Master en Comunicación Política y Marketing Electoral
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Daniel Jesús Carrillo Polanco
Privilegiar el bien común
Nuevamente, como ocurrió el año pasado y en otros
anteriores, sale a la luz pública el tema del
posible cambio que tendría el derrotero del Carnaval que desde hace
muchos años se realiza en pleno corazón de la ciudad. Ojala que sea la última
vez.
Todo cambio, cualquiera que sea su naturaleza y sobre
cuando se trata de un asunto muy arraigado, como lo es el festejo carnestolendo
en el centro, de modo casi inevitable produce resistencia.
La resistencia puede presentar diversos grados: desde la
apatía –como lo expresan quienes dicen que les da igual-, pasando por la falta
de cooperación o quizá llegando al sabotaje, mediante actividades y posturas radicales
para que el cambio no ocurra.
Son estos casos en los que la autoridad tiene ejercer un
criterio de búsqueda del bien común. Ante la posibilidad del cambio de
derrotero habría que hacerse algunos de los siguientes cuestionamientos ¿Qué es
lo mejor para la ciudad? ¿Habrá beneficio o perjuicio a la gente?
Hace más de 40 años que el derrotero del Carvanal es el
mismo en el centro de la ciudad. Lo que no es igual es la cantidad de personas que
hoy día conviven en Mérida y que tienen que afrontar las consecuencias del
cierre de calles que no han variado para nada en el Centro.
Cuáles son algunas de las afectaciones que registra la
ciudad cuando se lleva el derrotero del Momo en el centro. Mencionemos algunas:
a) Afectación vial grave, b) Afectación a la imagen de la ciudad también grave,
c) Afectación a los vecinos que viven en todo lo largo del derrotero no sólo
por el cierre de calles sino por los desfiguros que la gente alcoholizada
protagoniza en sus predios, d) Afectación a los turistas que tienen que hacer
serias peripecias para llegar a sus hoteles, e) Afectación al medio ambiente
por los automotores que se quedan mucho tiempo encendidos al tener que ir a
vuelta de rueda.
Lo primero que piensan algunos cuando se habla de la
posibilidad del cambio de derrotero es el “costo político”. Es decir, si se da
el cambio te echarás encima a más de 100,000 personas que en promedio asisten a
los festejos. Hay quienes dicen que son más, pero en la realidad prácticamente
son las mismas que acuden todos los días al mismo sitio todos los días que dura.
En Mérida ya somos casi un millón de habitantes, de modo
que por dejar contentos a 100,000 que son los que pudieran estar a favor de que
se quede el derrotero como está -aunque no necesariamente tiene que ser así- se
podría estar afectando el interés de muchos más no sólo propios sino también del
interior del país o del extranjero.
A mi parecer la principal resistencia proviene de quienes
tienen la oportunidad de hacer negocio y de algún modo podrían verse afectados
ya que tendría que trasladarse a otro sitio a mayores costos. ¿Pero cuántos
son?
A mi gusto la mejor opción es llevar el derrotero y los
festejos del Carnaval a Xmatkuil. ¿Quién se ha quejado de la Feria que se lleva
al cabo durante el mes de noviembre en ese lugar? Estoy casi seguro que quienes
asisten a la Feria de Xmatkuil son los mismos que van al Carnaval.
Posiblemente el primer año brinquen los tengan y quieran
brincar, pero no pasará de ahí y si en cambio habrá un alivio para la inmensa
mayoría de ciudadanos y de visitantes. Con el cambio el beneficio será mucho
mayor.
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