sábado, 29 de enero de 2011
Revisemos nuestra escala de prioridades
sábado, 22 de enero de 2011
Con muchas señales de incongruencia
Cuántas veces hemos escuchado la frase de que “una imagen dice más que mil palabras”, una máxima clara de entender pero que parece ser ignorada por autoridades, políticos y partidos, de todos los colores y de todos los niveles.
Parece que la preocupación de los actores políticos es el “que voy a decir”, y dan poca importancia al “qué estoy haciendo”. Y cuando las palabras no se ajustan a los hechos sobreviene la incongruencia y por ende la incredulidad social.
Así nos lo enseña el refrán que señala que “entre el dicho y el hecho, hay un gran trecho”, que encierra la experiencia de una constante falta de hilación entre lo que se dice y lo que se hace.
El mensaje político llega no precisamente mediante el uso de las palabras sino más bien por sus acciones y sobre todo por los resultados que den. A la ciudadanos, consciente o inconscientemente, no les importa qué dicen los políticos, lo que interesa es qué hacen y cómo lo hacen.
Veamos algunos ejemplos de esa discordancia. La titular del Ejecutivo repite una y otra vez que es respetuosa y tolerante, pero en los hechos su conducta es diametralmente contraria.
Un hecho concreto fue la designación del nuevo consejero del INAIP, quien ni siquiera fue enterado que ocuparía ese cargo. Independientemente de que fue o no un premio por su incondicionalidad, la señal enviada por la señora Ortega fue: “Aquí se hace lo que yo diga”, “La única voluntad que cuenta es la mía”.
El coordinador de los diputados priistas en el Congreso local siempre se ha llenado la boca en decir que está favor “del diálogo” y del respeto, pero sus actitudes definitivamente no se ajustan a su perorata.
Pruebas hay decenas, pero en esta semana que termina nos dio una muestra de absoluta incongruencia al negarse de manera rotunda a entablar un diálogo con los empresarios a quienes ha tachado de mentirosos. La señal es: “Aquí sólo obedezco las órdenes de mi jefa”, o como dijera la canción “digan lo que digan”.
La señora Angélica Araujo Lara quien prometió terminar sus tres años como diputada federal y no cumplió de antemano dio la señal de que su palabra no tenía valor, que no es una persona digna de confianza.
Entonces que no nos extrañe que ahora no cumpla sus grandes promesas. En los hechos sólo vemos acciones de poca trascendencia, pero de acabar con la pobreza extrema de 12,000 familias, entre muchas otras cosas, nada.
Se presentó como la gran “salvadora” de los meridanos, pero en los hechos ni siquiera puede controlar a sus subalternos. Se gasta dinero en consultorías externas y dice que no sabe nada. Otra señal enviada: “la señora no sabe que pasa en su administración”.
En el ámbito azul con palabras se dice que no se tolerará la corrupción, pero en los hechos no se hace nada. Un funcionario de la Sedesol se ve involucrado en un caso de corrupción y lo único que sucede es que le acepta una “licencia”. La señal: “Aquí se tolera la corrupción y se alienta la impunidad”. Pésima señal. Mérida, Yucatán.
sábado, 15 de enero de 2011
Reflejo fiel de nuestra cultura
Apenas hace un año muy pocos imaginábamos el tremendo impacto que tendrían como herramienta de comunicación las redes sociales, en las que los ciudadanos se han convertido en los principales protagonistas y generadores de agenda pública.
Estamos viviendo momentos históricos como cuando surgió la prensa, la radio, la televisión y la Internet. Hasta ahora ningún medio ha suplantado a otro, más bien se han complementado.
La prensa originalmente surgió como una forma de representación de la opinión pública, ante la imposibilidad de que toda una comunidad pudiera hablarle a los jerarcas. Pero la situación cambió pues sólo se leía lo que decían éstos.
La prensa aún siendo el medio más antiguo sigue vigente como antes. Hay muchos noticieros virtuales pero los lectores no abandonan la costumbre de ver la versión impresa. Con la aparición de la radio la gente ya no tenía que tomarse la molestia de leer.
Después surgió la televisión que durante muchos años ha sido considerada como “la reina de los medios” dada la gran penetración que ha tenido en los hogares al ofrecer la forma más sencilla y entretenida de informar. Muy recientemente hizo su aparición la Internet que un principio sólo ofrecía páginas estáticas sin posibilidad de interacción.
Como parte de esa evolución de las tecnologías de la información hacen su aparición las redes sociales, que en corto período de tiempo prácticamente se han convertido en el “quinto poder”, como ya algunos las denominan.
Hasta hace poco el control de la información la tenían los medios tradicionales quienes, de acuerdo con sus propias tendencias, marcaban de manera exclusiva las agendas públicas basándose en un esquema de estereotipos, mediante el cual reducen la realidad pública en unas cuantas páginas o en unos cuantos minutos.
