
Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
Master en Comunicación Política y Marketing Electoral
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Autoridades absurdas
En la política -siendo una asignatura relacionada con las conductas humanas y siendo el ser humano un ente imperfecto-, es entendible que siempre existan de por medio conductas y acciones absurdas. Lo absurdo, según definiciones de los diccionarios, es lo irracional, es decir, es lo que se opone a la razón.
El ejemplo claro de un absurdo fue el de denominar a la glorieta de Circuito Colonias como de "La Paz", cuando todos sabemos que ahí, precisamente ahí, se registraron hechos violentos.
Y la palabra paz está definida como la relación mutua entre quienes no están enfrentados ni tienen riñas o como pública tranquilidad de una comunidad. La oposición a la mole de concreto -como le llaman los arquitectos e ingenieros a la polémica obra- no sólo fue antes o durante el 4 de julio en que ocurrió la represión, sino que sigue, se ha intensificado.
Es de lo pocos casos de represión institucional que se ha mantenido más de cuatro meses después de ocurrida. ¿En qué cabeza cabe denominar como de la paz un espacio que representa exactamente lo contrario? Esto sólo ocurre en alguien que lamentablemente cae en lo absurdo mediante una acción o actuación irracional.
Y la situación se torna aún más irracional ya que esa violencia fue promovida y financiada precisamente por quien intenta establecer ahí un icono de supuesta armonía social. La paz, desde luego, es un estadio social que tiene que construirse con base en acciones que promuevan el entendimiento abierto y directo entre los mandantes y los mandatarios.
Y es que precisamente antes, durante y después se ha hecho exactamente lo contrario. La construcción de esa obra no sólo se hizo pisoteando los cánones básicos de la política, la verdadera política que debería tener como fin último el desarrollo armónico y sustentable de la sociedad, sino que sacó a la luz todo un catálogo de antivalores que han dañado profundamente la convivencia entre las personas.
¿Cómo debería ser la actuación de un político en el gobierno? El político sabe escuchar, no adopta una postura sorda. El político convence, no impone. El político prioriza, no despilfarra. El político protege a sus ciudadanos, no los manda a golpear. El político admite cuando se equivoca, no se empecina en el error. El político entiende que es un mandatario y que los mandantes son quienes le pagan su sueldo y, por lo tanto, sabe que es un empleado de la sociedad. ¿Hay algo de esto en nuestras "autoridades"?
Y el absurdo más notorio va en el sentido de que aun cuando Mérida sigue siendo una de las ciudades más pacíficas de México, no es algo que se lo adjudique como logro una autoridad promotora de la violencia. Aquí afortunadamente no sufrimos los ataques de los narcos como ocurre en el centro y el norte del país; lamentablemente aquí provienen de las mismas autoridades que, se supone, son quienes deberían proteger a sus ciudadanos.
Lo racional, y así quedará en la memoria colectiva e histórica, es que esa glorieta representará siempre lo más bajo de la política: sordera, imposición, despilfarro, represión, mentiras, manipulación e impunidad. Bien los ciudadanos que la denominaron "4 de julio" porque ese espacio todos esos antivalores.
Sólo valdría la pena aclarar que no son cuatro meses de represión y de impunidad, sino que ya son cuatro largos años y vamos por uno más, porque sinceramente no percibo indicios de que las "autoridades" pretendan dejar de ser absurdas. Todos podemos incurrir en lo absurdo porque no somos seres perfectos, lo terrible es permanecer en lo irracional.- Mérida, Yucatán.
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