sábado, 16 de octubre de 2010

"Competitividad" en alcoholismo

Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
Master en Comunicación Política y Marketing Electoral

Vergüenza local

En las últimas semanas se ha hablado mucho de la “competitividad”, pero en un sentido por demás absurdo y con la única finalidad de justificar una aberración política y democrática.

Es lamentable la forma en que se intenta manipular a la sociedad tergiversando el significado y el alcance de ese concepto.

La competitividad, como su nombre lo indica, es la capacidad de una organización pública o privada para establecer una relación de competencia para alcanzar un fin.

La competitividad comercial es la cualidad que permite la supervivencia de una empresa dentro de los mercados saturados. La competitividad es la capacidad de generar la mayor satisfacción de los consumidores al menor precio, o sea con producción al menor costo posible.

Para ser competente la organización debe desarrollar técnicas de producción más eficientes que las de sus competidores. Por ejemplo, una empresa que realiza compras por Internet es más competitiva que aquella que tiene que hacer toda una tramitología por teléfono y viajar para comprar lo deseado. Es evidente la reducción de costos en cuanto tiempo, dinero y esfuerzo en el primer caso.

De lo anterior podemos determinar que la competitividad implica los siguientes elementos: a) Necesariamente tiene que existir una relación de competencia; b) Hay que determinar frente a quienes o a qué se desea ser competitivo, y b) Es indispensable desarrollar herramientas que permitan la eficiencia

Si hablamos de competencia gubernamental, es obvio que quien desee ser competitivo tendría que preguntarse: a) Contra quien se entablará la relación de competencia; b) En qué rubro o ámbito se desea ser competente, c) Qué mecanismos innovadores deben desarrollarse para ser eficiente frente a los competidores

Eduardo Betancourt, en su libro “Gestión estratégica para gobiernos exitosos” precisa que una administración puede se competente en primera instancia contra las expectativas que ha creado entre los gobernados, en segunda contra lo que logran los otros gobiernos en otras partes y en tercera contra lo que hicieron los gobiernos anteriores.

Con base en lo anterior ya podemos hacer un breve diagnóstico de la pretendida “competitividad” que dicen buscar en el Ayuntamiento de Mérida.

El argumento de la señora Angélica Araujo Lara –publicado en el Diario el martes 12 pasado- consiste en "ofrecer certeza a las inversiones para generar empresas y empleos y con ello convertirse en una ciudad más competitiva, lo cual será posible mediante la reforma el artículo 219".

La “competitividad” que promueve se basa exclusivamente en la premisa de reformar el artículo 219 de la ley de Gobierno de los Municipios para que ya no se prohíba autorizar la venta de bebidas alcohólicas sin el consentimiento de las dos terceras partes del Cabildo, y que en adelante sea sólo por mayoría simple: por ella y sus priistas.

Con base en los elementos de la competitividad, podemos concluir lo siguiente:

1. La competitividad de la que habla la señora Araujo únicamente está centrada a la rápida apertura de expendios de bebidas alcohólicas.

2. El mecanismo de “eficiencia” para lograrlo es hacer a un lado a la oposición

3. No queda claro contra qué o contra quienes compite y cuál es la meta a alcanzar.

De aprobarse la reforma, Mérida será consolidada como la ciudad con el mayor número de expendios de bebidas alcohólicas, nada más. Y ni siquiera puede hablar de competitividad porque no queda claro contra qué o quien hay la rivalidad para tener más cantinas.

Se ve que estos señores no conocen los graves problemas que genera el alcoholismo: por un lado instalan retenes y por el otro promueven el consumo, además que es una de las causas principales de problemas en el seno de las familias. El mundo al revés: en vez de diseñar una política pública para contrarrestar este grave problema lo alientan más.

Lo que si se perderá –aunque de facto ya se perdió- es la característica que debe tener todo gobierno democrático de reconocer la representatividad de las minorías. Este sí debe ser un factor de competitividad política frente a otros gobiernos municipales.

Me parece que la búsqueda de la competitividad debería estar enfocada a rubros como la transparencia, la honradez, la democracia, el cumplimiento de promesas de campaña, el diseño de políticas públicas.

Es una vergüenza que una autoridad hable de competitividad sin entender de qué se trata o ¿lo saben pero sólo buscan manipular? ¿Qué otras autoridades y empresarios que sí entienden de esto?

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