Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
Master en Comunicación Política y Marketing Electoral
Realidad y utopía
“Es que la política es así”, ¿cuántas veces hemos escuchado esta frase cuando alguien intenta “justificar” un abuso de autoridad, una traición, un acto de cinismo, una incongruencia, una persecución, una ineptitud o una ilegalidad.Es lamentable que la gente siga hablando en este sentido pero lo es más que los políticos sigan ganándose el desprestigio sin mucho esfuerzo. Acciones o actuaciones como las mencionadas en el párrafo anterior son exactamente lo que no debería ser la política.La política, como escribí en otra aportación, tiene como fin último lograr el desarrollo armónico y sustentable de la sociedad. ¿Y cómo sería posible esto? Los expertos señalan tres factores fundamentales: negociación, comunicación y, uno muy raro, postura ética.Negociación para llegar a acuerdos, pero sin agendas ocultas ni hipocresías (postura ética) y comunicación para capitalizar los logros obtenidos en beneficio de los ciudadanos, no para manipularlos.Nadie, absolutamente nadie, puede ser obligado a hacer alguna de esas tres tareas; por lo tanto, la acción política es algo muy intrínseco al ser humano. Es una cuestión de cultura que refleja de manera clara la educación de un conglomerado.Es triste, pero los mexicanos —los yucatecos en particular— no vivimos en un estadio de política. Cuántas veces no hemos escuchado frases como: “¡Les guste o no, tienen que estar conmigo!” y “Al que no le parezca, que se vaya”. Todos los días observamos posturas radicales e infranqueables que impiden el diálogo y, por ende, menos el consenso.Como están las cosas, lo que hoy día se conoce como “política” en realidad lo podemos definir como “el arte de fastidiar al prójimo con desparpajo, sin importar violar la ley” ¿Es esto la política? No, rotundamente no. Es antipolítica.Desde hace mucho encuestas nacionales y locales siguen revelando una realidad: más del 90% de los ciudadanos cree que los políticos son corruptos.“Cuando un político prometa que no aumentará tal bien o servicio, da por hecho que ocurrirá”, me comentaban hace muchos años ¡y efectivamente ocurría y sigue ocurriendo! Y los políticos siguen jurando y perjurando que son transparentes, pero cuando les llega la oportunidad de demostrarlo nomás buscan salidas absurdas.“Es que el buen político es el que sabe comer desechos y vomitar perfume”, lo que significa que el “buen político” tiene que mostrar su cara de hipócrita, aunque en el fondo no esté de acuerdo con determinada postura. En la “política” real no puede haber sinceridad, porque cuando actúas así estás perdido. Pero tan errado está el que impone como el que falsamente “acepta” la imposición.“Calladito te ves más bonito”, otra de las frases de nuestra triste forma de ejercer política. Significa que nadie tiene derecho a disentir porque te puedes hacer acreedor a una venganza. Entonces, ¿cómo puede hablarse de política si todos tienen la “obligación” de pensar igual? Absurdo pero real.Esta forma de pensar imposibilita que nuestro México deje de ser un país “en vías de desarrollo”. Uno hace como que escucha y otro como que oye, y ambos hacen como que llegan a acuerdos. Esto en el “mejor de los casos”, porque la mayoría de las veces ni siquiera se toman la molestia de simular diálogo.Y los ciudadanos también tienen parte de culpa en la debida proporción, porque es errónea la idea de que la política sólo es de los políticos. Los ciudadanos tienen derecho a opinar, a disentir, a exigir y a proponer. Esto daría sentido verdadero a la política. Pero la gente se la pasa quejándose y permitiendo que grupos reducidos de élite hagan y deshagan en su daño y perjuicio.“Es que la política es así”. ¿Será que algún día cambiemos esta frase por otra como “Es que la política no debe ser así” o una todavía mejor: “Es que la política no es así”. Si no podemos cambiar el quehacer arcaico de la mal llamada política, por lo menos deberíamos admitir que la política no es traición, no es engaño, no es venganza, no es ilegalidad y no es cinismo, sino todo lo contrario. ¿Utópico? Que cada quien saque sus propias conclusiones.— Mérida, Yucatán.
Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
Master en Comunicación Política y Marketing Electoral
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