domingo, 18 de diciembre de 2011

Así se gana una campaña

Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
Master en Comunicación Política y Marketing Electoral

Con el factor emoción

Los procesos electorales son sinónimo de dispendio, y aunque cada día las normas electorales se vuelven más complicadas tratando de regular esta situación estableciendo “topes”, en la realidad esto es pura fantasía.

¿Se necesita dinero para hacer una campaña? Por supuesto que sí, pues hay que invertir para posicionar el candidato lo que implica tener que encargar lonas, impresiones, llamadas telefónicas y para hacer tarea de investigación..

Una campaña no es otra cosa que un proceso intenso de comunicación para tratar de refrendar o cambiar percepciones con la intención de sumar simpatías a la causa del candidato.

El problema se da cuando se incurren en gastos abusivos por la falta de capacidad de hacer una buena estrategia o para torcer la voluntad ciudadana.

Una estrategia parte de la necesidad de conocer las expectativas de los potenciales electores, pues sólo así puede generar un menaje empático. Pero también hay que saber a qué electores hay que llegar, pues no debe ser de manera indiscriminada .

¿Qué caso tiene poner un mensaje salido de la imaginación de alguien si este no hace conexión alguna con el posible elector? ¿Para qué inundar con propaganda azul un terreno históricamente rojo o viceversa?

Debería ser obligación que los partidos inviertan en la investigación, pues es la única manera de que puedan ser efectivos (dar en el blanco) y eficientes (gastar menos tiempo y dinero).

Recuerdo el comentario de una candidata: “Algo tengo que hacer para llamar la atención… No sé si ponerme de cabeza”. No es necesario. Hay que entender el clima y las expectativas sociales para diseñar la propuesta que permita aplicar lo que se llama la “regla de la transfusión”.

Pero antes de la propuesta está el candidato. Manuales sobre campañas enseñan que uno de los factores por los cuales la gente se abstiene es porque no tuvo nada que ver con la elección de quien mañana podría ser su autoridad.

Si quien es postulado no hace “clic” con el electorado no habrá motivación y mucho menos emoción para salir a votar y/o a defender su voto. Y esto no es cosa mía, así lo dicen los libros sobre la ciencia política.
Este es otro aspecto que se descuida mucho. ¿Qué clase de candidato es el que quiere la sociedad? La equivocación está en creer que el candidato más conocido es el que tiene las mayores posibilidades y no toman consideración los negativos o los positivos que técnicamente se le conoce como “favorabilidad” o no al voto.

La falta de investigación a fondo es lo que ocasiona el despilfarro de miles de pesos en propaganda que no sirve para mucho y con mensajes que no interesan al electorado. Sin embargo, el peor gasto es aquél que sirve para convertir a la mercadotecnia como herramienta de manipulación o para comprar votos para garantizar el “triunfo” como ocurrió en 2007.

En la elección municipal de 2010 no obstante el mega despilfarro en propaganda y movilización, el partido de los rojos apenas pudo obtener el 27% de la lista nominal, que fue suficiente para derrotar al PAN. Una votación global apenas superior al 50%. ¿Qué significa? Un fracaso de los partidos pues no pudieron emocionar a los meridanos.

El dinero si es necesario para las campañas, obvio que sí por los motivos ya explicados, pero lo determinante es el factor emoción que sin tanto dinero puede mover a miles de almas. Así fue como el PAN ganó Mérida hace 20 años y la Presidencia con Fox hace casi 12. Con los candidatos y aspirantes actuales de todos los partidos ¿Hay emoción?

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