martes, 21 de octubre de 2014

Palabras raras aceptadas

Por Lic. Daniel Jesús Carrillo Polanco
 Master en Comunicación Política y Marketing Electoral
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XXIII edición del DRAE
Daniel Jesús Carrillo Polanco (*)
Apenas el jueves 16 pasado se dio a conocer que la nueva edición, la XXIII, del Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) se armonizó con el Diccionario de Americanismos, 13 años después de su última salida, en 2001.
Se acordó la inclusión de los americanismos que sean usados en al menos tres países, según explicó el director de la obra, Pedro Álvarez de Miranda, al realizarse la presentación en el mundo.
Las nuevas palabras aceptadas en el DRAE dejó sorprendidos a muchos. Surgieron de un lenguaje coloquial. Hasta antes de la presentación, quien las empleaba era señalada como una persona que no sabía hablar “con propiedad”.
Algunas de las palabras reflejan una realidad social sobre ciertos usos y costumbres, pero otras ya suenan muy desfasadas de la actual coyuntura. Como ejemplo del primer caso, el DRAE incluyó el concepto “Amigovio” -que quedó en rojo en mi computadora porque no la reconoce como un vocablo correcto-, cuyo significado es: “Persona que mantiene con otra una relación de menor compromiso formal que un noviazgo”. Algo que ha sido tan común en los países de América que hoy queda plasmado como una palabra bien dicha.
“Amigovio” está en el léxico coloquial de Argentina, México, Paraguay y Uruguay.
El ejemplo del segundo caso es la palabra “Bíper”, que a pesar de que hace más de 10 años ya se dejaron de usar esos aparatos, finalmente fue aceptada e incluida la palabra. Quizá algunos recuerden al aparato electrónico en cuya pantalla se leían mensajes.
Un “hombre que, por su atractivo físico, es objeto de deseo”, en México, Paraguay y Puerto Rico es denominado “papichulo”, según se asienta en la nueva edición del DRAE, que también incluye la palabra “platicón” para referirse a un charlatán; es decir, una persona que habla mucho. Ahora podemos decir que alguien es platicón sin que nos critiquen por hablar impropiamente.
Ahora, si alguien se encuentra atrasado en alguna tarea se le puede acusar de “tortuguismo”.
También se incluye “lonchera”, que se refiere al “recipiente pequeño de plástico u otro material que sirve para llevar comida ligera, especialmente los niños cuando van a la escuela”, o “basurita” -así, en diminutivo-, para referirse a “la partícula de suciedad, especialmente la que se introduce en un ojo”.
Otras palabras de uso cotidiano en América que ya están en el DRAE son “limpiavidrios”, tanto para referirse a las personas que realizan esa tarea como para hablar del compuesto químico que se usa: o los odiados “miguelitos”, palabra usada principalmente en Argentina, Bolivia, Ecuador y Perú para referirse a un “artefacto con clavos grandes y retorcidos”. Pareciera que en esos países la ponchada de llantas con ese artefacto, hoy ya reconocido como “miguelitos”, ha de ser una práctica común.
Todo parece indicar que la edición 23 en papel del DRAE ya está disponible en las librerías del mundo y pronto -en dos o tres semanas- se actualizará la versión electrónica en la página de la Real Academia.
Cuando alguien expresa un palabra extraña lo primero que te cuestionan es: “¿Qué dijiste… Eso ni siquiera está en el diccionario…”.
El DRAE es considerado por quienes hablan el español como la guía obligada para expresarse, como dije anteriormente, con la debida propiedad, de modo que hay que estar enterados de las inclusiones de nuevos vocablos aceptados como correctos. Quizá muchos no estén de acuerdo con los nuevos vocablos, pero el DRAE es el DRAE.- Mérida, Yucatán.
dajecapo@hotmail.com
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*) Maestro en comunicación política y marketing electoral, y consejero estatal del PAN
»Las palabras aceptadas en el DRAE dejó sorprendidos a muchos… Hasta antes de la presentación, quien las empleaba era señalado como alguien que no hablaba “con propiedad”
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