sábado, 14 de abril de 2012

La incredulidad en las campañas electorales

Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
Master en Comunicación Política y Marketing Electoral

Todos los candidatos, sin importar colores y aún los bien intencionados tienen un serio problema: muchos electores, dada la experiencia vivida de sus autoridades más cercanas, nomás no creen en lo que les ofrecen.

“Otra vez están en campaña y vienen a bajarnos la luna y las estrellas para que votemos por ustedes y luego lo mismo de siempre: no los volvemos a ver”, es una expresión reiterada de la gente en la calles.

Esta incredulidad es causada sobre todo por aquellos candidatos que siendo autoridades y habiendo tenido ya la oportunidad de demostrar su “vocación de servicio” durante casi todo un período de gobierno, no cumplieron sus compromisos previos y ya ofrecen otros.

Vemos por ejemplo a la diputada federal-alcaldesa-candidata a senadora pidiendo de nuevo el voto sin haber cumplido ni como legisladora y menos como alcaldesa. Fue ella quien se comprometió a erradicar la pobreza extrema en la que viven 12,000 familias de Mérida, cosa que no cumplió.

También prometió construir un segundo periférico, mejorar las condiciones de los mercados, escuchar a la gente, dar la cara y toda una serie de asuntos que se quedaron en eso, en promesas. Y ahí la vemos de nuevo pidiendo al voto con “orgullo y compromiso”.

Otro caso emblemático es el de un legislador local que dejó el cargo buscando brincar a una bancada federal. Este personaje, identificado en redes sociales como el empleado número uno de la señora del Palacio Grande, es corresponsable del terrible endeudamiento que nos dejan a los yucatecos para 25 años o más.

¿“Orgullo y compromiso” de qué o con quién? ¿Se siente orgulloso de haber aprobado millonarias deudas? ¿De los fast tracks? ¿Comprometido a qué? ¿De que se haya transparencia y se castigue a los responsables del dispendio? Si no lo hizo en casi dos años ¿porqué ahora sí?

Es el mismo legislador que, vía twitter, se burló de ciudadanos que se manifestaban en la glorieta 4 de julio, y es el mismo que tuvo en enfrentamiento directo y abierto con los empresarios a quienes llamó mentirosos por haber señalado que no fueron tomados en cuenta a la hora de aprobar alzas en impuestos al hospedaje y a las nóminas.

¿Qué pueden ofrecer ahora a los ciudadanos esta clase de candidatos cuando no se comportaron a la altura de las circunstancias y en vez de resolver problemas generaron otros mucho más graves?

Pero también es difícil creer en un candidato que adopta una postura incongruente como ocurre en el caso del aspirante rojo al gobierno del Estado. Primero asume el compromiso de hacer una campaña austera, pero la comienza con un mega-acarreo que implicó en millonario gasto que nunca revelará. Esto no es honesto ni congruente.

Primero dice que preservará los cimientos y las bases “que Ortega Pacheco nos ha dado en cuatro años de gobierno audaz y decidido” y luego asegura que su compromiso “es encabezar un gobierno responsable, serio, ordenado y austero”. Esto no es nada congruente.

Primero fue “Yucatán cómo te quiero”, y ahora “Orgullo y compromiso por Yucatán”. ¿Orgullosos de sus malos gobiernos? ¿Comprometidos a hacer lo mismo y ser tapaderas de la corrupción y el despilfarro?

Lo malo de todo este asunto es que la incredulidad afecta a todos los candidatos y es la principal generadora del abstencionismo, que es el escenario más ansiado por la ola roja, pues cuando esto ocurre ellos son los ganones. Por ello, los votos anulados o no ejercidos solo abonan a la desgracia social. Me parece que la esperanza y la motivación están creciendo con los buenos candidatos.

sábado, 7 de abril de 2012

Mitos y realidades de la concurrencia electoral

Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
Master en Comunicación Política y Marketing Electoral

Ya están en marcha cuatro de las seis campañas electorales que culminarán el próximo domingo 1 de julio, y que se desarrollan en un proceso que por varias razones es considerado como inédito para los yucatecos, sobre todo por la concurrencia de los ámbitos estatal y federal.

Y porque es inédito el proceso trae consigo situaciones no exploradas aún que podrían afectar, para bien o para mal, las conductas de los electores y, por tanto, los resultados que se obtendrían al final.

Lo ordinario hubiera sido que, como ocurrió hace seis años, tuviéramos de manera consecutiva dos elecciones de alta visibilidad: primero la de la Presidencia de México y después la de la gubernatura. Pero dadas las reformas, ambas elecciones serán el mismo día, supuestamente como una manera de ahorrar recursos y para no cansar a los electores con dos procesos separados por apenas casi 11 meses.

¿Cuáles podrían ser algunas de las consecuencias de la concurrencia de elecciones? Valdrá la pena hacer un estudio sobre el supuesto ahorro en recursos económicos, ya que en los hechos vemos que aún cuando son concurrentes, las dos elecciones se desarrollan por cuerda separada, de modo que el gasto que se está haciendo para cada cual es prácticamente el mismo como si se hicieran en fechas distintas. El esfuerzo y el gasto que corresponden al Ipepac son distintos a los que tiene a su cargo el IFE. La instalación de casillas se duplica, así como el número de funcionarios, etcétera.

Lo mismo pasa con los candidatos, cada quien en su respectivo ámbito (federal o estatal) está haciendo su propio esfuerzo y su propio gasto para tratar de allegarse de simpatizantes y de votos. Dicho de otra manera hay concurrencia de procesos electorales, pero no de esfuerzos y menos de gastos. Entonces pareciera que solo es un mito el supuesto ahorro cuando se determinó la concurrencia de procesos.

También será pertinente hacer una investigación sobre ¿Qué tanto aporta a la vida democrática una elección concurrente? Si en una sola elección, sea estatal o federal los electores que deciden por medio de las campañas son sometidos un bombardeo de mensajes y contra-mensajes que saturan la esfera pública, con dos al mismo tiempo se espera una sobresaturación.

¿Cuál puede ser la consecuencia de esa sobre-saturación? a) Que las elecciones más visibles dejen invisibles a las otras. b) Que el interés de los medios se centre precisamente en las elecciones a presidente, a gobernador y a alcalde, y dejen de lado a las de legisladores estatales y federales. c) Que ocasione confusión respecto a las propuestas de partidos y candidatos. d) Que genere el hastío que se pretendía evitar e) Que ocasione un elevado índice de voto cruzado.

Es importante recalcar que me estoy refiriendo a los electores que no son considerados votos duros de ningún partido, porque es obvio que éstos, pase lo que pase y dígase lo que se diga en campaña, sufragarán por los colores de su preferencia.

Lo curioso del caso es que las campañas electorales tienen su razón de ser para captar el voto de los indecisos. Ya veremos las consecuencias reales dela concurrencia durante la campaña y el día de la elección. Lo realmente bueno que le veo a la elección concurrente es que adelantó un año el fin de dos gobiernos locales nada productivos.