Cuántas veces hemos escuchado la frase de que “una imagen dice más que mil palabras”, una máxima clara de entender pero que parece ser ignorada por autoridades, políticos y partidos, de todos los colores y de todos los niveles.
Parece que la preocupación de los actores políticos es el “que voy a decir”, y dan poca importancia al “qué estoy haciendo”. Y cuando las palabras no se ajustan a los hechos sobreviene la incongruencia y por ende la incredulidad social.
Así nos lo enseña el refrán que señala que “entre el dicho y el hecho, hay un gran trecho”, que encierra la experiencia de una constante falta de hilación entre lo que se dice y lo que se hace.
El mensaje político llega no precisamente mediante el uso de las palabras sino más bien por sus acciones y sobre todo por los resultados que den. A la ciudadanos, consciente o inconscientemente, no les importa qué dicen los políticos, lo que interesa es qué hacen y cómo lo hacen.
Veamos algunos ejemplos de esa discordancia. La titular del Ejecutivo repite una y otra vez que es respetuosa y tolerante, pero en los hechos su conducta es diametralmente contraria.
Un hecho concreto fue la designación del nuevo consejero del INAIP, quien ni siquiera fue enterado que ocuparía ese cargo. Independientemente de que fue o no un premio por su incondicionalidad, la señal enviada por la señora Ortega fue: “Aquí se hace lo que yo diga”, “La única voluntad que cuenta es la mía”.
El coordinador de los diputados priistas en el Congreso local siempre se ha llenado la boca en decir que está favor “del diálogo” y del respeto, pero sus actitudes definitivamente no se ajustan a su perorata.
Pruebas hay decenas, pero en esta semana que termina nos dio una muestra de absoluta incongruencia al negarse de manera rotunda a entablar un diálogo con los empresarios a quienes ha tachado de mentirosos. La señal es: “Aquí sólo obedezco las órdenes de mi jefa”, o como dijera la canción “digan lo que digan”.
La señora Angélica Araujo Lara quien prometió terminar sus tres años como diputada federal y no cumplió de antemano dio la señal de que su palabra no tenía valor, que no es una persona digna de confianza.
Entonces que no nos extrañe que ahora no cumpla sus grandes promesas. En los hechos sólo vemos acciones de poca trascendencia, pero de acabar con la pobreza extrema de 12,000 familias, entre muchas otras cosas, nada.
Se presentó como la gran “salvadora” de los meridanos, pero en los hechos ni siquiera puede controlar a sus subalternos. Se gasta dinero en consultorías externas y dice que no sabe nada. Otra señal enviada: “la señora no sabe que pasa en su administración”.
En el ámbito azul con palabras se dice que no se tolerará la corrupción, pero en los hechos no se hace nada. Un funcionario de la Sedesol se ve involucrado en un caso de corrupción y lo único que sucede es que le acepta una “licencia”. La señal: “Aquí se tolera la corrupción y se alienta la impunidad”. Pésima señal. Mérida, Yucatán.
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