Master en Comunicación Política y Marketing Electoral
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Daniel Jesús Carrillo Polanco
A todo dicen que “no”
En verdad que llama mucho la atención la actuación que asumen
los regidores del PRI en el actual Ayuntamiento de Mérida, como que han mal
entendido el rol que deben de jugar como lo que son: oposición política.
Partamos de la base de un simple análisis conceptual.
Oposición, como lo señalan los diccionarios es “acción y resultado de oponerse
a algo o a alguien”. Que es la definición más primaria a la que, según se
observa, los ediles rojos se apegan con todo rigor.
Sin embargo, el concepto acepta matices, entre ellos
existe una definición respecto a la llamada oposición política: “Grupo que
representa una postura contraria a la de los que se encuentran en el poder o
dirigen un gobierno, partido, empresa, etcétera.
Una clasificación de oposición política se determina por
las ideas o doctrinas que inspiran a los opositores; por
ejemplo, el tema de los matrimonios entre personas del mismo sexo, mientras
algunos partidos lo promueven otros lo condenan.
Sin embargo, también se reconoce la existencia de la oposición
por el método que esta elige para cambiar al “grupo dominante”, a la forma de gobierno o a la economía y en este sentido se identifican dos
tipos de oposición la pacífica y la violenta.
A nadie le debe quedar duda que las diferentes doctrinas que
han alimentado a la oposición política han sido cruciales para la formación de
la cultura política de nuestra época, influyendo de manera normal a la forma de
gobierno, a la adopción de los derechos que los estados reconocen a los
gobernados y a la forma y organización de cada uno de los estados.
Por supuesto que la oposición es necesaria para nutrir con
ideas y con posturas determinadas decisiones y acciones que finalmente deben redundar
para beneficio del colectivo social. Pero para ello se requiere una oposición
con criterio, lo que algunos le llaman “oposición responsable”.
Según algunos tratados la oposición política entre los partidos,
en los estados democráticos, no pretende la destrucción del Estado o del
municipio, según el ámbito que se trate, sino exclusivamente su reforma dentro
de los cauces legales.
Expresado de otra manera, la oposición política va mucha
más allá de la simpleza del vocablo de oponerse a todo, y es lo que podríamos
denominar como la oposición política irracional, porque a pesar de cualquier argumento
y/o razonamiento siempre habrá un “no” de por medio.
Parece que esto es lo que no entienden los actuales
regidores del partido rojo, siguen
estancados en el primitivismo del concepto de “oposición”. Me imagino su
razonamiento: “como soy oposición, tengo que decir no a todo, pues estoy en mi papel”.
Decisiones torales que tiene que tomar la actual
autoridad municipal siempre se encuentran frente a una oposición irracional, un
“no” todo lo que huela a PAN, sin importar las consecuencias negativas que se pueda
causar a toda la comunidad meridana.
Hoy leemos con pena que los rojos se oponen a la creación
de un tribunal administrativo que ayudaría a los meridanos a defenderse,
incluso de las propias decisiones de la autoridad municipal. ¡Es impensable para
ellos permitir que exista un tribunal que no esté directamente bajo el control
rojo! Hace unos días, también con pena,
nos enteramos que se opusieron a la posibilidad de que los meridanos tengan un
carnaval más seguro y una ciudad más funcional.
Hasta por una foto son capaces de generar todo un circo
mediático y todo un alboroto ¿Por qué son oposición? ¿Hasta cuándo van a asumir
una postura racional? No se trata de oponerse a todo a ultranza, se trata de
construir para avanzar hacia mejores estadios políticos y sociales. Esto los
meridanos sabrán distinguirlo a la hora de que los mismos irracionales se
postulen para otros cargos públicos. Lejos de ganarse la confianza de la
sociedad, la pierden más y más.
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