Master en Comunicación Política y Marketing Electoral
En varias ocasiones he escrito diferentes artículos sobre la gestión de las crisis públicas, una disciplina por demás apasionante, ya que quien comprende el significado de estos conceptos puede avanzar hacia mejores estadios de entendimiento.
Cuando una institución cae en crisis prácticamente queda como un rompecabezas desbaratado, de modo las piezas quedan desperdigadas por todos lados. Resolver una crisis política es igual que armar un juego con estas características.
Algo similar es lo que sucedió al Partido Acción Nacional: primero vino el seccionamiento del bloque, se empezó a dividir en diferentes piezas poco a poco fueron quedando separadas y finalmente se esparcieron.
El buen gestor de crisis como el buen armador de rompecabezas debe entender que en todos los casos necesitará de todas las piezas, porque ante la falta alguna de ellas, es claro que quedará un vacío.
Salvador Vitelli Macías, precandidato del PAN a la alcaldía de Mérida, se ha dado a la tarea de buscar la mayor cantidad de piezas de aquél bloque tan firme que era el PAN cuando tuvo la capacidad y las competencias para ganar espacios de poder.
El que arma rompecabezas sólo tiene que darse a la tarea de buscar las piezas faltantes o perdidas e insertarlas en el lugar que les corresponde, el que gestiona crisis hace lo mismo, pero con la diferencia de que piezas son seres humanos con sentimientos y con emociones.
Estoy seguro que Salvador Vitelli entiende a la perfección que como buen armador de rompecabezas, en el PAN todas las fracciones son importantes. Hasta ahora ha logrado importantes avances, pero aún falta mucho por hacer.
A lo largo de esta breve precampaña, este joven empresario ha demostrado un liderazgo digno de reconocimiento ya que ha logrado lo que para muchos parecía imposible: sumar piezas que cuyos contornos parecían ya inajustables entre unos y otros.
Amigos panistas, activos y adherentes, la unión de todas las piezas sólo es posible, en términos políticos o de relaciones humanas, en la medida en que podamos hacer vigente el legado de Manuel Gómez Morín: “Por una Patria Ordenada y Generosa, y una vida mejor y más digna para todos”.
Todos los “ismos” que vinieron a formar parte de la “onda grupera” tendrían que aglutinarse en uno solo denominado panismo. Y esto alguien, en algún momento, lo tenía que hacer.
El valor del perdón
Para muchos políticos pedir perdón es mostrar un síntoma de debilidad. Nada más equivocado. Pedir perdón y hacerlo públicamente con un sentido ético –es decir, hacerlo con sinceridad - debe ser considerado una gran fortaleza.
La sociedad ha dejado de creer en los políticos precisamente porque éstos quieren mostrarse como los infalibles, como los dioses que nunca se equivocan, no obstante que sus errores y horrores son tan evidentes que rayan en el cinismo y en la torpeza.
¿Es que los políticos no se dan cuenta que son tan seres humanos y tan mortales como cualquiera? ¿Acaso no hay ser humano que se equivoque? ¿Por qué lanzar la primera piedra si no estamos libres de pecado? ¿Es que no tienen derecho a rectificar los que se equivocaron?
¿Cuántas veces hemos escuchado a un político o a una autoridad pedir perdón? Ya ni siquiera se ofrece la expresión de “usted disculpe” a las personas que razón ni justificación alguna son detenidas y privadas de su libertad.
“Nunca digas que te equivocaste porque se van a burlar de ti” o “No des marcha atrás en lo malo que hiciste porque harás que te vean débil y eso no conviene”. Me parece que esta práctica de pedir perdón debería ser más frecuente, siempre que se haga con sinceridad.