Master en Comunicación Política y Marketing Electoral
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Apenas un primer paso
Con agrado me enteré de una buena noticia: la integración del Consejo de Vigilancia para el seguimiento del Presupuesto de Egresos, que, entre otras cosas, tendrá a su cargo la elaboración del plan de gastos del Ayuntamiento de Mérida y vigilará el destino del erario, una medida que desde hace mucho tiempo debió poner en marcha.
Como bien lo señala la nota, es una medida que ayudará para que los meridianos conozcan con mayor precisión cuál será el destino del presupuesto público, es decir, de nuestros impuestos.
En contraparte, es una pena que el Ejecutivo del Estado que en principio había dicho que adoptaría una medida similar, finalmente se salió por la tangente y decidió no transparentar el manejo de los recursos de todos los yucatecos. El temor ha de ser fundado porque con un consejo de vigilancia ciudadano sería más difícil -que no imposible- echar mano del dinero público para aceitar a la maquinaria electorera, más aún si consideramos que el año que viene comienzan formalmente los procesos electorales, tanto estatal como federal, con miras a las elecciones de 2015.
Permitir de modo real y palpable que grupos organizados participen en el manejo de los recursos es un gran avance en la vida democrática, pero es apenas el principio para comenzar a construir la credibilidad social. También se requiere de otras instancias que deben dejar de estar en manos de los propios gobiernos porque se convierten en instrumentos de simulación.
Las contralorías y las unidades de transparencia también deben estar en manos de consejos ciudadanos, integrados por personas con solvencia moral y con la absoluta autonomía política y presupuestal para que las denuncias contra los funcionarios, de cualquier nivel, realmente sean atendidas con objetividad, y para que las peticiones de transparencia sean todas atendidas sin requerir el visto bueno o de la "palomeada" del alcalde o del gobernador en turno.
Es más que obvio que los titulares de las contralorías y de las unidades de transparencia son empleados de los funcionarios, y por tanto, dependen económicamente de quienes los pusieron, entonces saben que una decisión que cause contrariedad su jefe, les puede costar el puesto.
Lo mismo ocurre con las instancias de derechos humanos que por lo general quienes las han encabezado carecen de la imparcialidad requerida para defender a los ciudadanos, lamentablemente más bien se cuidan mucho en defender el interés de quien de alguna manera lo recomendó y apoyó para que proceda su nombramiento.
¡Ni que decir del Ipepac! en donde se toman decisiones que afectan gravemente los intereses de los ciudadanos. Y aunque los anuncios publicitarios digan una y otra vez que esta instancia "no tiene nada que ver con el gobierno", solo un niño desinformado se lo creería. Esta instancia que por ley debería ser ciudadana, ya ha quedado minada desde hace muchos años. Hoy quien encabeza está instancia está más que identificada con el partido de los rojos y sus actuaciones difícilmente podrían ser imparciales.
¿Acaso los ciudadanos no merecemos una instituto electoral realmente ciudadanizado que cuide uno de los derechos más sagrados que tenemos como ciudadanos como es el de sufragar?
Finalmente, y creo que a todos se nos olvida muy a menudo, somos nosotros los ciudadanos quienes sostenemos a las contralorías, a las instancias de "transparencia" y de derechos humanos, y al propio Ipepac ¿y que nos reditúan a nosotros los mandantes? ¿Nos sirven de algo que existan como instancias de simulación?
La integración de este consejo ciudadano de vigilancia del dinero público municipal es apenas un primer paso, muy positivo, pero hay que pugnar para que las demás instancias señaladas también queden en manos de ciudadanos, porque será la única manera de que funcionen correctamente y, por ende, justifiquen su existencia.
Teatro de los grillos
Que manera tan fea de exhibirse de un diputado priista que antes estuvo en la dirección de obras públicas del gobierno del Estado, y es quien tiene bajo su responsabilidad los trabajos mal hechos e inconclusos del centro de Mérida. En vez que se ocupe en reparar las calles nuevas de cemento que ya están dañadas, las aceras deformes, las tapas de registro que hacen ruido infernal y las zanjas recolectores con rejillas mal hechas, se pone a tapar baches en calles que, según observé en fotos, estando mojadas en un dos por tres quedarán de nuevo con los mismos hoyos. ¿No como ingeniero debería saber que una calle mojada no se debe bachear?
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