Master en Comunicación Política y Marketing Electoral
Una visión técnica
Algo que pregonan los japoneses es que toda crisis lleva consigo de manera implícita una oportunidad. Recientemente vivimos una nueva andanada de acusaciones, de fuego cruzado, de culpas, de recordatorios y también de silencios entre diferentes actores que forman parte de Acción Nacional.
Todo lo anterior configura un claro cuadro de crisis política. En palabras coloquiales, una crisis es un proceso social mediante el cual una persona u organización pierde el apoyo de agentes con poder relativo y que en situaciones de normalidad debería de tener.
Expresado de otra manera, la crisis política ocurre cuando la organización cae en una espiral de disenso; es decir, cuando los consensos se pierden y en cambio prevalecen los disensos. Y la situación se evidencia y empeora cuando esos disensos se ventilan públicamente, porque genera la intervención de otros actores haciendo más compleja la situación.
Es claro que cuando hay una crisis de por medio cualquier organización se ve debilitada en su imagen, en su estructura y en sus niveles de credibilidad. Lo que pierde es poder político. Y esto ocurre en cualquier tipo de organización sea pública o privada.
Son en estos casos cuando las organizaciones deben recurrir a los valores que sustentan su existencia misma. Sin embargo, lamentablemente, éstos se ven superados por el descontrol emocional de los integrantes de la organización y que se traduce en una sobre-reacción o en una falta total de acción.
Es una pena ver que empresas, partidos, sindicatos y otras organizaciones definen su misión, construyen una visión y postulan valores, pero finalmente quedan como adornos colocados en las paredes.
En contraposición está el concepto de poder político, que al revés de la crisis lo posee quien tiene la capacidad de sumar a su causa. Las premisas son claras de entender: a mayor cantidad de voluntades y consensos mayor poder político. A mayor cantidad de disensos mayor crisis.
No olvidemos las frases: “La unión hace la fuerza” o “Divide y vencerás”. Si la organización está unida y todos sus integrantes defienden la misma causa será fuerte. Pero si está dividida será fácilmente vencida. ¿Alguien lo duda?
Pero las crisis políticas no se resuelven por sí solas, tienen que ser gestionadas. ¿Cómo? Aquí es cuando se podría notar la presencia de un líder que es quien ha de tener la capacidad de llevar al cabo los siguientes pasos:
1. Apelar a los valores de la organización y actuar en congruencia
2. Reconocer con valentía y sobre todo con humildad las fallas que se han cometido, pues sólo de esta manera se puede transitar en un proceso de cambio. ¿Cómo estoy y a dónde quiero ir?
3. Tomar el mango por la sartén y no esperar a que las cosas se resuelvan por sí solas
4. Convocar a todos los actores a un diálogo profundo pero con respeto
5. Lograr que ese diálogo llegue a una negociación que permita consensos con una postura ética
6. Poner en marcha esos acuerdos de inmediato
7. Medir avances y corregir errores
8. Llevar al cabo una retroalimentación permanente
Poner en marcha los puntos anteriores no es otra cosa que hacer política, la verdadera política, la que tiene como fin mejorar las relaciones interpersonales, la que busca sumar voluntades para un bien común ¿Es tan difícil honrar a la política?
Si la crisis no es superada, si la organización sigue divida seguirá siendo vulnerable y vulnerada, situación que es aprovechada por las fuerzas contrarias que han sabido resolver sus crisis internas si no con base en valores sí en acuerdos pragmáticos clientelares y, hay que reconocerlo, con mucha disciplina, impuesta o cooptada, pero disciplina al fin.
La oportunidad está en el aire solo falta que alguien diga “Yo” para que la situación política, no sólo del PAN sino de todo el Estado comience a cambiar para bien.
Por eso digo que lo que ocurra en 2012 será responsabilidad de lo que hagan o dejen de hacer los panistas, no de lo que haga el PRI que ya es bola cantada. Si todos dejan de lado sus posturas emocionales y visualizan el mismo objetivo: el bien común para la sociedad, entonces habrá consensos. Todo lo anterior no es invento mío, está plasmado en varios tratados sobre las crisis públicas.
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