Muchas veces nos preguntamos ¿qué es lo que está sucediendo en nuestro entorno? ¿Cómo es posible que quienes hoy deberían conducir el destino de nuestro Estado y de nuestra ciudad no respondan a las expectativas sociales?
Existe un método denominado “gap analysis” o “análisis de vacío” que nos permite identificar problemas y no confundirlos con las causas. Mediante este sistema es posible conocer cuál es la diferencia o vacío existente entre lo que una organización o gobierno se propuso conseguir y lo que realmente está consiguiendo.
Para conocer y entender cuál es nuestro problema en Mérida y en Yucatán hay que remitirse a los resultados que nos están dando los actuales gobiernos. En qué porcentaje se han cumplido las promesas que los actuales gobiernos hicieron en campaña, este debe ser nuestro punto de partida.
Por ejemplo, se prometió que nadie estaría por encima de la ley, y el resultado es que hoy día existe una aplicación selectiva de la ley y de las instituciones que se ha traducido en represión y venganzas políticas por un lado e impunidad por el otro. El insulto a una investigadora a cargo de un funcionario municipal es un insulto para toda la sociedad y queda impune.
Se prometió ejercer correctamente los recursos de los ciudadanos y hoy el resultado es un megadespilfarro en cuestiones frívolas o en la construcción de obras innecesarias como el túnel de Prolongación de Montejo.
Se prometió combatir a la corrupción y el resultado obtenido hasta hoy es el enriquecimiento de algunos funcionarios que se observa en la creación de empresas fantasmas que venden facturas o en la aparición de terratenientes. Se prometió acabar con el asistencialismo y el resultado es que sólo hay precisamente asistencialismo generador de clientes electorales.
Todas esas situaciones las podemos resumir en unas cuantas palabras: el problema de Yucatán es el daño y el perjuicio colectivo. Si pidiéramos que levante la mano quien no se sienta afectado por la corrupción, la ilegalidad, el endeudamiento, el despilfarro, la opacidad o la frivolidad, sólo lo harían quienes están ocupando los altos puestos en el gobierno; es decir, unos cuantos.
Todos los demás, la inmensa mayoría, estamos siendo sometidos a una espiral de afectación social que parece no tener fondo. Empresarios y comerciantes amparándose contra impuestos injustos, ciudadanos víctimas de represión por manifestarse públicamente, una sociedad cada vez más empobrecida, muchos medios de comunicación señalados de estar vendidos al sistema y partidos políticos polarizados.
¿Y cuál es el beneficio que recibe la gran inmensidad de ciudadanos que se dicen priistas sólo porque reciben migajas del presupuesto? Esos que son traídos a Mérida sin saber a qué vienen pero que reciben su torta y su jugo para mitigar su hambre de manera momentánea ¿Acaso no son víctimas del daño y perjuicio colectivos?
Y los empresarios que por un lado se amparan contra medidas arbitrarias pero por el otro sientan a su lado a quien les está causando un daño jurídico-económico como si nada sucediera.
Gastar miles de millones de pesos en eventos artísticos o en la construcción e obras innecesarias perjudica a todos por igual, no importa si eres azul, rojo o amarillo, todos pierden. La falta de calles, de parques o de luminarias que se dejan de hacer por el despilfarro es un daño colectivo. El problema no es de panistas o de priistas o de perredistas es de todos los ciudadanos. ¿Será que algún día nos demos cuenta de ello? En la próxima entrega hablaremos de las causas de este grave problema.

