sábado, 1 de marzo de 2014

Los olvidados de Rolando

Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
 Master en Comunicación Política y Marketing Electoral
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El tren y el Carnaval

Mucho se ha hablado de la “necesidad” de que Yucatán cuente con el tren transpeninsular que, según información que se ha difundido, este “gran proyecto” tendría un costo de  $22 mil 725 millones 455 mil 400 pesos.
Una cifra que equivale a todo el presupuesto que le corresponde ejercer al Ejecutivo del Estado para todo un año. Y mi duda es, como seguramente la tienen muchos ¿es una necesidad real para los yucatecos? Es decir, es algo que se tiene que hacer aun cuando los yucatecos no la perciban como necesaria.
¿Es una necesidad sentida? Es decir, el algo que los yucatecos demandan con urgencia porque es primordial para el desarrollo comunitario.  Me parece que el tener un tren de esa naturaleza no es necesidad real y menos sentida.
Los yucatecos podemos seguir viviendo sin el tren. En cambio, lo que nos debe llamar la atención es el millonario dispendio que habrá de por medio al ejecutar un proyecto de esa naturaleza, que hoy por hoy no figura en el listado de prioridades de necesidades reales y sentidas.
El tren transpeninsular es una capricho que implica el desarrollo de una obra faraónica más, igual que el Gran Museo Maya, que conllevará un megadespilfarro de miles de millones de pesos.
¿Es que ya se resolvió el problema de la pobreza que existe en el Estado? Acaso no debería ser este el tema que encabece la lista de prioridades gubernamentales ¿La pobreza ya dejó de ser una necesidad real? ¿Ya no es una necesidad sentida?
La atención a la salud ¿ya está solventada al 100%? ¿Ya no hay personas que precisamente por ser pobres tienen que esperar horas y horas en los pasillos de los hospitales públicos? ¿La educación ya alcanzó los niveles mínimos requeridos? Y el problema de la falta de empleo bien remunerado ¿ya está solucionado?
¿Será que las autoridades  estatales y federales no se  habrán dado cuenta que en algunos años las mismas estrechas calles de Mérida se verán saturadas de vehículos, que año con año aumentan de modo exponencial? ¿Quién han pensado en un proyecto para anticiparse a un problema que es bola cantada? ¿No se debería de invertir en la solución de un problema que es real?
Y si vamos por las carreteras estatales y federales nos damos cuenta que hay cientos de kilómetros que desde hace muchos años dejaron de recibir atención y que representan un peligro para quienes tienen que viajar de un lado a otro. Esto lo pudimos constatar al viajar a Xkalakdzonot,  comisaría del municipio de Chankom, en donde para llegar a una comunidad en donde sobreviven los olvidados de Rolando y del sistema hay que sortear un sinnúmero de baches a lo largo de 30 kilómetros.
La grandeza de un proyecto no depende del costo y de lo deslumbrante que pueda ser, sino más bien del bien común que pueda representar y sobre todo porque implique la solución de problemas reales y sentidos.
Antes de insistir en cualquier obra faraónica como el tren transpeninsular, hay que pensar en la pobreza, en la salud, en el empleo y en la mejora de la infraestructura básica. Sé que no lo harán pero están a tiempo de rectificar.
El carnaval de Mérida
Algo que parecía un sueño, por fin se hizo realidad. La ciudad, en tiempos de carnaval luce bien sin alambrados antiestéticos, sin toldos horribles, sin plantas de ornato destruidas, sin gente alcoholizada por calles céntricas y con una vialidad fluida. Se invirtió el algo que sí nos resuelve a miles de meridanos muchos graves problemas. Una decisión difícil pero que deja muchos beneficios para los meridanos. Muchas gracias por este gran acierto.

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