Master en Comunicación Política y Marketing Electoral
Compartir
Daniel Jesús Carrillo Polanco
Después de las libretas ¿qué?
Hace unos días el Diario publicó la historia de una
familia que vive en el fraccionamiento Los Aguacates que pasa por una situación
tan crítica que sólo tiene para comer tortillas de maíz con chile max.
¿Cómo es posible que a estas alturas siga existiendo pobreza
extrema? ¿Cómo puede ser si cada seis años escuchamos de quienes aspiran a
cargos públicos exactamente la misma promesa de que se acabará la pobreza?
Erradicar la pobreza no es nada fácil, se requeriría de
un proyecto a largo plazo, más allá de un sexenio e implicaría una política
pública que continúe aún después de que concluya una gestión federal, estatal o
municipal.
El problema radica en que las autoridades jamás dejan de
ser “grillos”; es decir, jamás dejan de pensar en que lo que hagan debe ser con
fines electoreros. Es lo que ocasiona que desde siempre siga habiendo historias
como las de Tizimín, que sólo es una de tantas y tantas que hay en el estado y
en el país.
A estas alturas es ocioso preguntar porque las
autoridades no entienden que la pobreza no se acabará con programas
asistencialistas. Es algo que saben a la perfección, de tal suerte que con
conocimiento de causa sigan en la misma ruta del impulsar acciones paternalistas
para ganar votos usando la pobreza para este fin.
Es increíble que el dinero, el recurso que pagamos todos
los mexicanos vía impuestos, que debería
servir para combatir a la pobreza se utiliza para promoverla, para ampliarla y
profundizarla.
Es aquí es donde nos deberíamos detener para reflexionar
sobre las consecuencias que genera al mal ejercicio de los presupuestos
públicos. Durante el quinquenio pasado, en vez de atacar las causas de la
pobreza se hizo todo para que ésta crezca más y más.
Miles de millones de pesos para estudios de un tren bala,
miles de millones de pesos para artistas, miles de millones de pesos para programas
asistencialistas (zapatos, despensas, chamarras, cobertores, etcétera… Todo “gratis”.
Hoy lamentablemente, junto a la triste historia de la
familia tizimileña vemos otra información relacionada con el asistencialismo,
el mismo de siempre, el que tanto daño ha causado a todo México y a todos los
mexicanos.
Se anuncia la puesta en marcha del programa “Bienestar
Escolar” que consiste en el reparto de útiles, mochilas, zapatos y camisas de
uniforme que comenzarán a entregarse a 224,973 alumnos de escuelas primarias públicas
de Yucatán.
Como sucedió con los zapatos del programa “Pasos que
dejan huella” –la única huella que dejó fue más pobreza- después de las
libretas regaladas ¿qué? A muchos les molesta que se critiquen estos programas
de “apoyo”, pero es obvio que detrás de este programa no está el interés de
ayudar a los pobres sino el de obtener votos.
Es lo mismo que se está promoviendo en el ámbito federal
con la dizque “cruzada contra el hambre”. Después de los tacos ¿qué? ¿Con comer
algo la gente ya deja de ser pobre?
La pobreza se acabará cuando se generen las condiciones
para que la gente, con su propio esfuerzo y trabajo tenga por sí misma los
recursos suficientes para adquirir lo que necesite sin necesidad de tener que
extender la mano. Y que quede claro que no es un obsequio de nadie, porque se
está comprando con el dinero de todos los yucatecos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario