sábado, 26 de febrero de 2011

Protestas con diferencias sustanciales


Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
Master en Comunicación Política y Marketing Electoral

El paro en el transporte y el juicio popular

Es importante que como ciudadanos nos detengamos a reflexionar en torno a las actuaciones y las actitudes de quienes dicen gobernarnos, para conocer cuáles son sus intenciones y cuáles son los beneficios o perjuicios que causan.

Es correcto protestar contra algo o contra alguien como parte de las libertades que tenemos, pero no debemos perder de vista que los derechos de cada quien acaban en donde comienzan los de los demás.

En el transcurso de la semana que termina se llevaron al cabo dos protestas pero con diferencias sustanciales: el juicio popular contra la titular del Ejecutivo y el paro en el transporte público.

El juicio popular fue gestado por ciudadanos como una manera de protestar contra el despilfarro y la frivolidad de quien hoy ocupa la titularidad del Poder Ejecutivo. El veredicto, ante hechos tan notorios, fue contundente: que esta persona se aleje de la farándula y se ponga a trabajar para todos.

El paro en el transporte es gestado con un interés partidista, como una medida electorera y con intenciones manipuladoras, ya que quienes abanicaron esta medida son los mismos que pretendieron aparecer como solidarios de los ciudadanos afectados, y son los mismos que debieron actuar para evitar los perjuicios.

En el juicio popular la autoridad negó el permiso a los ciudadanos para hagan el evento en la Plaza Grande con el alegato de un supuesto concurso sacado de la manga, mientras que en el paro al servicio de transporte la autoridad no hizo ni siquiera el mínimo intento de poner en orden a los infractores, lo que dejó entrever que hay una complicidad entre las autoridades y el promotor del paro.

En el juicio popular contra la señora Ortega no se afectó a ciudadano alguno en cuanto a servicios o vialidad. El paro se llevó al cabo en detrimento de miles de ciudadanos. Se olvidan los transportistas que son precisamente los usuarios de sus servicios a quienes les deben absolutamente todo lo que tienen. Sin usuarios los transportistas se mueren.

Cuando la señora Araujo Lara habló sobre el paro en el transporte aseguró: no puedo impedir el derecho de manifestación” ¿Entonces porqué negó el permiso para la Plaza Grande?

Al igual que la señora Araujo, la señora Ortega quien en vez de hacer valer sus facultades para garantizar el servicio a los ciudadanos, como es su obligación, salió con una postura nada creíble: la de “solidarizarse” con los ciudadanos.

“Yo pongo mi camioneta y doy la gasolina”. Con todo respeto hay que recordarle que ni es su camioneta ni es su gasolina, ya que estos son bienes públicos adquiridos con el dinero de todos los que pagamos impuestos.

El juicio popular no nos costó nada a los ciudadanos porque se pagaron con recursos propios de los organizadores, en tanto que el paro en el transporte nuevamente sin consentimiento de nadie, se utilizaron nuestros recursos para promover el “lucimiento” de los verdaderos orquestadores de la medida.

Si en verdad las señoras Araujo y Ortega quieren mostrarse solidarias con los ciudadanos que resuelvan todos los conflictos que han generado en Mérida y en Yucatán.

Si estuvieran preocupadas por los ciudadanos no habría empresarios amparándose contra el alza de impuestos, tampoco ciudadanos pidiendo citas con el corazón en mano para acabar con una incertidumbre, y no se suscitarían casos de corrupción y desvío como ocurre en Fomento Agropecuario, sólo por mencionar algo.

sábado, 19 de febrero de 2011

Contra la impunidad política

Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
Master en Comunicación Política y Marketing Electoral

El juicio popular

Imagínese que un día cualquiera alguien entra a su domicilio toma su cartera y sin más se apodera del poco o mucho dinero que pudiera tener llevándose consigo el fruto del esfuerzo de su trabajo.

¿Cuál sería la reacción inmediata? No hay mucho qué pensar, cualquiera haría algo para evitar el hurto aún a costa de que pudiera poner en peligro su integridad física sin pensar que el ratero podría estar armado. Desde luego interpondríamos una denuncia por robo y haríamos todo para que el ratero vaya a la cárcel.

Imagínese que Manuel le pide a Juan el favor de depositar una suma de dinero en algún banco, pero éste último en vez de cumplir la encomienda decide gastarlo violando la confianza de aquél.

¿Cuál sería la reacción inmediata? Igual que en la hipótesis anterior, cualquiera reclamaría e incluso no lo pensaría mucho para denunciar abuso de confianza y pedir cárcel para el delincuente.

Las reacciones anteriores son más que evidentes porque nadie en su sano juicio permitiría que lo despojen de algo que se ha ganado con esfuerzo.

