sábado, 21 de agosto de 2010

El recurso de la queja social

Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
Master en Comunicación Política y Marketing Electoral

Insuficiente

El catálogo de la antipolítica cada día es más completo y más complejo. Se trata de un colección amplia de antivalores que se hacen vigentes en cada momento y que tienden a traslaparse unos con otros e incluso de amontonarse en el mismo tiempo y en el mismo espacio.

Hace apenas unos días se descubrió el enriquecimiento ilícito de un funcionario que, según nos informó el Diario, posee una impresionante quinta en Ixil con vehículos caros y con un recién estrenado negocio que difícilmente podría obtener con un sueldo de $45,000 mensuales.

La salida fue muy sencilla simular una investigación, exonerar a los directamente implicados, mentir sobre el origen de los bienes y hacer caso omiso de las denuncias públicas y de lo que puedan pensar los ciudadanos. Finalmente, el caso comienza a quedar en el olvido como otros tantos. Y ¡viva México! No pasó nada.

De pronto, casi el mismo tiempo surge el caso de Mi Stilo-Ibónica, que representa la represión -por la denuncia injustificada contra un reportero del Diario-, la opacidad -la terquedad de no informar sobre los alcances del proyecto-, la corrupción -por el presunto desvío de dinero público-, el favoritismo -por dar beneficios exclusivos a una sola empresa con parientes y allegados de funcionarios públicos, en vez de apoyar a la industria textil-, el plagio -por utilizar una idea que ya estaba concebida para quienes producen las guayaberas-, influyentismo -por el crecimiento veloz de una empresa de asesoría al calor de las influencias del Ejecutivo-, la prepotencia y la soberbia -por hacer omiso de las denuncias públicas e incluso por burlarse de ellas-. Más lo que se acumule.

Pero todo esto sigue ocurriendo sin que se hayan solucionado o explicado de manera satisfactoria otros casos como el de la compra ilegal de las tierras de Ucú por las que ya se millonarios recursos sin que puedan tener la propiedad de las mismas, el sobregiro de hasta 180% de lo autorizado de recursos en aras de la promoción de una sola persona, la compra irregular de terrenos en donde está ubicado Chichén Itzá que primero se dijo que se hizo un préstamo y luego que no, el desconocimiento de los ciudadanos en qué se están usando los $1,870 millones de deuda que nos impusieron a todos para pagar en 25 años y que supuestamente deberían ser para obras de infraestructura que no se ven.

El anuncio hasta tres veces de las mismas obras como los hospitales generales del sur de la ciudad, etc., el recurrente desvío de recursos que deberían ser para el campo como sucede con los productores de chile, la nula aportación estatal para mezclar y obtener recursos con el gobierno federal, el pago ilegal a comisionados sindicales, y el despilfarro en las mega-vaquerías para festejar aniversarios del ascenso y para agasajar a una elite de priistas.

A pesar de todo, la postura del Ejecutivo es exactamente la misma: ahí están las cifras, no voy a entrar en polémicas, hay una interpretación errónea, estamos en el camino correcto o mejor decide no responder; es decir, todo está bien y ¡Viva México!

Y todos los días vemos en el Diario noticias y denuncias de ese catálogo de antivalores de la antipolítica, así como decenas de quejas de ciudadanos y de representantes de la sociedad civil como Coparmex y la Cámara Nacional de la Industria del Vestido, sobre esta situación catastrófica en que se encuentran Yucatán y los yucatecos, pero ¿Y?

Hoy, cuando se ha recrudecido un certero ataque a la libertad de expresión por la infundada denuncia contra un representante del Diario por el solo hecho de cumplir con su trabajo, surge una nueva denuncia ahora de represalia y de venganza por cuestiones partidistas-electoreras que afecta directamente a Sinaí Euán Frías una pequeña que sufre discapacidades y enfermedades terribles.

No olvidemos el dicho que reza que cada pueblo tiene el gobierno que se merece ¿es esto lo que merecemos los yucatecos? Yo digo que sí porque hemos olvidados quienes son los mandantes y por ello nuestra capacidad de reacción no ha podido ir más allá de la queja.

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