vive entre la desinformación y la mentira. Hechos recientes, ocurridos en el transcurso de la semana pasada, parecen demostrarlo de manera inequívoca.¿Qué debemos entender por desinformación? Este concepto proviene de una traducción literal de la palabra “desinformatzia” que los rusos utilizaron en los años 20 como “intoxicación”.En 1952, en la enciclopedia soviética el concepto fue definido así: “Difusión de noticias falsas con el fin de confundir a la opinión pública”.

Después se determinó que la desinformación “supone presentar como verdadera una noticia falsa para inducir a error a la opinión pública”.En términos prácticos, la desinformación servía a los rusos para confundir a los enemigos filtrando informaciones falsas en los servicios secretos contrarios, a fin de que éstos se las crean y tomen malas decisiones.Más recientemente, en los años 80, el término desinformar fue definido como “inducir a error a un pueblo para debilitar al adversario”. O bien como el “conjunto organizado de engaños en una era en la que los medios de comunicación se hallan enormemente desarrollados”.

Lo anterior presupone la existencia de dos elementos: la información y la mentira. Es posible que al haber fallas al distribuir la información se genere desinformación, por ejemplo, cuando el emisor no usa los códigos correctos hacia el receptor. Un caso podría ser cuando alguien habla en términos que la gente no entiende o cuando presupone que algo ya es conocido y no se dice nada. También puede ser que el emisor, de buena fe, comunique información que cree es la correcta aunque no lo sea.Lo grave ocurre cuando existe la intención de engañar y se hace de modo reiterado.

Cuando el emisor tiene conocimiento de la realidad, pero su discurso no se apega a ésta, ocurre la desinformación mediante el uso de la mentira. Pasemos a los hechos. El Poder Ejecutivo, al inicio de esta gestión criticó duramente a la administración anterior por las “numerosas alzas” aplicadas al servicio de agua potable y afirmó que fueron lesivas para los usuarios.

Sin embargo, a solo año y medio subió los precios de la tarifa entre 15 y 17.5% , alzas ahora consideradas como simples “ajustes”.El anterior director de la Japay y actual alcalde de Mérida ofrece otra información: El incremento total por el servicio del vital líquido fue de 8.5% durante seis años.Es cierto, fueron “numerosas alzas” pero porque ese porcentaje fue paulatino -se aplicó mes a mes- y en términos reales fue muy inferior al que ahora se aplicó. ¿Por qué se habla de un “ajuste” irremediable y necesario cuando la dependencia, según su ex director, fue entregada sin deudas y con $5 millones de superávit mensual?

Otro caso: ¿Por qué hay versiones en torno al avión recién restaurado que quedará al servicio del Poder Ejecutivo? Se dice que fue un avión que dejó la anterior administración, pero un ex funcionario de la misma asegura que es falso. Se habla de $20 millones para la reparación de la aeronave pero otros indican que sólo fueron $8 millones. ¿Por qué no hubo versión oficial hasta que salió a relucir la extraoficial? Otro caso: ¿Por qué hay dos versiones, totalmente diferentes sobre un autobús donado a una escuela de Conkal? La autoridad estatal dice que estaba en buenas condiciones pero los beneficiarios lo desmienten.

¿Con qué intención se divulgan informaciones como éstas? ¿Acaso quienes las emiten no conocen la realidad y por error difunden falsedades? ¿O es que sí la conocen pero de manera deliberada buscan confundir a la sociedad? ¿Son hechos aislados o hay un conjunto de engaños? ¿Desinformación por error o desinformación por mentira? Lo cierto es que tan grave es una como la otra. ¿Seguiremos siendo una sociedad intoxicada con mentiras?

(*) Maestro en comunicación política y mercadotecnia electoral.

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