En Mérida, en Umán, en Cansahcab, en el Distrito 14 o en cualquiera que sea la demarcación territorial en donde ocurra la elección el 16 de mayo, el triunfo de la sociedad no depende de lo que hagan o dejen de hacer los rojos, sino de lo que hagan o dejen de hacer los propios ciudadanos.
Antes de que se inicie la campaña electoral, advertimos anticipadamente que harían todo lo que están haciendo los rojos que forman parte de la maquinaria electoral que tiene como fin ganar elecciones a costa de lo que sea.
Desde mucho antes comentamos que a esa organización nunca le ha interesado violar leyes, utilizar el dinero del pueblo para apoyar a sus candidatos, y que en general no les importa absolutamente nada con tal de obtener “victorias”.
Lo importante es ocupar los espacios públicos para tratar de perpetuarse en el poder de facto mediante argucias clientelares con cargo a los propios ciudadanos. Y es que a las viejas prácticas se han sumado otras más modernas como el uso de la mercadotecnia para enganchar a los ciudadanos bajo engaños, aunque todo sea pura cáscara o apariencia.
Es una realidad social que no podemos negar o hacer como que no existe. Pero tampoco podemos ni debemos pasarnos toda la vida quejándonos de lo mismo. El alacrán es venenoso por naturaleza y será siempre.
Cada tres o seis años, desde hace más de 80, ha sido la misma historia: que compraron votos, que inflaron el padrón, que violaron las leyes, que agredieron a ciudadanos, que desviaron dinero para las campañas, que repartieron carne, que las autoridades electorales estaban a modo de sus intereses, etc. ¿Acaso alguien esperaba algo distinto en estas elecciones?
Estamos a tiempo para evitar caer, una vez más, en las quejas contra un sistema político que de antemano sabemos cómo se mueve, que hace y que no hace. Les pregunto ¿Servirá de algo quejarse otra vez por algo que es y seguirá siendo bola cantada? No está en nuestras manos hacer que los rojos sean legales, que respeten a los ciudadanos, que no gasten el dinero, etc.
Lo que si está en nuestras manos, es que nosotros mismos cambiemos nuestras propias actitudes y conductas. Está comprobado que cuando la sociedad se une es capaz de derribar cualquier muro de ignominia.
Lo que sí podemos cambiar es nuestra apatía por una actitud proactiva que nos permita no sólo participar activamente sino también ir a mover otras almas. Lo que sí podemos cambiar es nuestra actitud egoísta para ir a buscar quienes se sintieron lastimados en procesos anteriores. Lo que sí podemos cambiar es dejar a un lado nuestros intereses personales para dar primacía a los intereses amplios de la sociedad. Lo que sí podemos cambiar es nuestra actitud de soberbia para entender que nos necesitamos todos para alcanzar verdaderos triunfos culturales.
¿Quejarse contra los rojos ayuda en algo? ¿Alguna vez a procedido algo contra ellos? El cambio que sí es posible es el que debe provenir de los propios ciudadanos que son muchos, pero muchos más.
El 16 de mayo es el día del ciudadano. Es el momento en que con su credencial, de manera libre y voluntaria decidirán qué es lo que quieren para los próximos dos años.
Cola de nota
En Umán abundan los héroes anónimos, me consta que todavía aún existen muchos y muchas. Gente que se la rifa poniendo en riesgo su salud, su patrimonio y su libertad, sin recibir nada a cambio, solo en aras de alcanzar un bienestar común.
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