sábado, 26 de junio de 2010

Sólo cinco días de tolerancia

Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
Master en Comunicación Política y Marketing Electoral

El trabajo legislativo

El 3o de junio se cumple un ciclo legislativo más. Tres años que transcurrieron sin pena ni gloria a detrimento de la política. Otra legislatura que se va arrastrando la misma imagen que desde hace muchos lustros tiene la gente de los llamados “representantes populares”.

Y como siempre ocurre, al inicio de una legislatura se dan los “posicionamientos” que, se supone, marca las formas en que cada bancada se conducirá durante el ejercicio que les corresponde.

Hace tres años nos enteramos que el coordinador saliente de la fracción de los rojos fijó su postura diciendo que “ser tolerante y respetuoso” eran premisas de su bancada. También hizo un llamado a todos para “actuar con seriedad, serenidad y consistencia, sin protagonismos fatuos, de lograr transformar las reformas que requiere Yucatán para hacerlo más equilibrado y, en consecuencia, mejor garante de interés colectivo”.

El sábado pasado el Diario publicó una nota titulada “Surgen los buenos deseos”. En la información, el ex presidente del PRI y próximo coordinador declaró: “Buscaremos que la tribuna del Congreso no sirva más sólo para el golpeteo político y que en la LIX Legislatura prevalezcan el diálogo y la tolerancia”.

Lo más característico de los discursos es la mención de valores como diálogo, respeto, tolerancia. Y tampoco han faltado los ofrecimientos de acabar con todos los rezagos de los antecesores y que no habrá impunidad para quienes no rindan cuentas.

En el caso concreto de la legislatura que termina, los buenos deseos se acabaron en menos de una semana. Al sexto día, el Diario publicó que “Un madruguete priista acabó con la “luna de miel” entre los diputados del PRI y del PAN y estos últimos se negaron a aprobar el nombramiento de nuevos funcionarios del Congreso.

Los referidos funcionarios fueron Inés del Pilar Ayuso Quijano, tesorera; Martín E. Chuc Pereira, oficial mayor, y René Humberto Márquez Arcila, contador mayor de Hacienda. Y partir de aquí la tolerancia, el respeto y el diálogo pasaron a último término. Y la maquinaria roja comenzó a funcionar y la azul a reaccionar.

El 25 de julio se informó que el Congreso del Estado estaba paralizado ya que en las últimas sesiones plenarias, los diputados sólo dieron lectura a la correspondencia legislativa. La última sesión duró sólo 15 minutos y comenzó con una hora de atraso, con lo que se iniciaba una cadena de impuntualidad.

Al día siguiente, de planos los “buenos deseos” desaparecieron por completo y vino una ruptura más profunda en torno a la propuesta de que sea el Congreso el que nombre al procurador y al contralor. Los priistas se negaron a que estos nombramientos se den por mayoría calificada, es decir con el voto de por lo menos 17 diputados. Ellos querían que fuera mayoría simple, es decir sólo con el voto de los rojos.

Y al presidente de la Comisión de Puntos Constitucionales le afloró lo intolerante al advertir que “nunca las mayorías serán rehenes de las minorías”. El caso es que no hubo acuerdo y no se hizo la reforma constitucional que exigía el voto de las dos terceras partes de los diputados ¿Dónde acabó la tolerancia, el diálogo y el respeto ofrecidos?

El 30 de julio se dio a conocer que el “debate” por este asunto fue reproches e ironías entre los legisladores ante la imposibilidad de llegar a acuerdos y Ortega Pacheco quedó en libertad de nombrar a esos dos funcionarios.

¿Y dónde acabó el diálogo, la tolerancia y el respeto cuando se aprobaron los presupuestos estatales sin modificarles una sola coma? ¿Y cuándo se aprobó el endeudamiento por $1,870 millones para pagar en $25 años? ¿Y donde acabó el respeto cuando entre los mismos legisladores se han ofendido? ¿Y la promesa de acabar con los rezagos legislativos y de castigar a quien no rinda cuentas claras?

