sábado, 27 de febrero de 2010

La peor crisis del corazón

Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
Master en Comunicación Política y Marketing Electoral

Marca con daños visibles


Los sucesos acontecidos el sábado 20 pasado, relacionados con una manifestación social en la que 8,000 ciudadanos expresaron, mediante chiflidos y abucheos, su rechazo a la titular del Ejecutivo, son dignos de estudio y análisis político.

Se trata de un caso de crisis política, la más profunda en la que de modo público y abierto se ha visto envuelta la titular del Ejecutivo desde que asumió el cargo hace tres años en agosto de 2007.

A lo largo de este tiempo el Diario ha dado cuenta de una serie de hechos suscitados por excesos e irregularidades, mismos que hasta antes del sábado 20 habían sido tolerados por los ciudadanos.

Con un breve recuento hemerográfico encontraremos lo siguiente: La irrupción al hospital O´Horán, la invención de daños tras el huracán Dean, el conflicto gratuito con Diconsa, la fabricación de expedientes contra ex funcionarios estatales, la apuesta de una ambulancia en un partido de béisbol, el activismo de la “ola roja” en horas de trabajo, la entrada de la ola roja a la final de los venados dejando a miles de meridanos con boleto pagado en la calle, la invasión al hospital de Alta Especialidad, los millonarios endeudamientos con cargo a los yucatecos, la ausencia total de transparencia, el intento de quiebre a alcaldes panistas.

También, actos de corrupción en dependencias como Fomento Agropecuario, el uso inadecuado de la cámara hiperbárica, el regalo de camionetas de lujo a legisladores, el constante envío de regalos a artistas y conductores de televisión, el sobregiro de recursos para la promoción de imagen, la impuntualidad como sello del Ejecutivo, la discriminación de estudiantes por las credenciales, el uso de recursos públicos para campañas electorales, el no pago a proveedores, las represiones contra manifestantes, venganzas políticas como el caso de Chuc Baas, los constantes enfrentamientos con el gobierno federal, los dispendios en “informes ciudadanos”, la creación de dependencias para pagar favores electorales, etc.

¿Será que algunos de las anteriores hechos hayan sido la causa del abucheo? ¿Será que el Ejecutivo siga pensando que no hay motivos para el descontento social?

Cualquier político, con un mínimo de sensibilidad, lo primero que haría es reconocer los errores cometidos, pedir perdón y, sobre todo, corregir todo lo malo de su actuación como administrador de los recursos del pueblo. Esto es lo que, en términos generales, se recomienda a los políticos en casos de crisis.

Empero, por las desafortunadas reacciones públicas de la titular del Ejecutivo y de su partido, se advierte que en vez de preocuparse por entender las razones del repudio público para corregir el rumbo, demuestran que no están dispuestos a aceptar una realidad.

Y no solo eso, sino que además, se han dado a la tarea de buscar “culpables” haciendo acusaciones sin sustento, de victimizarse y de arremeter contra todo aquello que pueda afectar su estrategia.

Ellos saben que la marca del corazón –la misma que están usando con miras a su campaña electoral- ya está dañada, y en su afán de protegerla están cometiendo errores cada vez más profundos, derivados de un descontrol emocional. Con sus reacciones, denotan que no les interesa corregir el rumbo.

Es un error grave intentar irse contra una percepción generalizada que pareciera tener fundamento en alguno o en todos los hechos detallados en los primeros párrafos de este escrito. Además, hay la evidencia gráfica que ha circulado por redes sociales y correos masivos y que echa por tierra sus echaderas de culpas.

Un evento de esta naturaleza no es obra de la casualidad. Para que ocurra un abucheo generalizado tiene que haber un sentimiento y conocimiento previo de los participantes. En el vídeo se aprecia que la manifestación fue al unísono. Seguirá en el papel la promesa hecha el 1 de agosto de 2007 de que se rectificaría el rumbo “con sabiduría”.


*Maestro en comunicación política y mercadotecnia electoral

viernes, 19 de febrero de 2010

La razón de la campaña

Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
Master en Comunicación Política y Marketing Electoral

Fachadas o virtudes
19/02/2010

¿Quién es el candidato? ¿Qué importancia tiene para la campaña? El candidato es la razón fundamental de la campaña, misma que será juzgada por elector a partir de las cualidades atractivas o repulsivas que posea.

