Master en Comunicación Política y Marketing Electoral
Influenza y prácticas antidemocráticas
Las elecciones de ayer domingo se llevaron al cabo en medio de dos epidemias: la influenza y las prácticas antidemocráticas del partido en el gobierno, de modo que los ciudadanos que salieron a votar de manera libre —no me refiero a quienes lo hicieron de manera condicionada o coaccionada— hicieron frente a un doble reto y a una doble adversidad.
En relación con la primera, las recomendaciones de un epidemiólogo de la UADY, publicadas en el Diario para que la gente acuda a votar cuidándose del contagio, y un acuerdo de la Secretaría de Salud federal para que los afectados con esa enfermedad voten con medidas de seguridad, fueron las únicas acciones que se conocieron tendientes a evitar un mayor brote. Del Poder Ejecutivo del Estado nada, absolutamente nada.
Por más que busqué en las declaraciones de la titular del Ejecutivo local publicadas ayer en el Diario cuando habló de la jornada electoral, no hallé una sola expresión relacionada con la epidemia y las medidas de precaución que se deberían adoptar.
Cuando se refirió a las medidas de seguridad lo hizo única y exclusivamente a las relacionadas con la actuación de las policías y del Ejército para salvaguardar los consejos distritales y garantizar que lleguen bien los paquetes electorales.
Sobre la influenza, cero, nada, ni siquiera una mención respecto al convenio anteriormente señalado para que los enfermos de influenza acudan a votar.
La pregunta queda en el aire: ¿En verdad fueron suficientes las recomendaciones públicas de un especialista para que la gente se conduzca como acertadamente sugería? ¿La salud pasó a segundo término? Aquí el problema es que para la autoridad estatal simplemente no pasa nada. Como si esta peligrosa enfermedad no existiera. Ya pasaron dos semanas sin que se conozca cuál es la realidad de la misma.
En relación con la segunda epidemia, tan grave y tan dañina como la primera, observamos el “rebrote” de prácticas antidemocráticas. Hechos notorios que estuvieron a la vista y que muchos los estuvieron padeciendo en carne propia; empero, la autoridad estatal adoptó la misma postura que la asumida respecto a la influenza: “No pasa nada“. Según ellos, sólo se trata de rumores, de denuncias infundadas, de un ánimo de generar conflictos.
Agentes de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) se la pasaron deteniendo y reteniendo a todo lo que suene y huela a oposición, sobre todo del PAN. Como si fuera delito transportar material electoral de los partidos, como si fuera delito llevar camisetas o repartir un semanario.
Lo “curioso” es que la “acción de la justicia” se activó con todo el celo proteccionista del mundo única y exclusivamente contra personas que no fueran priistas. No hubo un solo caso, ni uno solo, de algún priista que haya sido detenido o retenido por cometer hechos similares o todavía peores.
Esta epidemia política encuentra las condiciones favorables para crecer y reproducirse de manera veloz mediante el clientelismo, que es posible gracias al uso de los recursos públicos.
No hay obra pública, ni mejoras en los hospitales, ni atención a las contingencias económicas y sanitarias, pero sí muchos cobertores —incluso para quienes ya han fallecido—, hay chamarras y zapatos para niños y adolescentes, hay alambres de púas para los campesinos y abundante cerveza para los jóvenes estudiantes.
Es triste decirlo, pero hay mucha gente, sobre todo la más humilde, que todavía se siente agradecida con la dádiva, pero no seda cuenta del deterioro económico, político, social y cultural que se está causando a Yucatán
Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
Master en Comunicación Política y Marketing Electoral
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