El estereotipo dominante de las comunidades en desarrollo es: “Un país pobre es problemático”, de aquí que todo aquello que sea catástrofes, problemas políticos, escándalos sexuales, hechos de sangre, etc., es lo que se considera como noticia. De una u otra forma los contenidos de los medios han reflejado la educación y la cultura de la gente.
Hoy, con el uso de las redes sociales son los ciudadanos quienes generan sus propias agendas e incluso ahora la tendencia tiende a ser diferente pues son aquéllos quienes dan la noticia a los medios.
Los ciudadanos “de a pie”, ya no sólo las grandes personalidades que tenían derecho a voz en los medios, tienen la oportunidad de hacer valer su voz con efectividad como sucedió cuando se impidió el cobro en los estacionamientos. En EE.UU., el triunfo de Obama fue gracias a las redes sociales, un ejemplo de hasta donde se puede llegar en un futuro cercano.
Empero, el uso inadecuado de las redes sociales puede echar por tierra esa oportunidad. La suplantación de identidad, la generación de cuentas apócrifas y el anonimato, también son un reflejo fiel de nuestra cultura.
Así como se pueden obtener resultados efectivos mediante el uso de las redes sociales, también se podría trivializar y hasta auto-desprestigiar la influencia social en la agenda pública. Hoy la opinión pública ya no necesitaría de representantes, porque puede manifestarse por sí, la cosa es hacerlo con responsabilidad. El tiempo dirá.
sábado, 8 de enero de 2011
La exención en el pago de la tenencia
Noticia relevante que marcó el inicio de 2011 fue el anuncio de que el 87% de los propietarios de vehículos quedará exento del oneroso pago de la tenencia, impuesto que surgió en los gobiernos priistas el 1 de enero de 1962, para financiar los juegos olímpicos y que olímpicamente se prolongó hasta 2010.
¿Fue una rectificación de la titular del Ejecutivo o es fruto de una acción electorera? Hay muchos argumentos para que cada quien saque sus propias conclusiones.
La acción de rectificar implica la admisión de que lo que se estaba haciendo era incorrecto. Hasta el momento yo no he escuchado ni leído una sola versión al respecto. Lo que sí hubo fue un cambio repentino y contradictorio en las argumentaciones.
Durante meses, la señora del Palacio argumentó una y otra vez que era imposible dejar de cobrar ese impuesto porque se abriría un “boquete financiero” a las finanzas estatales. Ni un indicio de que estaba pensando en la economía de los ciudadanos. Meses para rectificar y no lo hizo.
De pronto, y precisamente el día en que se publica el decreto 366 que daba vigencia al cobro, da a conocer la noticia ahora con otro argumento: “Es en apoyo a las familias de clase media”.
Y cuando se le hizo notar su postura anterior, respondió que fue una decisión basada en “un análisis bien hecho y muy profundo”. Lo cual es imposible porque ni siquiera el secretario de Hacienda estaba enterado de esa decisión. “Se trata de una confusión”, dijo a los reporteros poco después del repentino anuncio.
Si hubo un “análisis muy profundo”, la exención debió estar acompañada de una contingencia financiera que indique cómo se subsanará el “boquete financiero” de $220 millones que tanto les preocupaba. De esto la propia señora solamente habló de “recortes” en dependencias y de “apretarse el cinturón”, pero no precisó en cuáles, ni cómo, ni cuándo, ni porqué.
Si se tratara de un acto de rectificación entonces no solo hubiese dado marcha atrás al cobro de la tenencia, también habría cambiado su actitud hacia la sociedad en general y hacia la sociedad civil. Cosa que no se ve dado que las posturas siguen siendo las mismas.
Si fuera una rectificación tendría que asumir medidas drásticas: adelgazar la burocracia, dejar de promover su imagen y de pagar millonarias sumas a las televisoras nacionales, evitar el envío de regalos a sus amigos artistas y dirigentes priistas, de escuchar y atender lo que se le dice, dejar de pensar en elecciones, etc.
El rectificar no sólo es admitir que algo se ha hecho mal sino también corregirlo, lo cual implica un acto de humildad. ¿Usted lo percibe?
Lo que sí se percibe: 1. Hay gran descontento social en Yucatán. 2. Joaquín López Dóriga lo hizo notar en al ámbito nacional. 3. Al poco tiempo llegó Salinas de Gortari como emisario de Peña Nieto con la deliberada intención de mostrarse con la señora Ortega. 4. Días después de manera precipitada se toma la decisión de exentar la tenencia. ¿Es un acto de rectificación o una medida “electorera” para “presumir” en las próximas campañas?