El Manual de campaña del Colegio de Ciencias Políticas y Administración Pública es contundente al señalar que un candidato inadecuado puede generar la ineficacia de todas sus acciones y el desprestigio del partido que lo postuló por largo tiempo. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Es importante recordar que, en términos mercadológicos, el buen candidato no es aquél que cree que tiene las virtudes para gobernar a una comunidad. Que el candidato no es bueno o malo por sí mismo, sino que depende de la calidad de sus oponentes y de las expectativas sociales de acuerdo con los momentos coyunturales.

En términos generales, los candidatos atractivos son aquellos en quienes los electores ven las cualidades que desean ver en los funcionarios públicos, de aquí la importancia de entender cuáles son las expectativas de los potenciales votantes respecto a quien se postulará como su posible representante o administrador de su dinero.

Hacer caso omiso de lo que los electores aspiren, según encuestas y grupos focales, es grave y puede representar el preludio de una inminente derrota. Para eso existen sistemas y técnicas de medición: para entender qué quieren quienes finalmente depositarán sus votos y su confianza en las urnas.

Un fenómeno muy interesante ocurre no sólo en Yucatán, sino que probablemente en todo el país y más aún en toda latinoamérica: la mayor cantidad de los electores se está dejando llevar —de manera extrema— por las apariencias de un candidato.

Con el surgimiento de la mercadotecnia, ahora se busca posicionar a un candidato no por sus ideales, por su preparación o por el respeto a las leyes y a las instituciones, sino por lo más simple: el físico.

Mientras más bonita o más guapo sea la candidata o el candidato, más posibilidades de obtener mayor cantidad de votos. Para ello, los políticos tienen que echar mano de otras técnicas y artimañas que todos ya conocemos, como la ya famosa “photoshopeada”; es decir ni siquiera en lo superficial son genuinos.

Parece que a los electores ya no les importan las escandalosas sumas de dinero que gastan los candidatos en aras de venderse no como la mejor opción, sino como la cara más bonita y el cuerpo más atractivo.

Brincar de un puesto a otro mediante la ya conocida “chapulineada” parece algo natural y nadie se acuerda que en la campaña anterior salieron a pedir el voto para un cargo que dejan, sin importar que también abandonan compromisos.

Parece que las cualidades de honradez, prestancia, ecuanimidad, transparencia, competencia, honestidad, imparcialidad y confiabilidad ya pasaron a segundo o tercer término.

Ni tan buen candidato es el que no posee características físicas como tampoco lo es aquél que sólo busca engañar a los electores. Sin embargo, para efectos pragmáticos, hay que ver por quién se vota más.

La duda sigue en el ambiente: ¿Qué es lo que realmente quieren los electores? ¿Sólo una cara agradable? Me imagino que podrían aspirar a más, algo así como un buen administrador que sea honesto, que no engañe con apariencias, que esté dispuesto a terminar su encargo, que rinda cuentas, que use la mercadotecnia para entender la realidad social y atender las expectativas y los problemas más profundos de los ciudadanos.

Sería interesante conocer cuáles son los motivadores de ese 40% de ciudadanos de Mérida, según reciente encuesta, para que salgan a emitir su voto. Ni candidatos que no generen la suficiente confianza por la simple apariencia, pero tampoco que se basen sólo en la fachada física.


martes, 9 de febrero de 2010

“Seguiremos continuando”

Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
Master en Comunicación Política y Marketing Electoral

Salvador Vitelli Macías

Cuando Salvador Vitelli levantó la mano para decir quiero participar como aspirante a la alcaldía de Mérida, surgieron señalamientos de que sólo venía a dividir al PAN, de que se estaba rodeando de gente mala, de que alguien estaba detrás para efectos de venganzas políticas, de que era un títere del oficialismo, que era un desconocido, que no le tocaba, etc., Salvador Vitelli Macías siempre respondió: “Mi participación sólo obedece a contribuir a la democracia interna de Acción Nacional”.

