sábado, 5 de junio de 2010

La Ley de Herodes

Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
Master en Comunicación Política y Marketing Electoral

Tan vigente como ayer

Leí con atención los puntos de vista de algunos articulistas que hablaban de la pérdida de espacios que ha resentido Acción Nacional en las últimas elecciones, como en efecto ha ocurrido. En 2007 perdió la gubernatura, en 2009 las todas las legislaturas federales y en 2007 se quedó sin la denominada joya de la corona.

En mi entender, más allá de la pérdida de espacios de poder de facto –el tener el mando jurídico de un municipio, de un congreso o de una gubernatura- es más preocupante que sigamos teniendo una sociedad dormida o una sociedad que mayoritariamente está dispuesta a vender su dignidad al mejor postor.

Es un hecho que se sigue medrando con la pobreza y la falta de preparación de la mayor cantidad de personas que habita a lo largo y ancho del estado y del país. La llamada compra de votos es una auténtica lacra social que daña las entrañas sociales.

Es innegable que se ha avanzado mucho y que a diferencia de hace 20 años la gente es más consciente de sus derechos, pero también es una realidad que todavía hay un muy largo tramo por recorrer.

Y la situación no es nada fácil. Como decía Carlos Castillo Peraza “sueño a un partido que asuma esa causa, la de los agraviados económicamente, la de aquellos que ni siquiera pueden pensar en votar porque antes tienen que pensar en comer”.

Es un círculo vicioso: el dinero público ha de servir no para resolver los problemas más graves y profundos de los ciudadanos, sino para aceitar la maquina electorera, y a los ciudadanos, quienes deberían recibir los beneficios de sus contribuciones, sólo les tocan las migajas provenientes de su propio dinero. Es así como sigue la producción de pobres que luego son usados con fines electorales.

Esta situación fue perfectamente escenificada en la película La Ley de Herodes, filme mexicano de 1999, dirigido por Luis Estrada. Aquél bien intencionado hombre que fue sacado del basurero para ser designado como alcalde de San Pedro de los Saguaros, al darse cuenta que sólo tenía siete pesos para llevar la “modernidad y la justicia social” a este pueblo, en donde los habitantes ni siquiera hablaban español, decide acudir con el secretario general de gobierno para pedirle más presupuesto.

El diálogo fue el siguiente: Juan Vargas: “Quisiera ver la posibilidad de que me diera más presupuesto”. El Lic. Fidel López, secretario de Gobierno: “No, no, no, no, no… Estamos muy próximos a las elecciones y todo el presupuesto se tiene que ir al Partido para que no tengamos sorpresas. Pídeme lo que quieras, lo que quieras, menos eso”.


Vargas quería afrontar su misión con las mejores intenciones pero poco a poco va descubriendo los beneficios del poder y la corrupción, y se transforma en un tirano capaz de todo, incluso de recurrir al crimen, para perpetuarse en el puesto.

Según los productores, las escenas corresponden al sexenio de Miguel Alemán Valdez, en 1949, 10 años después de la fundación del partido rojo, cinta que, por cierto, fue un eslabón más de la cadena de censuras por motivos políticos.

¿Qué es lo que ha pasado con el presupuesto público hoy día? ¿Por qué tanta deuda? ¿Por qué tanto atraso en pobreza, en turismo, en economía, en obras, en servicios, en fuentes de empleo? Seguimos viviendo bajo el mismo régimen de la Ley de Herodes, “o te chin… o te jod…”.

Bien lo decía el licenciado Sánchez, todo el dinero debe ser destinado para las campañas pues no hay otra forma de que puedan acceder al poder. ¿De dónde salió tanto dinero en las pasadas elecciones locales?

Más que recuperar y ganar espacios de poder, el PAN debe enfocarse a tratar de cambiar esa realidad de hace 80 años y que sigue siendo la misma de ahora: clientelismo, paternalismo, cooptación y corrupción. Hay que marcar las diferencias de una manera clara para que no nos sigan aplicando la Ley de Herodes.

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