Publicada: 29 enero 2012

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Ese amplísimo fragmento de votantes inclinaba casi siempre la balanza al otrora poderoso PRI que en sus mejores años no tenía la necesidad de aliarse directamente con ningún otro partido para asegurar algún triunfo y lo hacía con su "voto verde".
Al parecer, a raíz de numerosos triunfos de la oposición en Yucatán y en el país en zonas rurales la mira de los políticos, sobre todo de los que formaban parte del ahora partido rojo, comenzó a enfocarse a otro segmento: el voto joven.
La compra de "votos verdes" no ha desaparecido y no hay modo de negar que en este aspecto no se ha evolucionado. Y no sólo no hemos evolucionado sino que ahora esa práctica se extiende a la juventud y a otros partidos, incluso al PAN.
El voto joven se consigue también con dinero, pero mediante borracheras en antros, promesas de empleo -aunque luego no les cumplan- y con cualquier otro tipo de dádiva que sea del interés de los muchachos.
Sin embargo hay que aclarar que en ninguno de los casos -voto verde y voto joven- debemos generalizar, porque así como hay gente del campo que pese a su escasa preparación no está dispuesta a vender su dignidad, lo mismo podemos decir de miles de jóvenes.
Hoy los jóvenes vienen a ser el objetivo ("target") de mayor atención porque representan la mayor cantidad de votantes en los padrones y, por lo tanto, son quienes inclinan la balanza.
Los partidos ahora se preocupan más porque sus candidatos sean jóvenes por la razón anterior y porque además, técnicamente, el elector vota por identificación, es decir, el joven es más proclive a votar por otro joven, y la mujer por la mujer, etcétera.
Otro argumento muy importante que hay de por medio es que cada año se registran miles de votos nuevos que corresponden a jóvenes que por primera vez tomarán su primera decisión político-electoral.
Pero también hay que recalcar que la sola condición de ser joven no es garantía de nada. La experiencia más cercana la tenemos en la gubernatura y en el Congreso local, en el que hubo muchos jóvenes que no dieron resultados positivos e incluso actuaron igual o peor que los políticos antiguos.
Ciertamente son los jóvenes quienes hoy deben tomar la estafeta que ya estuvo muchos años en manos de los políticos tradicionales, pero la nueva generación no debe ser sólo una cuestión de edad, sino también de nuevas cualidades: preparación, competencias y valores como la honestidad, la congruencia y el respeto.- Mérida, Yucatán
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