sábado, 7 de febrero de 2009

Ante un riesgo electoral

Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
Master en Comunicación Política y Marketing Electoral

¿Cómo desenmascarar a un mal candidato?

Cambian las reglas del juego, cambian las estrategias. Cambian los manuales, al menos en México, sobre las formas para diseñar, organizar y ejecutar una campaña electoral.

Partamos de la definición de campaña electoral: “Es un proceso de persuasión intenso, prolongado y controlado, que se realiza en un período precedente a las elecciones, de acuerdo con reglas que restringen sus métodos, tiempos y costos, y que está dirigida a todos o algunos electores registrados en una división territorial, y su propósito es influir en su decisión a la hora de emitir el voto”.

Las campañas son un proceso intenso de comunicación para tratar de convencer a los potenciales votantes sobre cuál es la opción a elegir.

Los manuales contemplan cuatro fases en una campaña electoral: 1. Identificación del candidato (que la gente conozca y valore a los candidatos), 2. Proposición (qué es harían en beneficio de los ciudadanos), 3. Contraste (los partidos y los candidatos ponen de relieve sus atributos propios y las debilidades de los contrarios) y, 4. Cierre (cuando se intensifican sondeos y se presentan como los potenciales ganadores).

Campaña electoral ¿Para elegir a quién o a qué? ¿Al candidato, al partido o a la plataforma? Se trata de decidir entre buenos y malos, y a veces entre malos y peores. ¿Y cómo saberlo? De ahí la gran importancia de la tercera fase de una campaña: la de contraste.

¿Cómo ha variado esta situación y cómo se afecta el proceso de comunicación para una elección?

La fase de contraste se caracterizaba por la llamada “campaña negativa” cuyo objetivo, según los manuales, incluye labores de contra-propaganda, defensa y contestación de ataques. El Manual de Campaña de Mario Martínez Silva y Roberto Saucedo Aquino indica que aquélla: “Busca restar votos a la oposición, más que atraerlos, y de reforzar la imagen propia. Como es más fácil demostrar los vicios de los demás que las virtudes propias, y motiva más el miedo que la esperanza, la campaña negativa es un recurso muy usado para provocar mayor atención a las campañas”.

Este ya era un tema muy debatido desde la irrupción de la mercadotecnia en estos procesos. Aunque muchos no estaban de acuerdo, otros más la defendían como una forma de desenmascarar en público a un mal candidato.

Hoy día, la campaña electoral se ve restringida en la fase de contraste (negativa), ya que la norma que rige las contiendas establece que los partidos y los candidatos deben abstenerse de expresiones que denigren a las instituciones y a los propios candidatos o que calumnien a las personas.

Un ejemplo: “Un candidato X a gobernador propone un proyecto viable y necesario para los ciudadanos”. Los potenciales electores podrían decidir su voto en función de esta propuesta.

Empero, la gran mayoría ignorará que ese candidato ofreció hacer lo mismo cuando fue alcalde, pero no sólo no cumplió, sino que se enriqueció a costa del erario público. Evidentemente estaríamos frente a un mentiroso y corrupto. En suma, la propuesta puede ser buena pero es insuficiente para elegir bien.

Con la reforma se restringió esa posibilidad de desenmascarar en público a malos y pésimos candidatos, quienes ahora bajo el amparo de la ley pueden ofrecer el cielo y las estrellas, aunque luego no sólo no cumplan, sino que además se aprovechen del cargo para enriquecerse ilegítima e ilegalmente.

El origen de esta reforma es que nunca hubo una línea divisoria entre la diatriba indiscriminada y la denuncia legítima entre los partidos y los candidatos, de modo que todos quedaban como rateros, mentirosos y ladrones, lo que confundía aún más a los electores. Ninguno de los extremos es bueno. ¿Ahora, cómo saber quiénes son en realidad los que salen a pedir el voto? ¿Se colarán más fácilmente los mentirosos, corruptos y violadores de la ley? Esta es mi opinión personal.

Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
Master en Comunicación Política y Marketing Electoral

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