sábado, 25 de diciembre de 2010
Sordera y salidas por la tangente
lunes, 20 de diciembre de 2010
Mérida, en la misma ruta
Y tiene razón la señora Araujo cuando dice que su madrina "tiene determinación y es dedicada" en lo que hace. Empero hay que precisar cómo se da esa "determinación y dedicación".
En efecto, hay un clara "determinación y dedicación" para endeudar al Estado. Hace un año fue con $1,870 millones y esta vez con $2,600 millones.
2. "Determinación y dedicación" de faltar a la verdad. Hace un año se pidió a los yucatecos que tengan "la certeza" de que los $1,870 millones de deuda servirían evitar que se "ponga un freno" al desarrollo del Estado. Hoy el desarrollo del Estado no sólo sigue frenado sino incluso más endeudado.
3. "Determinación y dedicación" de ocultar información. Hasta hoy nadie sabe en qué se invirtieron los $1,870 millones ni para que servirán los $2,600 millones de nueva deuda.
4. "Determinación y dedicación" para gastar más de lo presupuestado. En tres años ha sido la misma historia: el sobregiro en dependencias estatales, entre las cuales destaca el despacho de la titular del Ejecutivo.
5. ¿Quién podría escatimar la "determinación y dedicación" de la señora Ortega para aparecer en programas de televisión?
6. Hay una "determinada y dedicada" actitud de despilfarrar los recursos públicos con "regalos" -pibes, relojes, camionetas, pulseras de plata, etcétera- a políticos y a artistas.
7. "Determinación y dedicación" de hacer a un lado a la oposición.
8. "Determinación y dedicación" de usar las redes sociales para asuntos frívolos.
9. "Determinación y dedicación" para reprimir a ciudadanos que se han manifestado públicamente.
10. "Determinación y dedicación" para promover la corrupción desde las entrañas del poder: caso Ibónica, el terrateniente de Ixil, etcétera.
11. Es inocultable que hay una "determinación y dedicación" por colocar primeras piedras que marcan el inicio de obras que hasta hoy siguen en veremos.
12. También se ha hecho evidente la "determinación y dedicación" de no mezclar recursos estatales con los federales lo que ha generado la fuga de millones de pesos.
13. Actitud "determinada y dedicada" de no pagar a los proveedores del Ejecutivo.
14. Determinación y dedicación para promover su imagen.
15. "Determinación y dedicación" para engrosar la burocracia estatal.
16. "Dedicación y determinación" para hacer crecer el gasto corriente.
17. "Determinación y dedicación" para sumir al Estado y a los yucatecos en más pobreza con programas asistencialistas generadores de clientes electorales.
18. "Determinación y dedicación" para ganar elecciones a costa de lo que sea y con cargo al erario.
19. "Determinación" de hacer caso omiso de las críticas y demandas sociales legítimas y dedicada a decir que es "respetuosa".
20. "Determinación y dedicación" de viajar y viajar, y de asistir a actos partidistas, también con cargo al erario.
Está claro que la señora Ortega Pacheco posee "determinación y dedicación" en lo que hace, como lo dijo su ahijada política. Pero ¿es un ejemplo a seguir? Mérida va por la misma senda. Ya se le aprobó endeudar a los meridanos por $100 millones y no ha dicho para qué.- Mérida, Yucatán.
sábado, 4 de diciembre de 2010
Cura contra los excesos
Daniel Jesús Carrillo Polanco
El poder ciudadano
Bien decía Eduardo Betancourt, consultor venezolano en un taller internacional sobre la actuación de los gobernantes de América Latina: “Cuando el político está en campaña es atento a las voces de los ciudadanos, pero apenas llega al poder comienza a enfermarse de modo tan grave que repentinamente deja de escuchar, de ver y de sentir”.
Hace unos tres años vimos a una señora en campaña que decía que iba a escuchar a la sociedad y para demostrarlo sus asesores le pidieron que diga que escuchaba hablar a las casas. Cosas de los creativos para enganchar a los electores.
Hoy, durante el transcurso de esos tres años esa enfermedad de los políticos se hizo presa de la entonces candidata. La soberbia y la prepotencia son los síntomas claros de tal patología.
A estas alturas los poderes de escucha metafísica se han convertido en la capacidad de ignorar olímpicamente cualquier señalamiento de la sociedad en torno a la falta de transparencia, corrupción y despilfarro.
Pareciera que ni cosquillas siente ante las denuncias públicas de graves sucesos, que para cualquier político o autoridad serían un motivo de una mínima vergüenza para rectificar los excesos.
Ahora con decir: “Soy respetuosa de todo lo que digan” es suficiente para salvar cualquier crítica. Y así se desgañiten ciudadanos y corran litros de tinta para evidenciar las malas prácticas, nomás no pasa nada. La cuestión es sólo aguantar y en poco tiempo todo quedará en el olvido.
Así ha pasado con las tierras de Caucel, con la compra de los terrenos de Chichén Itzá, con la casa de lujo que se descubrió a un funcionario del despacho, con la falta de aportación para programas federales, con los viajes, con la compra de un casa para la progenitora, con el uso del erario para las campañas, y más recientemente con el aumento de impuestos.
Alguien que se roba un kilo de frijol y cuatro jabones con un valor menor a $50 es metido de inmediato a la cárcel y no puede salir porque “es delito grave”, pero no tiene nada de grave cuando alguien despilfarra millones y millones de pesos en detrimento de toda una sociedad.
Esta enfermedad se extiende a otros actores políticos. Hoy los empresarios, que por fin comienzan a despertar, dicen un rotundo no al paquete fiscal propuesto por el Ejecutivo y de inmediato se oye la voz desde el Congreso estatal de que “no vamos a caer en chantajes”. Que sí van a “escuchar”, pero que no van a cambiar nada. ¿Entonces? ¡Que se frieguen los ciudadanos!
Aunque han sido muy buenos los intentos ciudadanos para hacer valer sus derechos frente a la anarquía, pero todavía falta mucho por hacer para que la participación en la vida pública sea más efectiva.
Cuando los ciudadanos se unen se pueden obtener éxitos como el obtenido par que no se cobre cuotas por estacionarse en tres plazas comerciales. Es una muestra en pequeño de lo que la sociedad puede hacer cuando decide tomar su lugar.
Ese poder de hacer y deshacer lo hemos otorgado los ciudadanos y sólo nosotros lo podemos quitar. Y no tiene que ser necesariamente en las urnas.