Entonces yo no entiendo cómo es que los ciudadanos no reaccionan de la misma manera cuando a diario sus recursos, que de muchas maneras le son quitados vía impuestos, son dilapidados.

Ese dinero que es despilfarrado en viajes, para agasajar a elites partidistas, para traer a artistas carísimos, para hacer campañas electorales, para cirugías personales, para acarreos de personas y para acciones asistencialistas que no resuelven de fondo los problemas sino sólo buscan generar clientes electorales, es de los ciudadanos.

Nadie se salva de pagar impuestos -de los que hay una gran variedad que resulta abrumadora para empresarios y para ciudadanos-. Todo ese dinero que nos quitan va a dar a manos de quienes se dicen nuestros gobernantes que en la mayoría de las veces es dilapidado sin consultar y sin informar.

El día que entendamos que ese dinero es nuestro quizá comencemos a reaccionar con la misma capacidad de indignación y de coraje como en los casos señalados, pero no lo sentimos porque ni siquiera lo vemos o lo tenemos en las manos.

No sólo nos quitan nuestro dinero y lo malgastan, sino que se niegan a rendir cuentas respecto al destino que se le ha dado. Y peor aún, buscan la manera de seguirnos escalpando mediante la creación de nuevos impuestos y otras contribuciones.

Nos dolería al alma que nos roben $100 de nuestra cartera, pero no decimos nada cuando nos saquean miles de millones. ¿Cuánto cree que cuesta un acarreo que se organiza para enaltecer el culto a una persona? Cientos de miles de pesos y los pagamos nosotros los ciudadanos ¿A poco creen que sale de la bolsa de algún funcionario? ¿Cuánto cree que nos cuesta pagar en sueldos a funcionarios? ¿Por qué no les exigimos que hagan bien las cosas?

Me parece que ese ha de ser el sentido del juicio popular que se organiza contra la titular del Ejecutivo del Estado. Despertar conciencias para que nuestra capacidad de indignación se reactive y exijamos cuentas claras de nuestro propio dinero.

Si hasta personas que por robarse dos jabones han terminado en la cárcel ¿Por qué quienes se apoderan de miles de millones que son nuestros, viven en la impunidad política y legal?

domingo, 13 de febrero de 2011

¿A qué aspirar en 2012?

Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
Master en Comunicación Política y Marketing Electoral

Entre dos opciones reales

Como lo anticipé, siendo 2011 la antesala de un año electoral de manera muy anticipada comienzan a observarse movimientos con miras a lograr el tan ansiado posicionamiento de partidos y "suspirantes" a algún cargo.

Los políticos suspiran y aspiran pero ¿ya pensamos en las aspiraciones de los ciudadanos? ¿Qué opciones tendrán para elegir? Partamos de la idea de que nuestro actual sistema político sólo prevé la posibilidad de que cualquier gobernante necesaria e irremediablemente tendrá que surgir bajo las siglas de algún partido político.

Y aunque en Yucatán hay varios partidos registrados, en realidad sólo son dos, PAN y PRI, los que tienen posibilidades reales de llegar a los puestos de mayor relevancia, como la gubernatura y la alcaldía de Mérida.

Tras la autoderrota del PAN -como la calificó el investigador Luis Ramírez Carrillo, con quien coincido plenamente-, se reanudó la era del despilfarro con la reaparición de prácticas ancestrales de cooptación, amiguismo, compadrazgo, mentiras, imposición y promesas sin cumplir, aderezadas con lo novedoso: la exaltación de una imagen personal.

La actuación de la "nueva mayoría ciudadana" ya está más que clara y cualquier intento de rectificar sería inútil porque sólo se estaría evidenciando un interés electorero. ¿Resultados? No los hay, sólo cuestiones mediáticas y acciones clientelares.

Lo peor del caso es que no sólo no hay intención de rectificar sino que incluso la situación tiende a empeorar. Yucatán está al borde del colapso con millonarias deudas, conflictos políticos, empresarios amparándose por arbitrariedades, plantones y protestas a la orden del día, obras que se quedaron en primera piedras, etcétera.

¿Sigue siendo el PRI una opción para los meridanos y para los yucatecos? Pues es claro que la maquinaria electoral sigue tan viva como antes y con prácticas renovadas como el inflado del padrón electoral con gente de otros estados y el uso de la mercadotecnia con fines manipuladores.

Si no nos gusta lo anterior, ¿fuera del PRI qué otra opción tienen los yucatecos? ¿El PRD, el PT, el PVEM, Convergencia? El único partido que podría hacerle frente al PRI es el PAN. La sociedad está a merced de uno o de otro, así de sencillo. Si no es el PRI, tiene que ser el PAN o viceversa, y si no le gusta ninguno, pues preferirá la abstención que de todas maneras favorece a los rojos.

