Master en Comunicación Política y Marketing Electoral
Anticipar una derrota del PAN por el simple hecho de que habrá una contienda interna, puede ser consecuencia de la falta de conocimiento de la historia de este instituto político, cuya esencia fundamental es la de ser democrático.
Ciertas voces indican que el PAN sólo ganará unido. Es cierto, pero ¿qué debemos entender por unidad? La unidad política no es algo que se deba imponer bajo la consigna de “te sumas porque te sumas”, sino que es un valor que se tiene que construir mediante el respeto a todos los contendientes.
La unidad se alcanza cuando las autoridades o árbitros de la contienda demuestran —sin lugar a dudas— una actuación imparcial, justa y equitativa.
La unidad en la política se logra cuando los contendientes compiten en igualdad de circunstancias y de oportunidades: los mismos recursos, los mismos espacios y las mismas deferencias.
La unidad no se impone, sino que se edifica en la medida en que los participantes están en plena disposición de dialogar de manera permanente.
La unidad es más fácil de ser generada cuando todos, autoridades y contendientes, respetan las reglas del juego.
La unidad política se obtiene cuando todo el proceso de elección se desarrolla con transparencia.
Incluso me atrevería a decir que la unidad viene por sí sola, cuando hay congruencia entre lo que dicen y lo que hacen todos los agentes que intervienen en el quehacer político.
Por tanto, la división partidaria jamás será consecuencia del simple hecho de que haya una contienda interna. La división se hace presente en la medida en que se dejen de cumplir alguno, algunos o todos los puntos anteriormente señalados.
No hay que preocuparse por la participación, hay que ocuparse para que el proceso se desarrolle con limpieza, equidad, justicia, transparencia y, desde luego, mediante el diálogo entre todos los agentes involucrados.
Por supuesto que el PAN gana unido, de eso no nos debe quedar la menor duda, pero la unidad no puede ni debe ser forzada.
Que haya una contienda democrática interna en el PAN debe ser motivo de orgullo para quienes se consideran panistas, ya que es la manera más civilizada que tiene la humanidad para la toma de decisiones. Es la esencia de la democracia: ¡que gane quien obtenga la mayoría! La unidad es el resultado más tangible y esencial de la política. Y cabe recordar que los tres factores fundamentales del quehacer político son: la negociación (entendida como la capacidad de llegar a acuerdos), la comunicación y principalmente la postura ética (la capacidad de actuar con valores).
Cualquier esquema de “unidad” —así entre comillas— al estilo priista, que no sea consecuencia del diálogo y la negociación, es ficticio porque en realidad hablamos de un esquema de imposición o de cooptación.
Tomando en consideración las reflexiones anteriores, es fácil advertir que la unidad —derivada de acuerdos— es responsabilidad no de uno solo de los agentes, sino de todos los que intervienen en un proceso electoral interno. Cada quien tiene una responsabilidad que cumplir.
Hoy día, en Mérida hay dos contendientes panistas y así como ambos merecen respeto y tienen derecho a competir con las mismas oportunidades, también tienen las mismas obligaciones de respetar las reglas del juego.
¡Bienvenida sea la contienda democrática!, porque gracias a ésta el PAN tiene enfrente la enorme y valiosa oportunidad de marcar la diferencia entre la unidad impuesta —mejor conocida como “dedazo”—, al estilo del PRI, y la unidad legítima, derivada de un proceso de elección limpio al estilo del PAN.
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