¿Cuál sería el resultado de una encuesta si se preguntara a los yucatecos sobre la actuación de sus diputados salientes? Y los que vienen ¿cree que harán realidad las promesa de respeto y tolerancia en esta legislatura? La buena disposición de las bancadas en la legislatura que termina sólo duró cinco días ¿Cuántos cree que durará ahora? Yucatán no avanzará con buenos deseos.

sábado, 19 de junio de 2010

La alternancia en Mérida

Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
Master en Comunicación Política y Marketing Electoral

¿Otros 20 años?

Muy pronto Mérida quedará nuevamente en manos del partido rojo tras 20 años de haberse dado la alternancia partidaria, que en ese entonces parecía una utopía.
20 años atrás, a finales de los años setentas, Mérida también fue gobernada por Acción Nacional con el ilustre ex alcalde Víctor Manuel Correa Rachó, quien pese a su brillante actuación tuvo que entregar el poder nuevamente a los rojos.
Habría que detenerse brevemente para recordar las causas por las cuales se han dado los cambios políticos en Mérida.
Es indudable que en los tiempos de Correa Rachó la entrega no fue a consecuencia de un mal gobierno, fue ni más ni menos que el arrebato a cargo de la maquinara electoral, y no sólo de la alcaldía sino incluso de la gubernatura.
Muchos desconocen o ya no recuerdan esos terribles pasajes históricos que se caracterizaron por los balazos, presos políticos, compra de votos, robo de ánforas, carruseles, urnas embarazados, autoridades electorales a modo, represión policíaca y militar, etc.
La sociedad yucateca y la meridana cayó en un estado de letargo, quizá presa del mal conocido como “desesperanza aprendida“, pues todos sus esfuerzos democráticos fueron pisoteados y reprimidos con todo el poder de facto.
Tras esa turbia elección tuvieron que pasar 20 años de regulares a pésimos gobiernos. Los triunfos de los rojos eran casi automáticos: candidato que era nombrado era prácticamente el virtual alcalde.
Los meridanos llegaron a hastiarse de tanta corrupción, dispendio, ilegalidades, mientras la ciudad seguía en franco retroceso. Ni lo más básico se atendía. Las calles estaban llenas de baches, los parques estaban descuidados, no había obra pública, el alumbrado era pésimo, etc.
En las postrimerías de los años noventas los rojos postularon a un alcalde que llego a decir que sólo le quedaba “voluntad” para “gobernar” Mérida, pues dinero no había nada.
En esa que fue la última gestión de los rojos, pues además del descuido evidente de la ciudad, se empezaron a hacer públicas numerosas irregularidades y casos de corrupción derivadas de la compra de unas grúas sin autorización del Cabildo.
El hastío de los meridanos de los malos gobiernos y la corrupción galopante hicieron que en 1990 superaran todas las trampas de la maquinaria electorera y lograron heroicamente la alternancia.
Hay que recordar que aún después de las elecciones, los alquimistas electorales intentaron por todos los medios revertir el triunfo de los meridanos, pero no lo lograron gracias a la firme decisión del entonces gobernador Víctor Manzanilla Schaffer de hacer respetar la voluntad popular. Al poco tiempo, en castigo fue obligado a pedir licencia, no obstante que su secretario de gobierno había declarado que “ni a balazos” iba a renunciar.
De 1991 a la fecha ya pasaron 20 años, que aún con todos los errores administrativos y políticos cometidos no hay comparación alguna con los 20 años anteriores. La ciudad se ha modernizado, el desarrollo urbano es evidente, se ha trabajado con transparencia, las finanzas están sanas.
Dadas las circunstancias actuales, es evidente que en esta ocasión los meridanos actuaron de manera diferente. Tomando en consideración el abstencionismo de la reciente elección, es claro que el PRI no llegó al poder por un deseo social de cambio, sino más bien por un desánimo de los ciudadanos.
El partido rojo con todo el mega-dispendio apenas pudo sacar a un 27% de la población meridana. La participación fue de alrededor del 55%, de modo que en una votación participativa que oscila entre 70 y 75%, habría faltado entre el 15% y 20% de electores que dijeron no a todos los partidos.
Dada la coyuntura actual de dispendio y de corrupción generada por los gobiernos rojos, y no hay visos de que esto cambie, abre la posibilidad de que no sería necesario esperar otros 20 años para que nuevamente, en 2012, se dé la alternancia. Ya no se siente como una utopía regresar al gobierno.
Solo faltaría un pequeño detalle para lograrlo: entender las expectativas de los meridanos, tanto en la propuesta de gobierno como en la persona que se encargaría de conducirlo. Como escribió Jorge Muñoz Menéndez, se requiere un Partido más dispuesto a aplicar nuevas recetas que seguir recalentando.

