
Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
En medio de todo lo malo
Los galardones y los premios ficticios, forzados y abaratados siguen y seguirán siendo “noticia” a medida en que se acerquen los procesos electorales, pues las señoras de los palacios, ante la falta de resultados, en algo tienen que justificar su paso por el servicio público.
Hace ya mucho tiempo que ambas se olvidaron para qué llegaron a sus cargos, pues lo que menos han hecho es gobernar y mucho menos servir, y en cambio se han esforzado para tratar de aprovechar el dinero público y los espacios mediáticos para fortalecer sus imágenes.
Es decir, se han dedicado a hacer campaña electorera con cargo al erario pensando en el puesto que viene no en el que ejercen, pues como buenas integrantes de la maquinaria electorera saben que lo que menos importa es dar buenos resultados a favor del bien común. Lo que si les interesa manejar el dinero para manipular a los ciudadanos que se dejen influenciar.
Las dos señoras comparten las mismas características: a) Ninguna ha terminado el o los puestos de elección popular que se les ha conferido. b) A ambas, nuevamente, se les cuecen las habas por abandonar sus puestos para saltar a otro. c) Ninguna ha cumplido con sus promesas de campaña. d) En cuanto a opacidad y despilfarro son almas gemelas.
¿Entonces de qué otra forma podrían “limpiar” su imagen para aspirar al siguiente puesto si no es mediante actos desesperados de recibir medallas y galardones? Yo pregunto ¿en verdad se los merecen? ¿Qué han hecho de extraordinario en sentido positivo?
El incidente de una premiación inexistente puso al descubierto la estrategia de desinformación y de manipulación que durante mucho tiempo les ha funcionado.
En condiciones normales, cualquier persona hubiera reaccionado para aclarar el malentendido –de que en realidad no hubo premio- antes de que llegara el desmentido. Pero en vez de ello y a pesar del desmentido se mantuvo la mentira. Sin embargo, mientras más medallas y galardones reciban, su crisis política es más profunda, pues crece la irritación social.
A pesar de todo, sin quererlo y sin proponérselo, en medio de este marasmo y de intentos de manipulación, parece que las señoras de los Palacios estarían alcanzando su logro político más grande: unir a los diferentes grupos sociales… pero en su contra.
El hartazgo es tal que hasta personas de su mismo partido que no podían verse entre sí ahora ya comienzan al menos a sentarse en la misma mesa y compartir el mismo fin. Eso es precisamente lo que se gestó en la llamada “cadena de las glorietas”.
Está en marcha un proceso mediante el cual la sociedad comprende que, hoy por hoy, hay de por medio un fin supremo por encima de los intereses personales y grupales: aplicar un freno a los excesos que están poniendo a Yucatán en una situación de estancamiento y de atraso para muchos años.
Todas, absolutamente todas, las actuales generaciones y las que todavía no nacen, sin importar colores o ideologías, salen perjudicadas por las dos damas de los palacios.
Dentro de todo lo negativo y malo que estamos viviendo también tiene su parte positiva al darse la sinergia necesaria que podría ser detonante para interrumpir esta situación de ingobernabilidad que daña a todos por igual. Y a pesar de que esto es un “logro” ocasionado por las dos señoras, queda más que claro que no tienen el mérito para agenciarse otra medalla.
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