Master en Comunicación Política y Marketing Electoral
Lealtades quebrantadas
Hablando de panistas y traiciones, se fueron consumiendo los consensos, pedimos que se acaben los rencores y yo se lo advertí a 10 de ellos —con música de la canción de Mujeres divinas, de Vicente Fernández En diferentes momentos, en el devenir de los años han ocurrido renuncias en los partidos. Por lo general son estrategias que usan los contrarios para enviar señales de mayor fortaleza. Han ocurrido en todos los tonos y con diferentes intensidades. Lo primero que se viene a la mente es que cuando alguien abandona a su institución incurre en una traición.
Y seguro que es una traición en la medida en que las conductas se ajustan a la definición de este concepto, que según el Diccionario de la Real Academia Española es “falta que se comete quebrantando la fidelidad o lealtad que se debe guardar o tener”.
Cuando una persona llega a un puesto de elección popular bajo las siglas de un partido, es de entender que debe guardar fidelidad a los postulados del mismo. De tal suerte que en el momento mismo en que sus conductas ya no se ajustan a los códigos internos existentes estaría incurriendo en un quebranto a la lealtad.
Sin embargo, en estos casos existe una línea muy delgada entre lo que podría ser una traición y lo que sería un acto de congruencia.
Abandonar a un partido no necesariamente tiene que ser una traición. Habrá personas que no obstante que están convencidas de los principios que los rigen e incluso los asumen, pero que al darse cuenta que quienes deberían hacerlos vigentes nomás no los cumplen y por ello deciden alejarse.
Algo así como cuando la doctrina sólo figura en una letanía que está muy lejos de una realidad en las conductas. Es cuando se dice una cosa pero se hace otra y es lo que genera la desconfianza. En suma, se trata de casos en los que las personas dejan al instituto político no por no creer en sus principios, sino porque dejan de creer en quienes deberían de asumirlos.
Cuando el abandono a un partido ocurre para apoyar a otro partido, la situación se agrava de manera exponencial. Es evidente que hay un quebranto a la lealtad.
Sin embargo, hay casos más graves de quebrantos a la lealtad y se trata precisamente de aquellos que sin irse de la organización a la que pertenecen sus conductas están alejadas de los postulados institucionales.
El abandono a un partido puede ser considerado una traición, pero ésta es más grave cuando alguien, sin abandonar a la institución, actúa al margen de su historia, de sus principios y de sus postulados.
Los que se van a otros partidos e incluso lo hacen público, pues ya de plano están demostrando que no tenían o que ya perdieron convicción, y que de una u otra manera, es mejor que se retiren. Si alguien ya no cree en algo, pues es mejor decir adiós.
La elevada traición se daría en el momento en que alguien sin convicción alguna comience a operar desde las entrañas de un instituto, aparentando una lealtad que no existe, aprovechando los accesos que pudiera tener en los diferentes círculos de la organización. Por ello, insisto que cuando ya no hay lealtad es mejor decir adiós.
Manuel Gómez Morin fundó al PAN bajo el postulado de promover una auténtica democracia y de generar conciencia entre los ciudadanos acerca de sus derechos y obligaciones antes de pensar en el poder.
Dejó como pilares la solidaridad, la subsidiariedad, el bien común y el respeto a la dignidad de la persona. Cada vez que se nos olvida esto ¿estamos o no traicionando al PAN? Lo más importante de todo será analizar cuáles son las causas de fondo por las cuales se dan las renuncias y las posturas radicales. ¿Qué es lo que está fallando? ¿Por qué se pierde la convicción? ¿Por qué hay gente tan vulnerable?
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