
Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco



La brutal represión contra ciudadanos el lunes 4 de julio quedará en el recuerdo de todos los yucatecos. Fue un acto de la prehistoria en plena era del desarrollo de las tecnologías de la información que permitió que decenas de agredidos pudieran tomar evidencias de las acciones de sus verdugos.
Fue un hecho de barbarie sin precedente: nos quedamos sin autoridad, sin ley y sin instituciones durante 15 horas –de la 1 de la mañana a las 3 de la tarde cuando entró por fin la policía-, tiempo que se dio a los vándalos para que cumplieran su cometido de retirar a los manifestantes.
Hay constancia de que la señora Araujo pudo rectificar admitiendo con humildad sus errores y de considerando las propuestas de ciudadanos. Lamentablemente, no hubo escucha ni diálogo y sí en cambio golpes, insultos, robos y vejaciones cometidos por porros profesionales a sueldo contra decenas de ciudadanos.
Y el túnel de la crisis generado por la propia autoridad, como lo dije desde un principio, seguirá siendo cada vez más profundo y oscuro. La gobernabilidad se le gastó cuando ni siquiera ha cumplido con la mitad de su gestión.
Y es que en vez de corregir sigue incurriendo en acciones mucho más graves en medio de mentiras e intentos de manipulación. En casos de crisis, como este, la mentira es veneno mortal para una autoridad.
Se mintió cuando se dijo a López Dóriga se afirmó que no había heridos. Se mintió cuando se dijo ninguno de los empleados municipales participó en la refriega. Se aseguró que la autoridad municipal sería la primera en denunciar si alguien comprobaba que algún empleado municipal agredió a la gente, pero luego se retractó señalando que eso quedaba en manos de la Fiscalía.
Dolieron los golpes, pero duele y enoja más a los ciudadanos el intento de querer hacer creer que todo fue un conflicto entre partidos y que los responsables de la gresca fueron los agredidos y no los agresores.
Y en vez de rectificar y de pedir perdón, que es lo que debe proceder, la autoridad municipal inicia una campaña en medios para intentar imponer una “realidad” que sólo está en su imaginación.
Hay un enorme disgusto justificado contra quienes ejecutaron los golpes, las patadas y los robos, pero los porros actuaron bajo una orden y con un sueldo. Entonces la reclamación debe estar enfocada a los autores intelectuales del vació de poder.
Nada hubiera pasado si la policía, en cumplimiento de sus obligaciones, hubiera acudido al lugar de los hechos desde el primer momento en que tuvo conocimiento que había gente manifestándose. Ni siquiera tendría que haber esperado a que ocurriera la primera agresión a la 1 de la mañana del lunes 4.
¿Qué explicación valida, lógica y creíble nos podrían dar luego de que durante 14 horas se hayan registrado agresiones sin que nadie las evite? No existe, al menos coherente. Señoras, todavía están a tiempo de rectificar. Su única salida a esta crisis es la de pedir perdón a la sociedad y por dignidad humana dejar sus cargos. Esto marcan los cánones sobre crisis políticas.
Empero, todo apunta a que no sólo no habrá rectificación sino que incluso ya comienzan a abonar el terreno de una mayor impunidad para los agresores y de “aplicación de la ley” contra los agredidos. ¿Se atreverán? Ya veremos.