Master en Comunicación Política y Marketing Electoral
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Miércoles, 16 de marzo de 2016 - Edición impresa
Ahora, un infierno
Daniel J. Carrillo Polanco (*)
No es mucho lo que se necesita para desestabilizar el clima de la Tierra y convertir este edén, nuestro único hogar en el Cosmos, en un infierno —Carl Sagan
Hace quizá unos 20 ó 30 años las estaciones del año aún tenían un comportamiento más o menos regular; es decir, era posible percibir con claridad la entrada de la Primavera, el inicio del Verano, la caída de hojas del Otoño y el frío del invierno.
Y en enero, recuerdo aquello de las cabañuelas, en las que, según creencia maya, con el Xok k’íin era posible predecir el clima que habría en todo el año, según como estuviera este en los primeros días de enero. Esto, hasta donde recuerdo, ya no ocurre.
Estos comportamientos erráticos de nuestro planeta Tierra —la micropartícula en la que vivimos, vista como parte de la vía láctea— cada vez son más profundos y más preocupantes.
Es así como vemos sequía tan profunda en determinadas partes del mundo y en contraste inundaciones en otros lugares, incluso en nuestro propio país. Lluvias que faltan o lluvias que se prolongan más allá de lo normal.
La naturaleza sólo está reaccionando a todo el daño que le hemos hecho a lo largo de muchos años, que le seguimos haciendo y que le seguiremos causando, a pesar de las señales tan claras que nos está dando.
Terremotos, tsunamis, huracanes, tornados, sequías e inundaciones en determinadas partes del mundo son las consecuencias tangibles del daño tan tremendo que hoy es una realidad en el mundo.
Con palabras más técnicas que quizá muchos no conozcan, todo eso ocurre por los llamados fenómenos de El Niño, La Niña, el Efecto Invernadero, por mencionar unos ejemplos.
De todos los planetas del sistema solar la Tierra es el único donde hasta el día de hoy de manera científica se ha comprobado que hay vida y esto es gracias al privilegio que tenemos de ser diferentes a todos los demás, por la temperatura que nos ha permitido a lo largo de millones de años vivir.
En las últimas semanas hemos percibido con toda claridad los cambios tan bruscos en el clima. El viernes pasado, estando en pleno invierno, registramos un calor tan terrible como si estuviéramos en Verano; y el sábado el viraje tan brusco con lluvias y ligera heladez.
Mucha gente comienza a resentir de modo natural esos bruscos cambios de temperatura y lo peor del caso es que sólo nos quejamos, pero no nos damos cuenta, o no queremos darnos cuenta de que los únicos responsables de esta terrible situación somos nosotros mismos.
Según leí en una publicación, para este 2016 se espera que la primavera empiece hasta dos semanas antes de la fecha marcada en los últimos 20 años, provocando más y peores alergias y ataques de asma entre la población. Esto, combinado con el incremento de la contaminación, resultará en un año difícil para las personas con estos y otros padecimientos respiratorios.
Sin lugar a dudas es momento de estar alertas y preparados para los cambios bruscos en el clima y los fenómenos meteorológicos que generaría, especialmente si vives en zonas de riesgo.
No se trata de alarmar, sino de que todos seamos conscientes de lo que estamos haciendo, pero por la comodidad de lo moderno y de lo fácil hoy nadie hace nada para revertir lo que quizá en años se convierta en algo irreversible.
Si algo se está haciendo para sanar al planeta, queda más que claro que es insuficiente y de no hacer algo verdaderamente drástico lo lamentaremos en un futuro nada lejano.— Mérida, Yucatán.
dajecapo@hotmail.com
Maestro en comunicación política y consejero estatal del PAN

