Master en Comunicación Política y Marketing Electoral
Sin mayoría y sin democracia
El hecho de que el PRI haya incurrido en todas y cada una de las artimañas para ganar elecciones no es motivo de sorpresa, como tampoco es novedoso que sus dirigentes y gobernantes las nieguen y que incluso digan que tienen una “nueva actitud”. Lo que si sorprende es que todos coincidan en que, efectivamente, se usaron abundantes recursos públicos en violación a los topes de campaña, y que se acepte como algo “normal”.
La maquinaria electoral resurgió bien aceitada con el dinero de todos y cada uno de los yucatecos y de los mexicanos, y aún así hay quienes afirman que fue una “elección transparente, participativa y tranquila”.
¿A alguien le queda alguna duda sobre la operación de la “ola roja”? ¿A poco alguien puede creer que los vestidos de rojo actuaron por voluntad propia? Los mismos priistas admiten públicamente que su trabajo implica un pago.
Saque sus cuentas y tendrá un idea de cuánto nos costó a los yucatecos dar al PRI el “carro completo” con menos de la tercera parte de la lista nominal. Los gastos excesivos se iniciaron desde la precampaña, continuaron en la campaña y se incrementaron en la jornada electoral.
No ha habido una sola persona, con un mínimo de sentido común, que no diga que los topes de campaña -de poco más de $800,000 para cada candidato-, fueron rebasados hasta 10 veces por los rojos.
¿Se nos olvida que la titular del Ejecutivo cobra su sueldo del erario y que, por tanto, su participación activa en las campañas también representó un gasto de todos los yucatecos? La señora cobra para servir a todos los yucatecos, no para hacer campaña.
Ya veremos cómo nuevamente se disparan los gastos en gasolina y en otros rubros de las diferentes dependencias públicas estatales y luego nos dirán que es porque “trabajan más”.
¿Cómo presumir que en Yucatán hubo una elección democrática y poner como “prueba” el hecho de que la “participación” haya sido superior a la media nacional? ¿En que cabeza cabe hacer esta afirmación cuando la realidad es que se trató de una participación forzada y comprada?
Y pesar de todo el gasto de dinero público –del dinero de todos- en las pasadas elecciones, el PRI obtuvo el 27% de los 1.2 millones de electores registrados en la lista nominal, lo que significa que un 73% de posibles votantes no se manifestó a favor de ese partido. De esta cifra el 44% decidió no participar, el 3.5%, voluntariamente o no, anuló su voto y el resto sufragó por los otros partidos.
A lo anterior habría que añadir otro amplísimo segmento de ciudadanos que siendo mayores de edad no votaron porque ni siquiera están registrados en el padrón. En Yucatán ya somos casi 2 millones de habitantes, de modo que, aún quitando a quienes por alguna causa están impedidos de votar, el porcentaje de aval al PRI se reduce de manera drástica.
Si, por lo menos, el PRI hubiese obtenido el voto del 51% de la lista nominal, y lo hubiese hecho sin recurrir a presiones, a estructuras pagadas con dinero público y sin participación directa de autoridades, entre otras cosas, entonces estaríamos hablando de que en realidad hay un partido que, con todas las de la ley y de la política, obtuvo la mayoría de los sufragios. ¿Hubo algo de esto?¿Hay algo que presumir?
Lo único que tiene que presumir el PRI es que demostró nuevamente que es una maquinaria electoral capaz de arrasar, sin importar los medios que tenga que utilizar para lograr sus objetivos. ¿Pero esto es digno de presumir? Con un 44% de ciudadanos que decidieron no participar, la ganadora de la contienda pasada fue la abstención.
Pero no le echemos toda la culpa al PRI, porque esa es su naturaleza. Los que debemos cambiar somos los panistas. Cada quien tendría que preguntarse ¿Qué es lo que estoy dispuesto a hacer por mi partido?
Y mientras algunos panistas siguen buscando culpables y generando mayores conflictos internos, la maquinaria priista sigue más viva que nunca, gracias a nuestros impuestos, con mirada puesta en la capital del Estado. De seguir así en menos de un año ¿seguiremos buscando culpables? ¿Por qué no mejor busamos soluciones?
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