El PAN demostró ser un buen administrador de los recursos de los yucatecos pues en seis años se hicieron obras y cambios sin precedentes, eso nadie lo puede negar. El PRI en su retorno tenía la obligación de superar lo hecho por su antecesor, pero en vez de ello se nota un franco retroceso y esto es algo que tampoco nadie en su sano juicio podría negar.

La única diferencia es que el PRI generó fortalezas propias reagrupándose con disciplina y eso le ha permitido aprovecharse de las debilidades de su único oponente real. En cambio, los errores y horrores del PRI no pueden ser capitalizados por el PAN porque sigue sin recuperar las ventajas competitivas que le permitieron el triunfo en 2001. Éste es el reto y la responsabilidad de todos los panistas rumbo a 2012: seguir en el pleito interno (crisis) o hacer sinergia, retomar la doctrina y marcar diferencias sustanciales, o permitir más comparaciones con el PRI. ¿Qué opción se debe dar a la sociedad?- Mérida, Yucatán.

sábado, 5 de febrero de 2011

Sistema político desgastado y rebasado

Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
Master en Comunicación Política y Marketing Electoral

El cambio vendrá de la sociedad

En México vivimos en un sistema democrático que ya está desgastado y rebasado. A estas alturas a nadie le queda la menor duda de que aquél ya no se ajusta a nuestra actual realidad política y social.

Con ese sistema político los ciudadanos estamos a merced de decisiones y acciones -despilfarro, deuda, corrupción, etc.- de reducidos grupos de personas que día a día afectan gravemente nuestros intereses.

Todos los mexicanos tenemos la obligación de contribuir con nuestros ingresos al desarrollo del país y se determinan responsabilidades para quienes ejercen nuestro dinero, ese que todos los días nos quitan vía impuestos. En la realidad ni todos los ciudadanos cumplen y la inmensa mayoría de las “autoridades” mal gasta lo poco o mucho que recaudan.

Los ciudadanos mediante el voto, dizque libre y secreto, tenemos la potestad de elegir a nuestras autoridades, pero en la realidad esa libertad es aparente porque muchos son cooptados o presionados para sufragar a favor de un determinado candidato.

La normas constitucionales hablan de un sistema de representación por medio de los legisladores, pero desde hace muchos años que en la realidad quienes detentan esos cargos no representan a nadie.

Se establece que la única forma para elegir a quienes han de ser nuestras autoridades ejecutivas y “representantes populares” es por conducto de algún partido político, lo que en términos reales ya está rebasado porque se deja a toda una sociedad con la única posibilidad de tener que elegir por alguien por medio de algún partido.

Existen instituciones públicas y leyes que se supone están para regular y mejorar las relaciones entre los ciudadanos y sus autoridades, pero en la realidad no cumplen con sus objetivos. Por ejemplo, el IFE en las elecciones de 2009 demostró ser un “león sin dientes” que permitió la impunidad ante el despilfarro evidente que en el papel está prohibido. El Ipepac asestó un golpe de muerte al sistema jurídico electoral al dar “carpetazo” a todos los litigios planteados durante la elección de 2010.

La Comisión d Derechos Humanos no ha demostrada en la realidad ser una instancia
efectiva para que los garantías fundamentales de las personas sean respetadas. Existe un organismo de transparencia pero en la realidad seguimos viviendo en la opacidad. Se crea un instituto de combate a la corrupción pero en los hechos nomás no ha servido para nada, la degradación cada vez es más descarada y no pasa nada.

En resumen: No hay libertad para elegir y las autoridades que provienen de los partidos por los cuales hay que votar, usan los recursos públicos para imponerse comprando votos o despilfarrando en publicidad y acarreos. Quienes llegan a los cargos públicos no representan a nadie y toman decisiones que afectan gravemente a los ciudadanos. Las instituciones no cumplen de manera efectiva lo objetivos para los cuales fueron creadas como garantizar la democracia, la transparencia y el castigo a los corruptos.

Las normas y las instituciones existen, el único problema es que no son respetadas o peor aún son utilizadas a conveniencia para fines muy distintos al desarrollo armónico y sustentable de la sociedad. Sólo los ciudadanos podrán cambiar esta realidad, porque a las autoridades y a los políticos les conviene seguir así. La cosa es ¿cómo y cuándo? ¿Acaso somos los judíos de Siglo XXI que nos estamos dejando quemar por una minoría y sin chistar? Mérida, Yucatán.