Master en Comunicación Política y Marketing Electoral
“Como pedir peras al olmo”
La semana pasada escribí un artículo, basado en cánones sobre gestión de crisis, en el que propuse a la señora Araujo Lara, hallar una salida al “túnel político” en el que ella misma se metió y que consistía en convocar a los ciudadanos, expertos o no, que han manifestado su oposición a que se haga el “paso a desnivel”, para que entre todos discutan y opten por alternativas que den a la ciudad una solución efectiva y eficiente al problema del caos vial.
De haberlo hecho muy probablemente ambas partes estarían hoy desarrollando un ejercicio de auténtica política; es decir, estarían dialogando y acordando sobre el adecuado destino que se debe dar al recurso público.
También señalé que eso sólo sería posible en la medida en que la autoridad pueda demostrar un mínimo de humildad que pase por el reconocimiento del error y de que la oposición no es a mansalva sino que también ha generado propuestas muy valiosas que deberían ser consideradas.
El final de mi aportación pregunté ¿Será que la señora opte por aprovechar la oportunidad o seguirá con la terquedad del capricho de imponer una obra ampliamente rechazada?
Pues todo parece indicar que la respuesta está dada. No sólo no ha escuchado las voces disidentes calificadas sino que además las descalificó. No sólo no admitió la valía de las propuestas planteadas, como la de promover la reducción del flujo de automotores y dar prioridad a los peatones, sino que se ha dedicado a gastar más dinero público en una campaña mediática para tratar de imponer su punto de vista. Y más que $60 millones a la basura., más otros $25 millones para “shakirazo”.
No sólo está desaprovechando la oportunidad de demostrar que es una autoridad que sabe escuchar, sino que está generando una mayor crisis desde la autoridad y desde la sociedad, ya que este caso está polarizando más a los meridanos.
Las razones del rechazo son variadas y evidentes, y jamás se hizo algo para tratar de gestionar la resistencia y ¿sabe por qué?, porque no tienen los argumentos ni los recursos técnicos para convencer, de modo que el único camino que tienen es el de imponer.
A estas alturas es de lamentar que de nada han servido los señalamientos de voces expertas como el pleno del Colegio de Arquitectos, de los integrantes de ICOMOS, organismo de la ONU relacionado sobre el cuidado del patrimonio cultural de las ciudades, y del Plan Estratégico de Mérida, así como de otras opiniones de expertos en medio ambiente como Mérida Verde y de otras áreas relacionadas.
Con su decisión de imponer, en vez de propiciar el diálogo y el acuerdo lo único que está logrando es incrementar los niveles de descontento social cuya materialización se evidencia con las protestas y los plantones. ¿Qué necesidad hay de que los ciudadanos tengan que hacer guardias en el punto de conflicto para evitar algo que fundadamente no quieren? ¿Usará la fuerza pública para que se cumpla el capricho?
Y es que sugerir a la señora Araujo que demuestre la humildad de admitir el error, de escuchar a los ciudadanos y de reconocer lo valioso de sus aportaciones es algo así como pedir peras al olmo. Como dice la Biblia en Mateo 7.16, “Por los frutos los conoceréis”.
Si no lo importó la voluntad popular que la eligió como diputada federal para tres años ¿por qué habría de hacer caso ahora?
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