sábado, 7 de septiembre de 2013

Cambio al Carnaval

Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
 Master en Comunicación Política y Marketing Electoral
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Daniel Jesús Carrillo Polanco

Privilegiar el bien común

Nuevamente, como ocurrió el año pasado y en otros anteriores, sale a la luz pública el tema del  posible cambio que tendría el derrotero del Carnaval que desde hace muchos años se realiza en pleno corazón de la ciudad. Ojala que sea la última vez.

Todo cambio, cualquiera que sea su naturaleza y sobre cuando se trata de un asunto muy arraigado, como lo es el festejo carnestolendo en el centro, de modo casi inevitable produce resistencia.

La resistencia puede presentar diversos grados: desde la apatía –como lo expresan quienes dicen que les da igual-, pasando por la falta de cooperación o quizá llegando al sabotaje, mediante actividades y posturas radicales para que el cambio no ocurra.

Son estos casos en los que la autoridad tiene ejercer un criterio de búsqueda del bien común. Ante la posibilidad del cambio de derrotero habría que hacerse algunos de los siguientes cuestionamientos ¿Qué es lo mejor para la ciudad? ¿Habrá beneficio o perjuicio a la gente?

Hace más de 40 años que el derrotero del Carvanal es el mismo en el centro de la ciudad. Lo que no es igual es la cantidad de personas que hoy día conviven en Mérida y que tienen que afrontar las consecuencias del cierre de calles que no han variado para nada en el Centro.

Cuáles son algunas de las afectaciones que registra la ciudad cuando se lleva el derrotero del Momo en el centro. Mencionemos algunas: a) Afectación vial grave, b) Afectación a la imagen de la ciudad también grave, c) Afectación a los vecinos que viven en todo lo largo del derrotero no sólo por el cierre de calles sino por los desfiguros que la gente alcoholizada protagoniza en sus predios, d) Afectación a los turistas que tienen que hacer serias peripecias para llegar a sus hoteles, e) Afectación al medio ambiente por los automotores que se quedan mucho tiempo encendidos al tener que ir a vuelta de rueda.

Lo primero que piensan algunos cuando se habla de la posibilidad del cambio de derrotero es el “costo político”. Es decir, si se da el cambio te echarás encima a más de 100,000 personas que en promedio asisten a los festejos. Hay quienes dicen que son más, pero en la realidad prácticamente son las mismas que acuden todos los días al mismo sitio todos los días que dura.

En Mérida ya somos casi un millón de habitantes, de modo que por dejar contentos a 100,000 que son los que pudieran estar a favor de que se quede el derrotero como está -aunque no necesariamente tiene que ser así- se podría estar afectando el interés de muchos más no sólo propios sino también del interior del país o del extranjero.

A mi parecer la principal resistencia proviene de quienes tienen la oportunidad de hacer negocio y de algún modo podrían verse afectados ya que tendría que trasladarse a otro sitio a mayores costos. ¿Pero cuántos son?

A mi gusto la mejor opción es llevar el derrotero y los festejos del Carnaval a Xmatkuil. ¿Quién se ha quejado de la Feria que se lleva al cabo durante el mes de noviembre en ese lugar? Estoy casi seguro que quienes asisten a la Feria de Xmatkuil son los mismos que van al Carnaval.

Posiblemente el primer año brinquen los tengan y quieran brincar, pero no pasará de ahí y si en cambio habrá un alivio para la inmensa mayoría de ciudadanos y de visitantes. Con el cambio el beneficio será mucho mayor.

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