Todos los candidatos, sin importar colores y aún los bien intencionados tienen un serio problema: muchos electores, dada la experiencia vivida de sus autoridades más cercanas, nomás no creen en lo que les ofrecen.
“Otra vez están en campaña y vienen a bajarnos la luna y las estrellas para que votemos por ustedes y luego lo mismo de siempre: no los volvemos a ver”, es una expresión reiterada de la gente en la calles.
Esta incredulidad es causada sobre todo por aquellos candidatos que siendo autoridades y habiendo tenido ya la oportunidad de demostrar su “vocación de servicio” durante casi todo un período de gobierno, no cumplieron sus compromisos previos y ya ofrecen otros.
Vemos por ejemplo a la diputada federal-alcaldesa-candidata a senadora pidiendo de nuevo el voto sin haber cumplido ni como legisladora y menos como alcaldesa. Fue ella quien se comprometió a erradicar la pobreza extrema en la que viven 12,000 familias de Mérida, cosa que no cumplió.
También prometió construir un segundo periférico, mejorar las condiciones de los mercados, escuchar a la gente, dar la cara y toda una serie de asuntos que se quedaron en eso, en promesas. Y ahí la vemos de nuevo pidiendo al voto con “orgullo y compromiso”.
Otro caso emblemático es el de un legislador local que dejó el cargo buscando brincar a una bancada federal. Este personaje, identificado en redes sociales como el empleado número uno de la señora del Palacio Grande, es corresponsable del terrible endeudamiento que nos dejan a los yucatecos para 25 años o más.
¿“Orgullo y compromiso” de qué o con quién? ¿Se siente orgulloso de haber aprobado millonarias deudas? ¿De los fast tracks? ¿Comprometido a qué? ¿De que se haya transparencia y se castigue a los responsables del dispendio? Si no lo hizo en casi dos años ¿porqué ahora sí?
Es el mismo legislador que, vía twitter, se burló de ciudadanos que se manifestaban en la glorieta 4 de julio, y es el mismo que tuvo en enfrentamiento directo y abierto con los empresarios a quienes llamó mentirosos por haber señalado que no fueron tomados en cuenta a la hora de aprobar alzas en impuestos al hospedaje y a las nóminas.
¿Qué pueden ofrecer ahora a los ciudadanos esta clase de candidatos cuando no se comportaron a la altura de las circunstancias y en vez de resolver problemas generaron otros mucho más graves?
Pero también es difícil creer en un candidato que adopta una postura incongruente como ocurre en el caso del aspirante rojo al gobierno del Estado. Primero asume el compromiso de hacer una campaña austera, pero la comienza con un mega-acarreo que implicó en millonario gasto que nunca revelará. Esto no es honesto ni congruente.
Primero dice que preservará los cimientos y las bases “que Ortega Pacheco nos ha dado en cuatro años de gobierno audaz y decidido” y luego asegura que su compromiso “es encabezar un gobierno responsable, serio, ordenado y austero”. Esto no es nada congruente.
Primero fue “Yucatán cómo te quiero”, y ahora “Orgullo y compromiso por Yucatán”. ¿Orgullosos de sus malos gobiernos? ¿Comprometidos a hacer lo mismo y ser tapaderas de la corrupción y el despilfarro?
Lo malo de todo este asunto es que la incredulidad afecta a todos los candidatos y es la principal generadora del abstencionismo, que es el escenario más ansiado por la ola roja, pues cuando esto ocurre ellos son los ganones. Por ello, los votos anulados o no ejercidos solo abonan a la desgracia social. Me parece que la esperanza y la motivación están creciendo con los buenos candidatos.




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