No tiene nada de nuevo la queja de la titular del Poder Ejecutivo del Estado de que no recibe dinero del Gobierno Federal y esta postura se convierte en un planteamiento rutinario que pretende ser una excusa más de la pésima administración de los recursos.
Al principio de la gestión, apenas dos meses de iniciada, el gobierno que asegura escuchar hablar a las casas pero que no oye a los ciudadanos, se quejó porque Yucatán no fue declarado zona de desastre tras el paso del huracán Dean.
Gran escándalo se armó en el ámbito nacional porque el gobierno federal sólo dictaminó daños en siete municipios. Hasta Mérida fue incluida como “zona de devastación” cuando quienes vivimos aquí nos percatamos que ni siquiera llovió.
No tiene nada que raro que tras un proceso electoral, en el que se dispendiaron millonarios recursos, como el que recientemente terminó, vengan las acusaciones y los intentos de justificación del desfondamiento a las arcas.
¿Cuánto costó el mega-acarreo que se llevó al cabo en el Monumento a La Bandera? ¿Y cuánto costó el que se hizo en el Siglo XXI el término de la precampaña? ¿Y de donde salió tanto dinero para espectaculares, entrevistas, camiones, y para pagar a cientos de integrantes de la “ola roja”.
Son capaces de salir con el cuento de que la gente acudió a los eventos masivos por su propio pie o que los rojos que estuvieron presionando en las casillas actuaron de manera voluntaria sin recibir nada a cambio. Cualquiera, con un poco de sentido común habrá percibido que hubo un mega dispendio de dinero y que los topes de campaña fueron rebasados hasta 20 o 30 veces.
Así lo manifestaron en su momento agrupaciones como Sociedad en Movimiento y el Frente Cívico Familiar quienes se encargaron de llevar al cabo un programa de observación electoral. ¿De dónde salió tanto dinero? Sólo puede haber dos posibilidades: del crimen organizado o del erario, o de ambos. ¿Usted que cree?
Y como dijera el licenciado Sànchez, corrupto secretario de Gobierno de la cinta la Ley de Herodes, todo el presupuesto está destinado a las campañas.
Si tiene dudas sobre el cumplimiento o no del gobierno federal para con los yucatecos, le invito a que acuda al municipio de Conkal y se tome un momento para leer los letreros instalados en las obras realizadas en la gestión panista que está por terminar.
En todos los casos se clarifica que las obras se realizaron gracias a la mezcla de recursos del Ayuntamiento y del Gobierno de la República. En tanto que el rubro de aportación estatal aparece en ceros.
El Ejecutivo del Estado no tuvo dinero para hacer una cancha de usos múltiples, remozar un parque, hacer una calle, ampliar un cementerio o mejorar los sistemas de agua y de energía eléctrica porque todo tenía que ser destinado a la campaña.
Hasta ahora la única “obra” del PRI en el Estado y en Mérida ha sido hacer ganar a su partido, porque de otras, las de cemento y polvo de piedra no se ven. Y lo que falta por venir en los siguientes dos años y dos meses.
Cuando se inicie el proceso electoral, a más tardar en año y medio, volveremos a ver lo mismo: mega-acarreos, mega-jaranas, mega-chicharreadas, mega-entrega de zapatos, mega contratos con Televisa, frente a los mega-desplomes en la economía, en el turismo, en la generación de empleos, en la transparencia.
Claro, tras el dispendio electorero, ahora se tiene que recortar gastos injustificables en detrimento de los yucatecos. Francamente, estoy seguro que Yucatán estaría en otras condiciones si el dinero que le corresponde fuera canalizado correctamente. Llevamos tres años perdidos y todavía nos faltan dos.
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