Algunos consideraron que Salvador debería ser “generoso” y entender que era necesaria una candidatura de “unidad”, e incluso alguien llegó a decir que era un “loquito desbocado” y le atribuyeron expresiones que jamás salieron de su boca.
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¿Qué hizo Salvador para salir de esa avalancha de señalamientos? Hagamos un recuento de cómo debe comportarse un líder.

1. Solicitó por la vía institucional que se apruebe la observación electoral a cargo de la sociedad civil. Nada había que ocultar, nada había que temer.

2. Personalmente se presentó a las oficinas de su contendiente para solicitar, mediante un documento, el establecimiento de un canal de comunicación permanente.

3. Desde el primer día de precampaña, firmó ocho compromisos a favor del PAN, de los panistas y de los meridanos que en resumen son: a) Pedir la observación electoral, b) Evitar confrontaciones, c) Tender puentes de comunicación con el otro equipo, d) Respetar la dignidad del panistas, e) Respetar el Estado de Derecho, f) Hacer una precampaña austera, g) Respetar el equipamiento urbano en cuanto al uso de la propaganda, h) Reconocer sin cortapisa alguna la decisión de la mayoría de los panistas. Todos, absolutamente todos, los cumplió a cabalidad.

4. A panistas, ciudadanos y medios de comunicación les consta que jamás salió de la boca de Salvador una sola expresión contra su contendiente o contra el PAN.

5. Por voluntad propia publicó, semana a semana, sus gastos.

6. En esos reportes financieros comprobó que su precampaña fue austera. En cuatro semanas ejerció, vía donaciones en especie, el 10.50% de un tope de $1.3 millones.

7. Privilegió la creatividad por encima del dispendio de recursos públicos y puso en marcha programas como “Jóvenes creativos con Salvador” quienes reciclaron para hacer propaganda, como “Salvador Motorizado” para ir a ver a panistas en motos con un mínimo de gastos y como Con Salvador ¡Tu voz cuenta!, para recabar vía Internet propuestas de panistas y ciudadanos que serían integradas a su proyecto de trabajo.

8. Con una bandera del PAN encima del hombro caminó muchos kilómetros en busca, casa por casa, de panistas, a muchos de los cuales logró reanimar.

9. Salvador dialogó con muchos panistas a sabiendas de que algunos eran sus adversarios, que no sus enemigos. Hizo lo que desde hace mucho tiempo debió realizarse: gestionar la crisis política en que se sumió al Partido, logrando la suma positiva -como el la llamó- de numerosos liderazgos que durante mucho tiempo estuvieron alejados del PAN. “Aquí sólo veo personas con dignidad y derecho a una nueva oportunidad”, declaró.

10. Finalmente, con congruencia y generosidad, como lo ofreció, sin cortapisa alguna reconoció los resultados numéricos y le levantó la mano a su contendiente, e incluso pidió a todo su equipo y seguidores que hagan lo propio. Ni en la intimidad del encierro del comité estratégico se quejó y su postura fue la misma: “Elegimos jugar limpio y ganamos 716 votos, ahora nos toca apoyar una causa más del PAN”.

El noveno compromiso de Salvador, aún cuando lo dijo en varias entrevistas y no se le dio mucha importancia, consistió en que si ganaba la candidatura y la elección externa: “Voy a terminar el período completo en la alcaldía”. ¿Quién no le creería ahora?

La principal ganancia de todo esto, además del aprendizaje obtenido, fue el surgimiento de un liderazgo capaz de generar confianza y de emocionar. Y contra todos los pronósticos negativos, Salvador, en vez de destruir al PAN, le dio abundante oxigeno.

Tengo muchos motivos para estar orgulloso de haber compartido una vivencia maravillosa junto a un joven emprendedor que nos dio a muchos la oportunidad desarrollarnos profesionalmente y de adquirir una experiencia de política auténtica.

Comenzó con cinco panistas, entre los que me cuento, y terminó con 716 militantes, y a pesar de desarrollar una campaña de bajísima intensidad logró un crecimiento interesante de rating de identificación externa, y todo esto en sólo 30 días.

¡Se puede hacer política genuina! Y como dijera Eutimio Camacho, uno de los fundadores del PAN: “Seguiremos continuando” o como nos recomendó Carlos Castillo Peraza: “Sigamos empujando con el corazón”. Se ganó más que una candidatura.

* Maestro en comunicación política y marketing electoral