sábado, 24 de octubre de 2009

Brutalidad policiaca recurrente

Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
Master en Comunicación Política y Marketing Electoral

Reacciones de la sociedad

En el transcurso de la semana ocurrieron hechos relacionados con la seguridad pública que deben ser materia de reflexión. Nuevamente leemos noticias relacionadas con el abuso de autoridad y particularmente con la brutalidad policíaca.

Estos hechos suscitaron actitudes de los ciudadanos -que quizá hace algún tiempo no se hubieran manifestado, pero que ya son una realidad- como una reacción ante los reiterados abusos policíacos.

Un ejemplo de brutalidad oficial es el sonado caso del trailero, quien según versiones de testigos y de la propia Comisión Estatal de Derechos Humanos, fue amenazado con que le dispararían si no salía del vehículo, luego fue sometido por siete policías no obstante que se había tirado al suelo con las manos en la cabeza, y por si fuera poco, además fue torturado con descargas eléctricas acompañadas de un amplio repertorio de insultos.

La queja del chofer, según Derechos Humanos, fue calificada como violación a los derechos a la libertad, a la seguridad jurídica, a la integridad y a la seguridad personal. Nada, absolutamente nada justifica esa actuación policiaca, aún tratándose del peor delincuente, y mucho menos si el accidente pudo ocurrir a consecuencia de errores propios de los agentes.

Además de que son ilegales porque vulneran la garantía del libre tránsito, al parecer los retenes no cumplen con los requisitos necesarios para evitar accidentes, como lo declaró un funcionario de la Dirección de Transporte del Ayuntamiento de Mérida.

No obstante lo anterior, la dependencia involucrada los considera “efectivos”. Pero faltó decir efectivos contra quienes. Hasta hoy no se sabe cómo fue que varios vehículos pudieron circular por todo el periférico con 11 cadáveres decapitados que luego fueron arrojados en una hacienda al norte de la ciudad, hace algunos meses..

Es cierto que los retenes podrían ser un mal necesario ya que ayudarían a bajar el índice de accidentes, lo malo es que su funcionamiento ha sido desvirtuado y se han convertido en centros de abusos oficiales contra los guiadores.

Cuando los abusos son recurrentes comienzan generarse reacciones de la sociedad para tratar de evitarlos, como ocurre con la creación de redes electrónicas que se han implementado, y que se han convertido en un “dolor de cabeza” para la SSP.

Pero las reacciones sociales a los abusos pueden ser mucho más drásticas como ocurrió en el caso de los agentes judiciales y de la SSP que fueron apedreados cuando intentaron detener, en pleno funeral, a una persona en el cementerio de Konchem.

Nada justifica este tipo de acciones. Cierto que los agentes estaban cumpliendo con su trabajo, pero también lo es que deben hacerlo con prudencia y con respeto a las personas.

La autoridad se gana con respeto a la ley y sobre todo a los ciudadanos. ¿Cómo es posible que los agentes no hayan meditado acerca del trance emocional en que se encontraban los deudos en un evento doloroso como para hacer una demostración de fuerza?

Otro caso que dio a conocer el Diario fue el relacionado con la detención de un invidente que al parecer también ocurrió con lujo de violencia, sólo que en manos de la Policía Municipal. Es increíble que los ciudadanos estemos a merced de atropellos de quienes deberían protegernos.

También el Diario dio cuenta del caso de una persona que fue detenida y remitida a los juzgados por el supuesto robo de un cierre de $10 y que luego fue liberado por falta de elementos.

Por supuesto que nadie quiere que la delincuencia crezca, por supuesto que los policías tienen que actuar y hacerlo de manera firme, pero no violando derechos, pero no abusando, pero no aprovechándose del uniforme y de la placa.

Mucha gente comenta que la sola presencia de una patrulla es motivo de angustia. Ya no sabes a quien temerle más a los delincuentes o a los policías.

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