sábado, 26 de septiembre de 2009

Fruto de la ineficiencia oficial


Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
Master en Comunicación Política y Marketing Electoral

El millonario préstamo

Cualquier organización, pública o privada, debe considerar la “viabilidad económica”, que consiste en evaluar que recursos económicos se requieren, con cuales se cuentan y cómo generar los faltantes.
Viabilidad económica para actuar de acuerdo con lo que hay en las arcas. Ninguna organización será sana si gasta más de lo que ingresa.
En el caso de los gobiernos, sean municipales, estatales o federales, siempre serán insuficientes los recursos para atender y solucionar todos los problemas. Por ello se requieren gobiernos eficaces que sepan atender lo urgente y lo importante.
Cuando lo que se tiene no es suficiente para desarrollar los proyectos urgentes, las administraciones puede obtener recursos de las siguientes formas:
a) Reducción de costos mediante mejoras en la eficiencia interna; b) Apoyo de organizaciones externas locales, nacionales o internacionales (donaciones, convenios, pactos, etc.); c) Mejoras en la recaudación de impuestos, y
d) Incremento en las tasas o impuestos, y e) Préstamos.
Eficiencia interna. Se trata de eliminar todo aquello que no contribuya al desarrollo estratégico de un estado o municipio. Además del beneficio económico directo, hay otros más importantes: el contribuyente siente que sus recursos son administrados de modo eficiente.
En otras palabras es menester dejar de gastar en rubros que no representan impacto positivo para el bienestar de la sociedad.
Esta administración no sólo no ha buscado la eficacia y eficiencia, sino que incluso ha generado burocracia innecesaria. Podemos mencionar los casos de la Comey, la Comisión de regulación costera, la Secretaría de la Juventud y el Instituto Estatal de Combate a la Corrupción.
Es obvio que las finanzas estatales se iban a desfondar con tanta fuga de dinero en gasto corriente (sueldos, aguinaldos, prestaciones, etc.)
Además, hay otras fugas de dinero destinado a mantener a la “ola roja“, a pagos a Televisa, a campañas electorales, etc. Eliminar los desperdicios y tapar las fugas, debieron ser las primeras acciones antes de endeudar a los yucatecos.
Apoyos externos. Éstos podrían obtenerse de organizaciones intermedias, de grandes empresas o de emporios internacionales.
Pero antes de aspirar a estos apoyos, primero hay que demostrar eficiencia y que los recursos serán destinado a proyectos de desarrollo no para campañas, para dádivas o para gasto corriente.
Mejor recaudación. Se trata de aumentar la base de contribuyentes y disminuir la evasión fiscal. La recaudación tiene un problema de fondo. No puede haber más contribuyentes -independiente de los evasores- porque no hay generación de empleo y, por ende, no hay generación de impuestos. Todo el presupuesto se gasta de programas asistencialistas; es decir, puro fondo perdido.
Mayores impuestos. Que viene a ser la vía más impopular, sobre todo cuando los ciudadanos no perciben que sus recursos son administrados correctamente.
Ejemplos: en vez de combatir la pobreza se juegan apuestas, se mantiene una “ola roja”, se hacen informes ciudadanos, se promociona a una persona, etc. Y esto de subir impuestos puede costar muchos votos.
Préstamos. La salida más “fácil” pero que enreda y compromete más a una administración por los riesgos que implica el pago de intereses, la forma en que se devolverá, los plazos, etc.
En suma, antes de adquirir una deuda o subir impuestos una administración debería ser eficiente, buscar apoyos externos y mejorar su recaudación, de lo contrario, lo más seguro es que tendrá que recurrir, más temprano que tarde, a otros prestamos. Y nos faltan todavía tres años.
Ciudadanos, partidos políticos y empresarios ya solicitaron que se aclare en qué se invertirán los casi $1,900 millones autorizados por la bancada priista al Ejecutivo local, pero los días siguen pasando sin que nadie escuche ni responda.

Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
Master en Comunicación Política y Marketing Electoral

domingo, 13 de septiembre de 2009

Lección sobre política

Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
Master en Comunicación Política y Marketing Electoral

Universidad de la vida

¿Es necesario tener un título universitario para ser buen político? ¿Son necesarias las maestrías y los doctorados? En sentido estricto, de acuerdo con apuntes de varios autores sobre comunicación política, simplemente no.
La política, como lo escribí la semana pasada, se reduce a tres factores fundamentales: negociación -entendida como diálogo permanente para llegar a acuerdos-, postura ética -legitimidad en la intención y en la acción- y comunicación -para entender contextos, ser eficaces y capitalizar logros, no para manipular-.
También mencioné que nadie puede ser obligado a actuar con base en estos factores, sino que tiene que provenir del propio individuo. Lo que debe quedar claro es que cuando falla alguno de esos factores el ejercicio de la política -que no de la antipolítica- se ve reducido y afectado.
Ejemplos hay muchos. Pero quiero referirme a uno en particular que dejó huella en mi persona y que confirma las afirmaciones anteriores.
Fernando Mena Marrufo, quien fuera alcalde de Panabá durante el trienio 2004-2007, y quien ni siquiera tenía los estudios de educación primaria -y que luego consiguió con mucho esfuerzo, durante su mandato- con sencillez y sentido común, dejó una lección sobre lo que es la política.
Por increíble que parezca, su inspiración para zanjar diferencias que tenía con una integrante del cabildo fueron unas tiras cómicas de Popeye. ¡Aunque usted no lo crea!
Durante los primeros meses, el entonces alcalde, según me contó, se sentía golpeado políticamente por esa persona. En una ocasión, relató, leí que Oliva y Popeye se subieron al ring y que, éste dada su fortaleza física y su condición de hombre, no podía responder a los golpes de aquélla.
La encrucijada era: o respondía y noqueaba a Oliva de un solo golpe o seguía aguantando la golpiza de la mujer. Si hacía lo primero, todo mundo lo criticaría por abusivo, y si optaba por lo segundo pues tampoco saldría bien librado.
¿Cómo resolvió Popeye este problema? No respondió a los golpes, pero tampoco quiso recibir más y optó por adoptar una postura diferente: ¡le regaló una flor!, y con ello se acabaron los golpes y en vez de críticas el marinero cosechó aplausos.
¡Algo similar fue lo que hice !, exclamó “Potón” -como le dicen al ex alcalde- y gracias a ello, ahora -en ese entonces-, ambos podemos trabajar mejor. Lo que hizo don Fernando fue incluir a la funcionaria en sus decisiones y en sus planes. ¿Qué hubiera pasado sin en vez de incluir el ex funcionario hubiese radicalizado su postura? Muy sencillo: jamás hubiera conseguido la gobernabilidad interna.
Es fácil advertir, en este colorido caso, cómo la política se hizo presente: hubo postura ética del ex alcalde porque actuó con sinceridad, hubo negociación y llegaron a acuerdos, y desde luego la comunicación entre ambos mejoró.
Sin embargo, también es impórtate hacer notar que la contraparte del ex alcalde también tuvo el mérito de aceptar la propuesta para trabajar de manera coordinada, porque la política son relaciones humanas y requiere de la conjunción de voluntades. Es cosa de entendimientos.
Desde luego, para conseguir resultados duraderos debe mantenerse vigente la acción política, de lo contrario lo poco o mucho que se consiga puede caerse en sólo unos minutos. Ignoro si se mantuvo esa relación política genuina entre ambos funcionarios, pero lo que sí sé es que “Potón”, sin títulos universitarios, dio una lección política que merece ser conocida.
En contraste, vemos a muchos que se creen “zorros” de la política sólo porque han aprendido cómo fastidiar al prójimo por interpósita persona. Como fulan@ me hizo, entonces yo le devolveré el doble, y será con la sonrisa en los labios. Después diré que no tengo nada que ver y que ni me reclamen nada.
Si no hay postura ética, no hay diálogo, y no hay comunicación, entonces no hay política. Empero, hoy día, el político también debe ser un buen administrador para lo cual sí se requieren conocimientos técnicos.

Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
Master en Comunicación Política y Marketing Electoral

lunes, 7 de septiembre de 2009

Una sociedad sin política

Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
Master en Comunicación Política y Marketing Electoral

Realidad y utopía

“Es que la política es así”, ¿cuántas veces hemos escuchado esta frase cuando alguien intenta “justificar” un abuso de autoridad, una traición, un acto de cinismo, una incongruencia, una persecución, una ineptitud o una ilegalidad.Es lamentable que la gente siga hablando en este sentido pero lo es más que los políticos sigan ganándose el desprestigio sin mucho esfuerzo. Acciones o actuaciones como las mencionadas en el párrafo anterior son exactamente lo que no debería ser la política.La política, como escribí en otra aportación, tiene como fin último lograr el desarrollo armónico y sustentable de la sociedad. ¿Y cómo sería posible esto? Los expertos señalan tres factores fundamentales: negociación, comunicación y, uno muy raro, postura ética.Negociación para llegar a acuerdos, pero sin agendas ocultas ni hipocresías (postura ética) y comunicación para capitalizar los logros obtenidos en beneficio de los ciudadanos, no para manipularlos.Nadie, absolutamente nadie, puede ser obligado a hacer alguna de esas tres tareas; por lo tanto, la acción política es algo muy intrínseco al ser humano. Es una cuestión de cultura que refleja de manera clara la educación de un conglomerado.Es triste, pero los mexicanos —los yucatecos en particular— no vivimos en un estadio de política. Cuántas veces no hemos escuchado frases como: “¡Les guste o no, tienen que estar conmigo!” y “Al que no le parezca, que se vaya”. Todos los días observamos posturas radicales e infranqueables que impiden el diálogo y, por ende, menos el consenso.Como están las cosas, lo que hoy día se conoce como “política” en realidad lo podemos definir como “el arte de fastidiar al prójimo con desparpajo, sin importar violar la ley” ¿Es esto la política? No, rotundamente no. Es antipolítica.Desde hace mucho encuestas nacionales y locales siguen revelando una realidad: más del 90% de los ciudadanos cree que los políticos son corruptos.“Cuando un político prometa que no aumentará tal bien o servicio, da por hecho que ocurrirá”, me comentaban hace muchos años ¡y efectivamente ocurría y sigue ocurriendo! Y los políticos siguen jurando y perjurando que son transparentes, pero cuando les llega la oportunidad de demostrarlo nomás buscan salidas absurdas.“Es que el buen político es el que sabe comer desechos y vomitar perfume”, lo que significa que el “buen político” tiene que mostrar su cara de hipócrita, aunque en el fondo no esté de acuerdo con determinada postura. En la “política” real no puede haber sinceridad, porque cuando actúas así estás perdido. Pero tan errado está el que impone como el que falsamente “acepta” la imposición.“Calladito te ves más bonito”, otra de las frases de nuestra triste forma de ejercer política. Significa que nadie tiene derecho a disentir porque te puedes hacer acreedor a una venganza. Entonces, ¿cómo puede hablarse de política si todos tienen la “obligación” de pensar igual? Absurdo pero real.Esta forma de pensar imposibilita que nuestro México deje de ser un país “en vías de desarrollo”. Uno hace como que escucha y otro como que oye, y ambos hacen como que llegan a acuerdos. Esto en el “mejor de los casos”, porque la mayoría de las veces ni siquiera se toman la molestia de simular diálogo.Y los ciudadanos también tienen parte de culpa en la debida proporción, porque es errónea la idea de que la política sólo es de los políticos. Los ciudadanos tienen derecho a opinar, a disentir, a exigir y a proponer. Esto daría sentido verdadero a la política. Pero la gente se la pasa quejándose y permitiendo que grupos reducidos de élite hagan y deshagan en su daño y perjuicio.“Es que la política es así”. ¿Será que algún día cambiemos esta frase por otra como “Es que la política no debe ser así” o una todavía mejor: “Es que la política no es así”. Si no podemos cambiar el quehacer arcaico de la mal llamada política, por lo menos deberíamos admitir que la política no es traición, no es engaño, no es venganza, no es ilegalidad y no es cinismo, sino todo lo contrario. ¿Utópico? Que cada quien saque sus propias conclusiones.— Mérida, Yucatán.

Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
Master en Comunicación Política y Marketing Electoral