sábado, 12 de junio de 2010

La excusa de siempre

Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
Master en Comunicación Política y Marketing Electoral

Tras las elecciones

No tiene nada de nuevo la queja de la titular del Poder Ejecutivo del Estado de que no recibe dinero del Gobierno Federal y esta postura se convierte en un planteamiento rutinario que pretende ser una excusa más de la pésima administración de los recursos.

Al principio de la gestión, apenas dos meses de iniciada, el gobierno que asegura escuchar hablar a las casas pero que no oye a los ciudadanos, se quejó porque Yucatán no fue declarado zona de desastre tras el paso del huracán Dean.

Gran escándalo se armó en el ámbito nacional porque el gobierno federal sólo dictaminó daños en siete municipios. Hasta Mérida fue incluida como “zona de devastación” cuando quienes vivimos aquí nos percatamos que ni siquiera llovió.

No tiene nada que raro que tras un proceso electoral, en el que se dispendiaron millonarios recursos, como el que recientemente terminó, vengan las acusaciones y los intentos de justificación del desfondamiento a las arcas.

¿Cuánto costó el mega-acarreo que se llevó al cabo en el Monumento a La Bandera? ¿Y cuánto costó el que se hizo en el Siglo XXI el término de la precampaña? ¿Y de donde salió tanto dinero para espectaculares, entrevistas, camiones, y para pagar a cientos de integrantes de la “ola roja”.

Son capaces de salir con el cuento de que la gente acudió a los eventos masivos por su propio pie o que los rojos que estuvieron presionando en las casillas actuaron de manera voluntaria sin recibir nada a cambio. Cualquiera, con un poco de sentido común habrá percibido que hubo un mega dispendio de dinero y que los topes de campaña fueron rebasados hasta 20 o 30 veces.

Así lo manifestaron en su momento agrupaciones como Sociedad en Movimiento y el Frente Cívico Familiar quienes se encargaron de llevar al cabo un programa de observación electoral. ¿De dónde salió tanto dinero? Sólo puede haber dos posibilidades: del crimen organizado o del erario, o de ambos. ¿Usted que cree?

Y como dijera el licenciado Sànchez, corrupto secretario de Gobierno de la cinta la Ley de Herodes, todo el presupuesto está destinado a las campañas.

Si tiene dudas sobre el cumplimiento o no del gobierno federal para con los yucatecos, le invito a que acuda al municipio de Conkal y se tome un momento para leer los letreros instalados en las obras realizadas en la gestión panista que está por terminar.

En todos los casos se clarifica que las obras se realizaron gracias a la mezcla de recursos del Ayuntamiento y del Gobierno de la República. En tanto que el rubro de aportación estatal aparece en ceros.

El Ejecutivo del Estado no tuvo dinero para hacer una cancha de usos múltiples, remozar un parque, hacer una calle, ampliar un cementerio o mejorar los sistemas de agua y de energía eléctrica porque todo tenía que ser destinado a la campaña.

Hasta ahora la única “obra” del PRI en el Estado y en Mérida ha sido hacer ganar a su partido, porque de otras, las de cemento y polvo de piedra no se ven. Y lo que falta por venir en los siguientes dos años y dos meses.

Cuando se inicie el proceso electoral, a más tardar en año y medio, volveremos a ver lo mismo: mega-acarreos, mega-jaranas, mega-chicharreadas, mega-entrega de zapatos, mega contratos con Televisa, frente a los mega-desplomes en la economía, en el turismo, en la generación de empleos, en la transparencia.

