Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
Master en Comunicación Política y Marketing Electoral
Creciente rechazo social
Cuando las instituciones fallan, cuando las leyes son letra muerta y cuando no hay autoridad que cumpla su responsabilidad de dar vigencia a las unas y a las otras, al ciudadano sólo le queda el recurso del rechazo social.
Un recurso que aun cuando no es legal nadie le puede quitar a la sociedad. Un recurso que viene a constituir una forma de resistencia civil y que, según se observa, cada vez hay más manifestaciones de este tipo.
Negarles el saludo, levantarse del lugar donde uno se encuentre cuando las vean venir, el hecho de no invitarlas a eventos o de no asistir a los que organicen y hacerles señalamientos públicos pueden ser sanciones dolorosas para quienes transitoriamente detentan algún cargo, violando leyes y nulificando instituciones, o utilizándolas a conveniencia.
Y cuando la violación a las leyes y a las instituciones es reiterada ya no sólo es el rechazo, sino que incluso los ciudadanos le pierden el respeto a quien representa la autoridad. Todos los días en la redes sociales se leen calificativos contra las señoras de los palacios como resultado de la impotencia social ante situaciones antisociales e ilegales. Las marchas, los plantones y demás manifestaciones son consecuencia de lo mismo.
En términos reales, ¿para qué sirven las instancias de transparencia? Está comprobado que con una "cláusula de confidencialidad" y protegiendo el interés de un particular por encima del general, la autoridad esconde información, como ha ocurrido con los frívolos conciertos. ¿Acaso se les olvida que el dinero que manejan es público?
¿Para qué sirven las instancias de derechos humanos? Están por cumplirse dos meses en que los derechos fundamentales de los ciudadanos fueron pisoteados por las propias autoridades en la mal llamada "glorieta de la paz" y no hubo acción preventiva ni correctiva contra autores intelectuales y materiales.
¿Para que sirve el Congreso con una mayoría priista? Para aprobar deudas multimillonarias, para encubrir a malos funcionarios, para hacer y deshacer en función de los caprichos del Ejecutivo en turno.
¿Para qué nos sirve la policía y la fiscalía? Para reprimir a los ciudadanos, para crear chivos expiatorios y para hacerse de la vista gorda cuando se les necesita realmente.
En fin, si hacemos un recuento y análisis de la efectividad de las instituciones y del cumplimiento de las leyes, el resultado no será nada halagüeño.
Tan mal está nuestro sistema político administrativo que nos han endeudado para los próximos cuatro sexenios y más, y como si no pasara nada. Se despilfarra el dinero y como si nada pasara.
El rechazo social, en cualquiera de sus manifestaciones, es lo único que por ahora tiene el ciudadano para hacerse notar y para hacer patente que no está de acuerdo. Sin embargo, esto funcionaría de modo más efectivo contra funcionarios que realmente tengan algún indicio de vergüenza.
Parece que la vergüenza está tan perdida como el rumbo de Mérida y de Yucatán. Con un simple "somos respetuosas de esto y de aquello" consideran que ya quedó solventada la reclamación social legítima y fundada.
Dadas las circunstancias de nuestra realidad, el rechazo social tiene que desembocar hacia una acción más efectiva y concreta. Al sistema que nos desgobierna no le importa tanto si le niegas el saludo si finalmente busca la forma de permanecer en el cargo público. La única manera de cambiar de raíz las cosas, aun cuando las instituciones electorales también están minadas, es que ese rechazo social se traduzca en votos. ¡Sí se puede!- Mérida, Yucatán.
Un recurso que aun cuando no es legal nadie le puede quitar a la sociedad. Un recurso que viene a constituir una forma de resistencia civil y que, según se observa, cada vez hay más manifestaciones de este tipo.
Negarles el saludo, levantarse del lugar donde uno se encuentre cuando las vean venir, el hecho de no invitarlas a eventos o de no asistir a los que organicen y hacerles señalamientos públicos pueden ser sanciones dolorosas para quienes transitoriamente detentan algún cargo, violando leyes y nulificando instituciones, o utilizándolas a conveniencia.
Y cuando la violación a las leyes y a las instituciones es reiterada ya no sólo es el rechazo, sino que incluso los ciudadanos le pierden el respeto a quien representa la autoridad. Todos los días en la redes sociales se leen calificativos contra las señoras de los palacios como resultado de la impotencia social ante situaciones antisociales e ilegales. Las marchas, los plantones y demás manifestaciones son consecuencia de lo mismo.
En términos reales, ¿para qué sirven las instancias de transparencia? Está comprobado que con una "cláusula de confidencialidad" y protegiendo el interés de un particular por encima del general, la autoridad esconde información, como ha ocurrido con los frívolos conciertos. ¿Acaso se les olvida que el dinero que manejan es público?
¿Para qué sirven las instancias de derechos humanos? Están por cumplirse dos meses en que los derechos fundamentales de los ciudadanos fueron pisoteados por las propias autoridades en la mal llamada "glorieta de la paz" y no hubo acción preventiva ni correctiva contra autores intelectuales y materiales.
¿Para que sirve el Congreso con una mayoría priista? Para aprobar deudas multimillonarias, para encubrir a malos funcionarios, para hacer y deshacer en función de los caprichos del Ejecutivo en turno.
¿Para qué nos sirve la policía y la fiscalía? Para reprimir a los ciudadanos, para crear chivos expiatorios y para hacerse de la vista gorda cuando se les necesita realmente.
En fin, si hacemos un recuento y análisis de la efectividad de las instituciones y del cumplimiento de las leyes, el resultado no será nada halagüeño.
Tan mal está nuestro sistema político administrativo que nos han endeudado para los próximos cuatro sexenios y más, y como si no pasara nada. Se despilfarra el dinero y como si nada pasara.
El rechazo social, en cualquiera de sus manifestaciones, es lo único que por ahora tiene el ciudadano para hacerse notar y para hacer patente que no está de acuerdo. Sin embargo, esto funcionaría de modo más efectivo contra funcionarios que realmente tengan algún indicio de vergüenza.
Parece que la vergüenza está tan perdida como el rumbo de Mérida y de Yucatán. Con un simple "somos respetuosas de esto y de aquello" consideran que ya quedó solventada la reclamación social legítima y fundada.
Dadas las circunstancias de nuestra realidad, el rechazo social tiene que desembocar hacia una acción más efectiva y concreta. Al sistema que nos desgobierna no le importa tanto si le niegas el saludo si finalmente busca la forma de permanecer en el cargo público. La única manera de cambiar de raíz las cosas, aun cuando las instituciones electorales también están minadas, es que ese rechazo social se traduzca en votos. ¡Sí se puede!- Mérida, Yucatán.
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