sábado, 16 de mayo de 2009

Hablemos de “guerra sucia”

Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
Master en Comunicación Política y Marketing Electoral

No confundamos los términos


Constantemente leemos y escuchamos declaraciones de líderes y funcionarios del PRI quejándose de una dizque “guerra sucia” en su contra, a consecuencia de las críticas que se hacen en su contra, en un claro caso de confusión de gimnasia con magnesia.

¿Qué es guerra sucia?, y ¿Quiénes fueron los que la encabezaron? En México se conoce como “guerra sucia” a las medidas de represión militar y política encaminadas a disolver los movimientos de oposición política y armada contra el Estado mexicano que, en ese entonces, era encabezado precisamente por el Partido Revolucionario Institucional bajo los regímenes de Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría Alvarez.

El México la guerra sucia comprende desde el final de la década de los sesentas y hasta finales de los setentas. Comienza con la represión militar contra el Movimiento Estudiantil de 1968 ¿se acuerdan?, se recrudece en 1972 y concluye con la Reforma Política de 1977, mediante la cual se reconoce la existencia del Partido Comunista Mexicano y del Partido Mexicano Socialista, mismos que habían sido proscritos por el gobierno mexicano.

En ese lapso operaron unos 29 grupos guerrilleros en el país, siendo la Liga Comunista 23 de Septiembre la organización guerrillera más importante del país, y contaba con militantes en varias ciudades importantes.

La marginación y la desigualdad que se vivían en Guerrero generaron una serie de movimientos sociales que propiciaron el surgimiento de grupos guerrilleros armados. Quienes detentaban el poder político, en lugar de responder a las necesidades de la gente, abanicaron las condiciones para el surgimiento de los grupos armados.

Más que una guerra en sí con movilización de tropas, ocupación de terrenos enemigos y enfrentamientos armados entre ejércitos, se trató de un situación permanente de movilización del ejército contra la guerrilla.

El adjetivo de "sucia" fue por las acciones con que los regímenes trataron de combatir a los insurgentes mediante matanzas colectivas en las comunidades que apoyaban al movimiento, desapariciones forzadas de los familiares de los simpatizantes o combatientes, torturas y asesinatos.

Entonces, ¿qué tiene que ver la “guerra sucia” con la propaganda electoral que saca a relucir ciertos pasajes oscuros de ciertos candidatos?

Una de las quejas más reiteradas y absurdas han provenido precisamente del líder estatal del PRI, quien afirmó que incluso ya estaba documentando una denuncia por “guerra sucia” contra su partido, por la presentación de un vídeo que está firmado por el candidato que lo presenta, y en el que no se mencionan nombres de personas ni de instituciones políticas.

No confundamos términos. Una cosa es la propaganda negativa, como la llaman los manuales modernos de campañas electorales, o propaganda negra como se le conoció en los tiempos de Adolfo Hitler, y cuya función es la de distorsionar con ficciones el mensaje del enemigo. La propaganda de esta índole por lo general es anónima y halla como principal canal el rumor.

Sacar a relucir las verdades históricas de un candidato o del partido que representa y decirlo de frente, no es ni propaganda negativa y mucho menos “guerra sucia”. Lo que la ley prohíbe es la calumnia, por ello los mismos manuales establecen que lo que no es ético es inventar hechos e imputarlos a las personas o a las instituciones con la intención de desacreditar gratuitamente. Pero nos debe quedar claro no es “guerra sucia” sino propaganda negativa o propaganda negra.

Cada profesión o actividad tiene su propia terminología. Los abogados entienden que una suspensión provisional no es lo mismo que un amparo de fondo, aunque en términos convencionales lo primero en realidad es una especia de amparo provisional. Los políticos deben conocer el significado real de los conceptos. Hablar de guerra sucia cuando no la hay, es no conocer nuestra historia política o ¿Será que por razones sobradas no se quieren acordar?

Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
Master en Comunicación Política y Marketing Electoral

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