Claro, tras el dispendio electorero, ahora se tiene que recortar gastos injustificables en detrimento de los yucatecos. Francamente, estoy seguro que Yucatán estaría en otras condiciones si el dinero que le corresponde fuera canalizado correctamente. Llevamos tres años perdidos y todavía nos faltan dos.

sábado, 5 de junio de 2010

La Ley de Herodes

Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
Master en Comunicación Política y Marketing Electoral

Tan vigente como ayer

Leí con atención los puntos de vista de algunos articulistas que hablaban de la pérdida de espacios que ha resentido Acción Nacional en las últimas elecciones, como en efecto ha ocurrido. En 2007 perdió la gubernatura, en 2009 las todas las legislaturas federales y en 2007 se quedó sin la denominada joya de la corona.

En mi entender, más allá de la pérdida de espacios de poder de facto –el tener el mando jurídico de un municipio, de un congreso o de una gubernatura- es más preocupante que sigamos teniendo una sociedad dormida o una sociedad que mayoritariamente está dispuesta a vender su dignidad al mejor postor.

Es un hecho que se sigue medrando con la pobreza y la falta de preparación de la mayor cantidad de personas que habita a lo largo y ancho del estado y del país. La llamada compra de votos es una auténtica lacra social que daña las entrañas sociales.

Es innegable que se ha avanzado mucho y que a diferencia de hace 20 años la gente es más consciente de sus derechos, pero también es una realidad que todavía hay un muy largo tramo por recorrer.

Y la situación no es nada fácil. Como decía Carlos Castillo Peraza “sueño a un partido que asuma esa causa, la de los agraviados económicamente, la de aquellos que ni siquiera pueden pensar en votar porque antes tienen que pensar en comer”.

Es un círculo vicioso: el dinero público ha de servir no para resolver los problemas más graves y profundos de los ciudadanos, sino para aceitar la maquina electorera, y a los ciudadanos, quienes deberían recibir los beneficios de sus contribuciones, sólo les tocan las migajas provenientes de su propio dinero. Es así como sigue la producción de pobres que luego son usados con fines electorales.

Esta situación fue perfectamente escenificada en la película La Ley de Herodes, filme mexicano de 1999, dirigido por Luis Estrada. Aquél bien intencionado hombre que fue sacado del basurero para ser designado como alcalde de San Pedro de los Saguaros, al darse cuenta que sólo tenía siete pesos para llevar la “modernidad y la justicia social” a este pueblo, en donde los habitantes ni siquiera hablaban español, decide acudir con el secretario general de gobierno para pedirle más presupuesto.

El diálogo fue el siguiente: Juan Vargas: “Quisiera ver la posibilidad de que me diera más presupuesto”. El Lic. Fidel López, secretario de Gobierno: “No, no, no, no, no… Estamos muy próximos a las elecciones y todo el presupuesto se tiene que ir al Partido para que no tengamos sorpresas. Pídeme lo que quieras, lo que quieras, menos eso”.


Vargas quería afrontar su misión con las mejores intenciones pero poco a poco va descubriendo los beneficios del poder y la corrupción, y se transforma en un tirano capaz de todo, incluso de recurrir al crimen, para perpetuarse en el puesto.

Según los productores, las escenas corresponden al sexenio de Miguel Alemán Valdez, en 1949, 10 años después de la fundación del partido rojo, cinta que, por cierto, fue un eslabón más de la cadena de censuras por motivos políticos.

¿Qué es lo que ha pasado con el presupuesto público hoy día? ¿Por qué tanta deuda? ¿Por qué tanto atraso en pobreza, en turismo, en economía, en obras, en servicios, en fuentes de empleo? Seguimos viviendo bajo el mismo régimen de la Ley de Herodes, “o te chin… o te jod…”.

Bien lo decía el licenciado Sánchez, todo el dinero debe ser destinado para las campañas pues no hay otra forma de que puedan acceder al poder. ¿De dónde salió tanto dinero en las pasadas elecciones locales?

Más que recuperar y ganar espacios de poder, el PAN debe enfocarse a tratar de cambiar esa realidad de hace 80 años y que sigue siendo la misma de ahora: clientelismo, paternalismo, cooptación y corrupción. Hay que marcar las diferencias de una manera clara para que no nos sigan aplicando la Ley de Herodes.